Rafael Fauquié: Razón vs racionalización

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En un ensayo del pensador francés Edgar Morin, escuetamente titulado “Racionalidad”, su autor se refiere a la infinita diferencia entre dos términos generalmente confundidos, aunque profundamente diferentes entre sí: racionalidad  y racionalización.

Racionalidad alude a razón y, en tanto razón, a todo esfuerzo por entender, aprender, priorizar, establecer criterios, relacionar… Racionalización, por el contrario, significa la imposición de la abstracción, un esfuerzo por explicarlo todo a partir de ciertas ideas, una reducción del mundo a unos pocos conceptos.

La racionalización ni entiende ni acepta la irreductible complejidad de la naturaleza humana. De hecho: ignora la humanidad. Desconoce toda forma de subjetividad. Funciona, principalmente, como  instrumento de control social y sus secuelas son algunas de las peores aberraciones políticas de la modernidad.

 

La racionalidad, esto es, la fuerza de la razón humana, es creadora de las ideas que ayudan a los hombres a vivir, sosteniéndolos en medio de su tiempo y relacionándolos con sus circunstancias. Es la expresión del pensamiento vivo, de la espiritualidad del conocimiento. Significa, por sobre todo, orientación por entre las incertidumbres. Es el signo de nuestra humanidad inserta en la realidad del mundo.

Mientras que la razón nos permite enfrentar la realidad, la racionalización revela el absurdo propósito de convertir la realidad en irrealidad. Cito a Morin: ““La racionalización toma las mismas fuentes de la racionalidad, pero constituye una de las fuentes de errores y de ilusiones más poderosa.” La racionalización hace del pensamiento abstracto un lecho de Procusto, un instrumento de encierro, la fe proyectada sobre unos pocos argumentos… La conclusión de Morin es simple: transformada en racionalización, la razón deja de ser expresión de humanidad y se transforma en letra cosificada, verdad a medias o media verdad, convención al servicio de una causa, espejismo negador de la irreductible complejidad de los comportamientos humanos.

La educación, concluye Morin, nunca podrá dejar de enfatizar lo suficiente en la importancia de la razón que humanamente nos construye y alertar en contra de la racionalización que adoctrina, deforma y limita.

 

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