Jesús Rondón Nucete: El voto de los andinos

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María Corina Machado acaba de cumplir una gira por los estados Táchira y Mérida. Antes estuvo en Trujillo. Ha recorrido esas entidades muchas veces, como los grandes dirigentes del tiempo democrático. Las conoce bien. Cuenta allí con representantes fieles, de coraje, que han formado equipos de jóvenes entusiastas y capaces. Han divulgado las tesis y aspiraciones de quien es ya una heroína nacional (como Luisa Cáceres, Teresa Carreño o Teresa de la Parra). El gigantesco recibimiento que le ofrecieron pueblos y ciudades es resultado de ese trabajo. Sin embargo, debe decirse que la semilla cayó en tierra fecunda y propicia.

La conmemoración del 5 de Julio (Día de la Independencia) es ocasión propicia para una reflexión sobre el papel de los Andes en nuestra vida política reciente. La región muestra una fisonomía –humana, cultural, económica, política– particular en Venezuela. No solo es la de las más altas montañas del país, continuación de la cordillera oriental colombiana (curiosamente, desde donde partieron las expediciones colonizadoras y libertadoras), sino que sus gentes tienen maneras de ser propias, resultado en buena parte de su historia, ligada a la antigua Nueva Granada y a Maracaibo, su puerto de salida al mundo. Trujillo, vinculada a la gobernación de Venezuela (por su dependencia de El Tocuyo y Caracas), siempre formó parte de aquella región: compartió sus antiguas culturas y sus vicisitudes sociales posteriores. Sin duda, circunstancia decisiva fue la pertenencia a una misma autoridad eclesiástica (origen, a su vez, de la más alta institución cultural del Occidente).

No es de extrañar, pues, el entusiasmo compartido de los habitantes de los estados andinos por el liderazgo actual de MCM. “Extraordinario” en Valera, “apoteósico” en Mérida, “delirante” en San Cristóbal, términos de los informantes en cada sitio.  Aunque con algunas diferencias, el comportamiento político de las tres entidades ha sido –puede decirse– cercano, desde los comienzos republicanos. Adhirieron con entusiasmo a la independencia (por eso figuran en las estrellas originales de la bandera), apoyaron a los conservadores, se opusieron a los liberales, contribuyeron a realizar la integración nacional, sostuvieron la democracia. Después votaron (casi siempre) por los copeyanos (Trujillo desde 1963). En 1998 siguieron a un caudillo que prometía corrección de las fallas y redención social; pero, desde 2007 Mérida y Táchira (como también notablemente el Zulia) rechazaron su pretensión de implantar el “socialismo real”. No podía ser de otra manera: el ensayo ha fracasado en todas las latitudes.

Contrariamente a una opinión más o menos extendida, los andinos no apoyaron las dictaduras en forma diferente al resto de los venezolanos. Lo explicaron bien Rómulo Betancourt, M. Picón Salas y Rafael Caldera. Siguieron a Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez en 1899 y con ellos combatieron a los caudillos en la Revolución Libertadora para imponer la paz. Pero, estuvieron entre los primeros en oponerse al autoritarismo. Pío Gil publicó El Cabito en 1909. Se levantaron en armas en los tres estados y sufrieron cárceles (donde muchos murieron) y largos exilios. Miles de familias tachirenses debieron refugiarse en Colombia. Muerto “el Benemérito”, estuvieron entre quienes sembraron la democracia. Participaron en la formación de los partidos modernos y contribuyeron a la lucha para imponer aquel sistema de gobierno en 1958. Mas, los intentos para instalar guerrillas comunistas en montañas de Mérida y Trujillo fracasaron por la hostilidad de la población campesina.

Como la mayoría de los venezolanos, animaron los proyectos de reforma del sistema democrático, especialmente los de la recuperación del poder municipal (1979) y de la descentralización (1989). Rechazaron los intentos de golpe (militar) de 1992. Pero, ante el incumplimiento de los programas de renovación, se sintieron atraídos por un movimiento que ofrecía corregir errores dentro de un régimen pluralista y de libertades individuales (sociales y económicas). No advirtieron los peligros que derivan de la entrega del poder absoluto a un caudillo respaldado ciegamente por gente armada e inculta. Cien años antes un andino, Cipriano Castro, había prometido “nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos”. Se repetían, pues, las promesas; y también la desilusión. Sin embargo, como se verá, hubo diferencias en el comportamiento de las entidades: mientras en Trujillo se mantuvo la adhesión al chavismo al menos hasta 2015, Táchira y Mérida rechazaron desde 2007 sus intenciones hegemónicas y continuistas.

Se afirma que los andinos son serios, trabajadores, conservadores. Son formas de ser de las gentes de montaña. Los nuestros establecieron sociedades bien estructuradas. Desde antiguo se dedicaron a trabajar la tierra e hicieron de esa actividad base de su economía (como fue antes la del país). Protegidos por sus altas sierras de las guerras civiles, son pacíficos y gustan del orden. Con dificultad para comunicarse con los de otros lugares, son poco expresivos, más recatados. Y, acostumbrados a mirar el cielo, cultivan el espíritu y creen en Dios. Sin embargo, como se señaló, se observan particularidades que se manifiestan en comportamientos diferentes. Táchira y Mérida formaron una sola entidad hasta 1856; pero, la cercanía de la frontera hizo a los habitantes de la primera más emprendedores. En la otra, casi enclaustrada, han sido inclinados a la reflexión y al estudio. Los trujillanos, con muchos contactos, son también más abiertos.

Trujillo fue el estado andino donde el chavismo adquirió mayor fuerza. Allí nunca ha perdido, ni en las elecciones de 2015. Tal vez se deba a la difícil situación económica y social de sus habitantes. Cien años atrás era la entidad más poblada y rica de la región. A comienzos del siglo XXI es la de menor población y más pobre. En su tierra, los trujillanos siempre fueron rebeldes. Apoyaron a la democracia (militaron con entusiasmo en sus partidos) y ante su fracaso al chavismo. Ahora, como todo el país rechazan la perpetuidad del grupo dominante. Se mantiene así una curiosidad electoral venezolana: Trujillo (salvo en 1963 y 1993) votó por el candidato (presidencial) ganador. No es extraño: recibe influencias de las distintas regiones y resume la opinión nacional. Tiene salida al lago de Maracaibo, a través de Lara al Occidente y Centro y por varias vías a los Llanos.

Un comportamiento político (y por supuesto electoral) distinto han mostrado los otros dos estados andinos. Por su profundo apego a la libertad, han sido, a nivel nacional, las entidades más renuentes al chavismo. Les viene de historia. Pocos saben que treinta años antes de 1810 tuvieron por algunos meses gobiernos del común, incluso de elección popular (1781). Su adhesión a la revolución de Caracas fue entusiasta. Y, aunque no se lo menciona siempre en los libros de historia (escritos con la visión del centro-capital) dos de las grandes campañas libertadoras (1813 y 1821) partieron desde los Andes. Por lo demás, la Universidad de Mérida ha formado siempre republicanos (aún durante el gomecismo, aunque el autócrata le mostró admiración). Y la Iglesia ha mantenido su independencia (hasta el desacato). En estas tres últimas décadas, sólo en 2000 y 2006 votaron por Hugo Chávez. Y nunca por Nicolás Maduro (¡ni con fraude!).

Desde los inicios, el chavismo encontró en Táchira fuerte resistencia. En 1998 la mayoría votó allí por Henrique Salas Römer. El “caudillo” ganó en 2000 y 2006; pero perdió en 2012. En Mérida triunfó en las tres primeras ocasiones (con bajos porcentajes). A partir de 2007 ambas entidades pasaron a la oposición. Rechazaron los proyectos de enmienda constitucional en 2007 y 2009, votaron por Henrique Capriles en 2012 y 2013, paralizaron (con barricadas) sus actividades en 2014 y 2017. Las trabas al comercio internacional han afectado la actividad económica del Táchira; y en Mérida la disminución de las asignaciones presupuestarios de la Universidad (reducida a 1/3 de sus estudiantes) ha provocado grave crisis. En fin, la cercanía de la frontera ha facilitado la emigración de casi 900.000 habitantes de las entidades andinas. Según MCM, “el regreso de los hijos idos” es la petición más escuchada en la región.

El rechazo al régimen impuesto en Venezuela por quienes secuestraron el poder –incluida la fuerza armada (el actual “ministro” de la Defensa fue designado en 2014)– es general. No hay región, grupo social o actividad económica que lo apoye: según todos los sondeos, alrededor del 80% de los ciudadanos (y aún más en los Andes) quiere un cambio. Lo saben aquellos mandones que tratan de entorpecer el desarrollo normal de la campaña opositora. En realidad, han convertido a María Corina Machado en un mito, pues con sus partidarios supera todas las dificultades. Nada puede detenerla porque encarna al país.   ¡

X: @JesusRondonN

 

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Sobre María Corina Machado
     
 
Nuestra Señora del Monte Carmelo
   

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