Nicolás Maduro y la Plataforma Unitaria acordaron repartirse 5.000 millones de dólares de los fondos bloqueados en el extranjero

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El Gobierno venezolano y la oposición empezarán a negociar este fin de semana en México con varios acuerdos a los que han llegado en conversaciones anteriores que ahora solo hay que refrendar. El más importante de ellos es la voluntad de ambas partes de descongelar los fondos estatales en el extranjero con la ayuda de Estados Unidos, que debe darle confianza a los bancos, los fondos de inversión y las entidades de crédito para liberar una cantidad enorme de dinero de origen venezolano.

Una parte de ese capital servirá para financiar al Gobierno chavista y otra irá a parar a un fondo de ayuda humanitaria manejado por la ONU. “Esto se va a firmar y confiamos en que en breve comience a circular ese dinero”, comentan desde dentro de la negociación.

El banco de Inglaterra tiene retenido 31 toneladas de lingotes de oro de Venezuela y lo mismo ocurre con algunas cuentas del Banco Central de Venezuela en Estados Unidos. El Gobierno chavista —calcula que tienen 5.000 millones de dólares congelados en el extranjero—, urgido de financiación, ha condicionado su presencia en México a la relajación de las sanciones internacionales. En breve, Washington va a anunciar también que Chevron recibirá varias licencias para explotar petróleo en el país, lo que supondrá un desahogo para la economía local. Recuperar su pujanza energética, algo que también favorece a Washington por su enfrentamiento con Rusia, es otro de sus objetivos en México.

Las partes se sentarán a negociar este fin de semana y probablemente volverán a hacerlo de nuevo a principios de 2023. Hay un deseo expreso de que no pase mucho tiempo entre un diálogo y otro. A medida que se encuentren el chavismo y la oposición irán haciendo público lo acordado, sin esperar a un documento último en el que se revele todo. El fin último es que el instituto electoral venezolano organice unas elecciones limpias y verificadas por la comunidad internacional en el que pueda ganar cualquiera de las dos opciones. La oposición ha acordado presentar un candidato único que le dispute la presidencia a Maduro, un nombre que saldrá de unas primarias que se celebrarán el año que viene.

 

El anuncio de que se restablecían las negociaciones lo hizo Petro, que ha adquirido mucho protagonismo en este tema desde que tomó posesión en agosto. La realidad es que la primicia que envió por redes sociales molestó a los negociadores. Estos recuerdan que hay muchos presidentes y primeros ministros que quieren mostrarse como líderes en este acercamiento, pero que la arquitectura de los diálogos es clara. Por un lado, está el chavismo, por el otro la plataforma unitaria de Venezuela —la oposición—, y en medio un país facilitador, Noruega. Rusia y Holanda ejercen de acompañantes. Petro, Emmanuel Macron, Alberto Fernández y Pedro Sánchez desempeñan un papel importante apoyando la vía de la negociación para acabar con la crisis en Venezuela, pero no son parte del proceso, insisten estas mismas fuentes.

El Gobierno chavista había dado señales de que su prioridad en este momento es descongelar fondos en el exterior. En un comunicado firmado por el jefe de los negociadores, Jorge Rodríguez —mano derecha de Maduro, el hombre clave del Gobierno—, se decía que es necesario recuperar “recursos legítimos, propiedad del Estado de Venezuela, que hoy se encuentran bloqueados en el sistema financiero internacional”. “Este acuerdo”, se lee en el escrito, “expresa el avance del derecho de nuestro pueblo al disfrute de sus activos y recursos ilegal e injustamente bloqueados”. A continuación, se expresaba que ese dinero irá destinado a reforzar el sistema de salud, infraestructuras, vacunas y medicamentos.

Con las partes sentadas en la misma mesa, el diálogo ya no parece imposible. La comunidad internacional ha empujado en los últimos meses para que así sea. El chavismo ha enviado a Jorge Rodríguez como principal baluarte, pero también a un hijo de Maduro, que tiene su mismo nombre, y a Camila Fabri, la esposa de Álex Saab, el empresario colombiano acusado por EE UU de ser un testaferro de Maduro. Su presencia en las conversaciones muestra claramente que en algún punto el Gobierno exigirá la liberación de Saab, encarcelado en Miami. Pero esos asuntos todavía están por discutirse. Lo que es un hecho es que la prioridad absoluta ha sido la de recuperar el dinero en el extranjero, y por el momento se ha conseguido.

Juan Diego Quesada – El País de España

 

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