El también profesor universitario sostiene que Venezuela aún no puede hablar de una transición y advierte que el reconocimiento de los resultados del 28 de julio sigue siendo la condición central para avanzar hacia una redemocratización del país. Advierte que hoy resulta inviable pensar en un liderazgo conjunto en este contexto o en un gobierno compartido entre chavismo y oposición en el corto plazo.
Patrizia Aymerich entrevista para El Nacional al politólogo Miguel Ángel Martínez Meucci.
Un gobierno compartido entre chavismo y oposición luce menos que imposible, asegura el politólogo Martínez Meucci.
Ante la posibilidad de una transición democrática, con Delcy Rodríguez ejerciendo el control del poder en Venezuela y el eventual retorno de María Corina Machado al país, para el analista político Miguel Ángel Martínez Meucci resulta inviable pensar en un liderazgo conjunto o en un gobierno compartido entre chavismo y oposición en el corto plazo. Aun así, destaca la importancia de que ambas dirigentes se sienten a negociar acuerdos que permitan volver a la democracia.
Mientras continúa el debate sobre eventuales negociaciones internas, aperturas parciales y posibles fórmulas de coexistencia política, el también profesor universitario insiste en que todavía no existen elementos suficientes para afirmar que el país atraviesa una transición irreversible hacia la democracia porque, a su juicio, Delcy Rodríguez no ha favorecido las garantías de respeto y ejercicio de los derechos civiles y políticos.
En entrevista con El Nacional, Martínez Meucci subraya que el restablecimiento de los derechos civiles, el reconocimiento de los resultados electorales del 28 de julio de 2024 y el planteamiento de un nuevo cronograma para elecciones presidenciales siguen siendo condiciones indispensables. Sin embargo, advierte que “por ahora no se aprecia ningún paso en esta dirección”, en referencia a la ausencia de avances certeros hacia la constitución de un gobierno legítimo y electo.
—¿Cómo definiría la ideología de Vente Venezuela dentro del espectro político contemporáneo y qué la diferencia de otras fuerzas opositoras?
—Vente se define como un partido liberal en un sentido amplio, apegado a los principios del liberalismo clásico. No está reñido con las posiciones conservadoras ni con el humanismo cristiano, sino que los entiende como parte integral de una visión política liberal que se centra en la dignidad del individuo. Esto marca una diferencia con la mayor parte de las organizaciones políticas en Venezuela, que son mayormente socialdemócratas o socialcristianas.
—Al día de hoy, ¿puede considerarse a Vente Venezuela un partido sin partido al no estar legalizado en el país?
—Lo que define a un partido político por naturaleza no es su reconocimiento como tal por las instituciones políticas, especialmente las que forman parte de un sistema autocrático. Lo que convierte a una organización en un partido político es su voluntad de acceder a la dirección de las instituciones del Estado para implementar un determinado proyecto de vida en común, así como la validez que obtiene al representar y articular las expectativas, intereses y demandas de la ciudadanía.
De este modo, Vente siempre ha sido un partido político y cuenta con todas las características que lo identifican como tal. En un contexto represivo, sin contar con diputados, gobernadores, alcaldes o concejales, y quizás justamente por eso, desde un principio configuró una estructura nacional e internacional, y no una circunscrita a un determinado estado o municipio.
—En la práctica, ¿cómo se organiza y opera una estructura política que debe moverse entre la informalidad, la ilegalidad y la clandestinidad?
—Esa situación es habitual para los partidos políticos democráticos en contextos no democráticos. Se requiere una estructura muy fuerte y organizada para superar los obstáculos que dificultan la tarea natural de un partido político democrático, que es la de presentar una oferta política, representar a la ciudadanía, articular sus demandas y presentar candidaturas ganadoras en elecciones.
—¿Qué implicaciones tiene para la institucionalidad democrática venezolana que una parte relevante de la oposición actúe desde la clandestinidad o bajo persecución?
—Me haría la pregunta al revés: ¿en qué estado se encuentra la institucionalidad democrática venezolana si una parte relevante de la oposición está obligada a actuar desde la clandestinidad o bajo persecución?
—¿Cómo ha evolucionado Vente Venezuela desde su fundación en 2012 hasta hoy en términos de estrategia, discurso y base social?
—La doctrina se ha mantenido esencialmente intacta. Desde un principio apostó por el liberalismo clásico como norte doctrinal y por la asociación ciudadana como motor principal de la acción colectiva. Siempre se orientó hacia la defensa de las condiciones electorales, marcando estándares mínimos que garantizaran la defensa de la voluntad soberana de los ciudadanos expresada en las urnas. Siempre señaló la necesidad de la cooperación internacional de las naciones democráticas para avanzar en la lucha contra la autocracia.
Lo que se modificó con el tiempo fue el sentido con el que era recibido ese mensaje, en cuanto las demás fórmulas políticas parecieron agotarse. El desastre económico y el colapso del modelo centrado en la administración estatal convencieron a la gente de la necesidad de un modelo basado en el esfuerzo personal, la cooperación ciudadana, la economía de mercado y la defensa de la propiedad privada.
En cuanto al mensaje, el discurso probablemente se haya hecho más llano, directo y centrado en la persona. Se apostó por valores trascendentes y no por la oferta de bienes materiales. A veces se olvida que la primera necesidad de quien sufre lo indecible es inmaterial, incluso cuando sus necesidades materiales son abrumadoras. Del mismo modo, se pasa por alto que la gente quiere participar, poner de su parte, tener iniciativa y necesita espacios reales y operativos para poder hacerlo.
—¿Cómo evalúa el vínculo actual entre Vente Venezuela y los centros de poder en Washington? ¿Es una relación estratégica, coyuntural o limitada?
—El propósito es construir una relación a largo plazo, con miras a asegurar la correcta redemocratización de Venezuela. No se parte de cero, es una relación que María Corina Machado en particular viene construyendo a lo largo de más de dos décadas.
—En el debate público se ha instalado la idea de que Donald Trump no toma en serio a María Corina Machado. ¿Cuál es su lectura?
—No debemos olvidar que el presidente Trump fue electo por los estadounidenses para velar por los intereses de su país, como es natural, y bajo el lema de America First. Por ende, su administración tomará las decisiones con respecto a Venezuela que considere más adecuadas, en primera instancia, para el interés nacional de los EE. UU. Y todo ello en medio de un contexto internacional muy complicado.
Por ende, es natural que los EE. UU. quieran ir paso a paso en lo que respecta a la transición en Venezuela. Y si bien la relación con María Corina Machado es buena y existe una genuina estima mutua, ella es vista como una líder eminentemente democrática lidiando con gente sumamente peligrosa a la que la administración Trump quiere manejar directamente.
La gran pregunta es si un ritmo demasiado pausado no conspira contra los propios intereses de los EE. UU., y si la aceleración del proceso para conformar un gobierno legítimo en el corto plazo no facilitaría las cosas en vez de complicarlas.
—¿Cómo describiría la relación de Vente Venezuela con aliados de ambos partidos, demócratas y republicanos?
—Dado que los valores centrales que constituyen el corazón del sistema político estadounidense se corresponden plenamente con los de Vente, la relación con ambos partidos es diáfana y natural. Siempre se ha procurado una aproximación bipartidista, aunque la creciente polarización política que se vive en EE.UU. —al igual que en todo el mundo— pueda complicar a veces ese objetivo.
—En su opinión, ¿se han logrado consolidar esos apoyos bipartidistas o percibe matices importantes en el respaldo según la afiliación política en EE. UU.?
—Afortunadamente, en los aspectos centrales, la posición de ambos partidos estadounidenses con respecto a Venezuela es similar. Siempre habrá discrepancias y desavenencias, pero la posición general de ambos partidos tiende a facilitar toda aproximación para un partido como Vente, que apuesta por la defensa del liberalismo clásico. En el caso de senadores y representantes hispanos, como es natural, esa relación tiende a ser más fuerte.
—¿Qué balance hace de la llamada ley de amnistía?
—Tal como han señalado muchos expertos, la llamada ley de amnistía adolece de muchos vicios y defectos. No puede ser de otra manera, cuando todavía no hay garantías de respeto y ejercicio de los derechos civiles y políticos. En el marco de esa ley se ha excarcelado —que no liberado— a varios cientos de presos políticos, pero casi 500 permanecen detenidos en condiciones deplorables. Muchos han fallecido bajo custodia del Estado durante el último mes. El caso de Víctor Quero confirma las peores sospechas con respecto a la situación de muchos detenidos cuyo paradero y condición de salud siguen sin conocerse.
—¿Cuál es hoy la situación de los dirigentes y activistas de Vente Venezuela que han sido objeto de persecución? ¿Se han registrado casos concretos de levantamiento de medidas o liberaciones?
—Algunos han obtenido beneficios relativos en el marco de la llamada “Ley de Amnistía”, tales como excarcelaciones o levantamiento de cargos. A otros se les ha negado tales ventajas, mientras que un tercer grupo se ha abstenido de solicitarlos. En realidad, nadie puede sentirse libre mientras Venezuela no sea libre.
—¿Cómo impacta esa situación en la capacidad operativa actual del movimiento dentro del país?
—Lo cierto es que a una organización como Vente le ha tocado lidiar con estas dificultades desde momentos muy tempranos. No es la única en este sentido; algo similar le ha sucedido también a otros partidos, cada uno en una escala distinta. Hasta cierto punto, sus miembros se han tenido que acostumbrar a trabajar en tales condiciones, desarrollando algún tipo de preparación personal y organizacional que, sin embargo, nunca es suficiente ante los desmanes de la represión oficial.
—¿Cree que Venezuela atraviesa realmente una transición política?
—En definitiva, el término “transición” solo puede verificarse al final de un proceso que conduce a la democracia. Antes de que esos resultados se hayan obtenido, solo se puede hablar de transición como una conjetura, como una posibilidad. Hasta ahora, solo podemos decir que hay una serie de hechos que efectivamente podrían estar encaminados hacia una transición, pero que de ningún modo constituyen resultados definitivos o irreversibles.
—¿Cuáles serían las condiciones mínimas para hablar de una transición genuina?
—En primer lugar, debería apreciarse un restablecimiento progresivo y sostenido de los derechos civiles y políticos. Aunque ya se han dado algunos pasos en esa dirección, todavía es demasiado pronto como para afirmar que se trata de una conquista estable y permanente.
En segundo lugar, deberían estarse dando pasos concretos hacia la constitución de un gobierno legítimo y electo, mediante el reconocimiento de los resultados del 28 de julio de 2024 o a través del planteamiento de un nuevo cronograma para elecciones presidenciales. Por ahora no se aprecia ningún paso en esta dirección.
—¿Qué papel juega hoy la presión internacional frente a la capacidad de organización interna de la oposición?
—Son dos fuerzas que pueden y deben contribuir a un propósito de interés común como es la redemocratización de Venezuela. La ventana para la acción exterior conducida por los Estados Unidos fue abierta por la ciudadanía venezolana al elegir su liderazgo y demostrar, con las actas en la mano, que Nicolás Maduro había sido derrotado en las urnas.
A su vez, la acción estadounidense no rendirá frutos duraderos si no facilita las condiciones para que en Venezuela se constituya un gobierno electo y legítimo que sea fiel reflejo del ejercicio de la voluntad soberana del pueblo venezolano.
nalizado?
—Totalmente. El hecho de haber liderado una campaña como la del año 2024, con la cual se logró derrotar a un régimen experto en falsear elecciones y demostrar el resultado, revela niveles de disciplina y organización muy importantes.
Por otro lado, la campaña de las primarias del 2023 también sirvió para que Vente creara una estructura relevante en el exterior, lo cual es muy significativo para un país como la Venezuela de hoy, cuando cerca del 30% de sus nacionales residen actualmente en el extranjero.
—¿Cuáles son los principales riesgos que enfrenta hoy la oposición?
—Los riesgos principales siguen derivando de la persecución oficial y del hecho de no ser reconocido como un partido legal.
—Como usted ha dicho, las transiciones no suelen ser lineales. ¿Existe la posibilidad de que María Corina Machado y el chavismo compartan algún tipo de conducción política? ¿Ese escenario está previsto?
—Por lo general, y casi por definición, las transiciones exitosas implican la modificación de expectativas para casi todos los actores políticos y sociales que participan en ellas. Si se quiere que el nuevo orden sea democrático, todos los actores dispuestos a respetar la ley han de poder convivir dentro del mismo.
Ahora bien, esto no implica que puedan compartir funciones en el marco de un mismo gobierno. Los proyectos políticos del chavismo y de Vente son tan radicalmente distintos que la posibilidad de un gobierno compartido luce hoy poco menos que imposible.
En cuanto a una salida negociada, quien siempre ha bloqueado esa posibilidad al incumplir todos los acuerdos suscritos con la oposición es el chavismo. El mejor acuerdo negociado posible es el que se hubiera alcanzado si el régimen hubiera reconocido los resultados del 28-J. Ahora, tras tantos meses de brutal represión, toca explorar posibilidades más complejas.

