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Alfredo Monsalve López: ¿Tarde de perros?

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Es propicio, a solicitud de una amiga, presentar este artículo de opinión. Y me amparo bajo el artículo 57de nuestra Carta Magna el cual señala que “Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones…”. Además, como lo señalaba Gervasio Artigas: “Con la verdad ni ofendo ni temo”. El título no es el film dirigido por Sidney Lumet y protagonizada por Al Pacino (1975). Versa sobre las vicisitudes que tienen que afrontar un grupo de personas dentro de una entidad  bancaria, la cual fue asaltada por unos facinerosos. La policía los sorprendió en la acción delictiva  y se vieron en la necesidad de tomar como rehenes a los que allí se encontraban. La travesía de aquellas personas y sus captores, fue una verdadera tarde de perros. Más o menos ese es el inicio de la película. Ahora bien. Se preguntarán ¿qué tiene que ver ese film con los problemas que experimenta nuestro país? ¿Acaso Venezuela es una entidad bancaria acosada por delincuentes y “delincuentas” armados hasta los dientes? ¿O es que esa película enseña nuestra realidad actual?

A ver. Si nos adentramos en las profundidades de las “catacumbas”, como algunas veces tildan a muchas poblaciones, y además nos impresionamos al ver a seres humanos (venezolanos o no), hurgar dentro de contenedores de basura, vemos entonces que estamos sitiados por el hambre y el desconcierto. Transitamos por caminos llenos de escombros. La vida nos muestra a hombres, mujeres y hasta niños, tratando de satisfacer sus necesidades. Buscan desesperadamente algo que les permita saciar su apetito. Aquí debemos hacer un alto y trasladarnos a la llamada 4ta República, según la cual, para algunos comunistas, era una etapa de hambre. Incluso, señalan que en la 4ta las personas comían alimentos para perros. La gran disyuntiva: si en la época de bonanza, de despilfarro, de una economía donde todos adquiríamos los rubros, donde no había escasez ni desabastecimiento, se comía “perrarina”; qué se puede esperar hoy, que padecemos de una economía nefasta, inmisericorde, rapaz, despiadada?.

No podemos olvidar que en la 4ta República, a pesar de la gran corrupción que existía, había inventario en todo el estamento comercial de la época. En este momento crucial, nos topamos con el ocaso de los estantes y neveras vacías. Es tan descarada la miseria, que las alitas de pollo (que en la 4ta se las lanzaban a los perros), hoy no hay quienes puedan comprarlas. Así andamos desde hace rato. Ahora mismo, nos enfrentamos a la mayor desvalorización de rubros en nuestra historia republicana. Ya no vemos a los perros remover dentro de la basura como en otrora. Ahora vemos a seres humanos.

A propósito del tema, conversaba con una amiga de tendencia comunistoide, seriamente radical, sobre nuestros males. Reconocía que en la 4ta se podía vivir porque había abundantes recursos económicos, pero que los corruptos “nos empujaron a defender la patria”. Le pregunté ¿y ahora no hay corrupción? Su respuesta fue muy sincera: silencio y una risita desnivelada. Eso es lo que hay: desnivel atornillado en el pasado de un comunismo anacrónico. En la 4ta, los perros tenían su tarde. Después del almuerzo de las personas, “aprovechaban” de lo que le lanzaban para saciar su hambre. Dos, tres o cuatro caninos detrás del hueso. Hoy no es así. Hay otra Venezuela donde quienes buscan comida a como dé lugar, son venezolanos que padecen de los errores cometidos por el régimen de turno. No hay otra lectura. Es historia de reciente data. Está allí, a la vista del mundo.

Lo que si podemos presentar como aliciente, es la posibilidad (tal vez cierta), de que con el concurso de todos los venezolanos entremos en razón para lograr un objetivo común: alcanzar la prosperidad de Venezuela. “Vacilar es perdernos…” Dijo Simón Bolívar en su momento. Queda abierto el debate fructífero y en Santa Paz.

alfredo.monsalve10@hotmail.com

 

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