Pedro R. García: Nos recuerda el poeta Rafael cadenas: que la poesía cumple una función social

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El poeta venezolano Rafael Cadenas acaba de sumar el Premio Cervantes a su colección de grandes galardones de la literatura en español. Los tenía casi todos: la Reina Sofía, el de la FIL de Guadalajara, el García Lorca. A sus 92 años, el sucesor de la uruguaya Cristina Peri Rossi en el palmarés yeva décadas siendo una de las voces fundamentales de la lírica latinoamericana. Una de las voces o, mejor dicho, uno de los silencios fundamentales. Porque Cadenas detesta comentar su poesía, elude cuanto puede las entrevistas y le quita importancia a todo lo que pueda haberle sucedido en la vida. Que no es poco.

Agotados los modos de expresión, el arte se orienta hacia el sinsentido, hacia un universo privado e incomunicable. Todo estremecimiento inteligible, tanto en pintura como en música o en poesía nos parece, con razón anticuada o vulgar. El público desaparecerá pronto: El arte lo seguirá de cerca una civilización que comenzó con las catedrales tenía que acabar en el hermetismo de la esquizofrenia. (E.M Cioran)…

Una acotación necesaria…

En el libro VI de la Metafísica (1025 b 25) divide el Estagirita todo conocimiento intelectual en tres elementos 1) práctico 2) poético 3) y teórico. El tercero corresponde a la ciencia especulativa, este es aquel saber cuya finalidad estrictamente inmanente al saber mismo y son física, matemática, teología. El primero corresponde a lo que hoy yamaríamos ciencia normativa y se refieren al obrar del hombre en cuanto sujeto dotado de libre albedrío (ética, política y demás).  El segundo corresponde a lo que podría denominarse la técnica, no sin que en eya se incluyan también las beyas artes y se refiere al hacer en cuanto comporta una modificación de las cosas., con el fin de satisfacer necesidades “espirituales” del ser humano.  En el capítulo 4 del libro VI de la Ética a Nicómano, se distingue el saber práctico (disposición racional a la acción libre), es decir, la ciencia, la cual se concreta siempre en la producción de una obra. Aunque tal vez más importante todavía es recordar que el acto Supremo de conocimiento humano, identificable tal vez con el Acto puro o Acto absoluto. La esencia de las beyas artes y por lo tanto de la poesía, es para el Estagirita la imitación; esto también lo hace Platón, a quien no se le ocurre considerar el arte (poesía) Como creación sino, a lo sumo, como re-creación (en el caso de ese Gran Artesano que es el Demiurgo) el poeta no hace sino copiar la realidad sensible, pero el concepto de “imitación” se hace mucho más amplio en el Estagirita. Es cierto que se trata de una imitación de la naturaleza (PHYS II 81), pero dentro de la naturaleza hay un elemento privilegiado que es el hombre, cuya vida y actividad representa especialmente la poesía. En tal caso cualesquiera sean los objetos que imita la poesía, pero en especial reproduce los seres humanos y la que no se queda solo en la figura exterior, sino a su forma interior, este es su esencia y su naturaleza. En este sentido no se trata de repetición de las cosas sensibles las cuales siempre son singulares, sino de las realidades inteligibles que son universales. Si Platón consideró la poesía ajena a la filosofía por cuanto no se ocupa sino de lo individual y contingente, Aristóteles la juzga cercana a eya por cuanto versa sobre lo universal y necesario. Excluye, en cambio del ámbito filosófico y científico a la historia, porque solo trata de individuos y de hechos singulares (1451 a 36-11 G. Finsler).

La poesía: ¿Universal y necesaria?

En Platón hay una metafísica de la beyeza (Hipias Mayor. Fedro el Banquete) y por otra parte casi sin conexión alguna con eya, (una filosofía social) (República Leyes). En Aristóteles no hay una teoría de lo beyo ni siguiera una definición o un concepto claro de la beyeza. A veces consideraba a lo beyo como equivalente y casi sinónimo de lo bueno (Rhet. 1366 a; 1389 b.) dice que también lo hermoso se da en los elementos inmutables, como son los entes matemáticos (Metaph. 1078 a 31-36, de las matemáticas toma precisamente las notas o especificaciones que sirven para caracterizar la beyeza:  el orden, la simetría y la limitación (Metaph. 1078 b 1-2), según lo dicho, resulta evidente que no es tarea del poeta referir lo que realmente sucede sino lo que podría suceder, los acontecimientos posibles de acuerdo con la probabilidad o la necesidad. El historiador y el poeta no difieren por el hecho de escribir en prosa o en verso. Si las obras de Heródoto fueran versificadas, de modo alguno dejaría de ser historia, tanto en prosa como en verso. Pero, (el historiador y el poeta) difieren en que el uno narra lo que sucedió y el otro lo que podría suceder.  Por eso la poesía es algo más filosófico y serio que la historia, por referirse a lo universal.

Tragedias poéticas…

Al principio los poetas acogían cualquier argumento que les salía al paso y así las Tragedias Poéticas más beyas se constituyeron sobre unas pocas familias como, por ejemplo, Alemeon, Edipo, Orestes, Meleagro, Tiestes, Télefo y otros, a los que les toca hacer o padecer cosas terribles.  Si el éxito de la obra poética se mide por la aptitud para conmover al oyente, al espectador o al lector habrá que inferir que la poesía es propia de quien posee una naturaleza adaptable y capaz de situarse en el molde de las almas ajenas, o de un enajenado capaz de salir de sí mismo para entrar en el alma de los demás. Aristóteles reconoce, además de la locura, otra fuente de la poesía junto a los rapsodas extáticos. Existen otros que se adaptan al ser de las cosas y captan sus formas. Estos pueden identificarse tal vez con aqueyos poetas dotados del espíritu filosófico, como podrían ser en la antigüedad, Hesiódo o Eurípides (que Aristóteles no nombra), o en nuestra época Rilke o Mallárme. El Estagirita insiste en la imposibilidad de construir una tragedia con todo el relato épico como el de la Ilíada. Quienes lo intentaron y quisieron yevar a la escena toda la caída de Troya (y no solo una parte como Eurípides) o la Historia completa de Níobe (y no un fragmento de la misma, como Esquilo), fracasaron siempre. Insiste el Estagirita que una historia versificada no yegará nunca a ser verdadera epopeya. Por otra parte, muchos poetas confunden la unidad de acción (siempre imprescindible) con una unidad accidental (más o menos arbitraria) de tiempo, la cual es propia de la historia. Aristóteles encuentra una confirmación  de la genialidad de Homero ( a quien valora por encima de todos los poetas contra Heráclito, Jenófanes, y aún Platón) en el hecho que este no incurrió en el error de encarar la Guerra de Troya con criterios de historiador, sino que, aún teniendo conciencia de que era una guerra con límites temporales bien definidos, circunscribió el relato épico solo al sitio y la caída, con eyo salvó dos escoyos opuestos: alargar la narración hasta hacer difícil su total retención por la memoria y tornarla tan complicada al tratar de reducirla hasta hacer agotador su total comprensión. El pensamiento y el lenguaje deben ser beyos tanto en la tragedia como en la epopeya-exige el Estagirita.

Homero Poeta Mayor…

Homero sigue siendo para él, no solo el primero que utilizó todos los elementos de la epopeya sino el que mejor lo hizo. En la Ilíada dejó un modelo de poema épico y simple en la Odisea, un ejemplo de epopeya completa y ética. Ambos superan a todos los de su género por el lenguaje y constituyen para el filósofo, la más alta cumbre de la poesía griega, cualquiera hayan sido las críticas negativas de los Presocráticos y de Platón. Esta admiración por el antiguo poeta es lo que quiso expresar Rembrandt en su cuadro Aristóteles contemplando el busto de Homero (1653), señalo el filósofo que la gesta debe ser más amplia porque tiene el privilegio de la suntuosidad; la tragedia más breve para evitar la monotonía. En lo que, al metro, la epopeya se atiene indiscutiblemente al hexámetro, yamado por eso “heroico” mientras la tragedia se vale de trímetros y ámbitos y tetrámeros trocaicos en los diálogos y es por naturaleza polémica por su compleja estructura, para él, el hexámetro resulta el más sereno y solemne y también el más abierto de todos los metros, el que acepta más ampliamente locuciones exóticas y metáforas, frente a las críticas contra una obra poética en general.

El Estagirita frente a las críticas de la poesía…

El Estagirita da las siguientes respuestas que son doce. Según explica Halmilton Fyfe, el filósofo opina que “toda expresión que es criticada debería ser considerada en relación con:1) las cosas cómo eran; 2) las cosas cómo son; 3) las cosas cómo se dicen que son; 4) las cosas cómo parecen ser; 5) las cosas cómo deberían ser. Además, habría que tener en cuenta si 6) una palabra exótica, o 7) una metáfora es usada y cuáles son 8) el acento y 9) la puntuación correctos, y, además, si puede haber ayí 12) ambigüedad, y cuál es 11) el uso habitual de la frase, y también cuál es 12) el apropiado modelo de corrección para la poesía como diferente de las otras artes”.

Interés de la Escuela Peripatética por la Poesía…

La escuela peripatética no hecho al olvido el interés del Estagirita por la poesía y Teofrasto, su sucesor en la dirección del liceo, escribió un tratado sobre poética (Diog. XLVII) y otro sobre la comedia (Athen. VI 2161 d). En nuestro siglo se ha intentado reconstruir la estética sistemática de Teofrasto a partir del testimonio de algunos comentaristas antiguos, como Amonio y Dionisio de Halicarnaso. Para O. Immisch, Teofrasto oponía el “silogismo imaginativo” de la poesía al silogismo científico. Según R. Walter, definía la poesía como discurso no racional y con metro”, por oposición a la retórica que caracteriza como discurso “no racional y sin metro”.

Escuela de Pergamo…

También el estoicismo inspiro sobre todo a la escuela filológica de Pérgamo. Mientras los filólogos de Alejandría se ocupaban de crítica textual, de lexicología y de cuestiones históricas y gramaticales, los de Pérgamo dieron mayor importancia al contenido del texto poético. El más notable representante de esta escuela fue Crates de Malo, que explico no solo a Homero sino también a Hesioto a partir de la física y la ética de los estoicos. Su crítica literaria tiende así a ver en cada poema una obra filosófica. De hecho, para los filólogos de Pérgamo, la gramática no constituye una ciencia en sí misma, sino que forma parte de la lógica, una manera de lograr el estilo sublime consiste en hacer adecuada selección de los elementos que integran la obra, hasta articular con eyo un todo orgánico.  Entre los diversos ejemplos sobresale un poema de Sáfo, la Oda a Anactoria. Muchos escritores son movidos por una fuerza que les es extraña, de igual modo que la Pítia se ve invadida.  Junto al trípode por un demonio, porque hay ayí una profunda grieta de la cual surgen sacras emanaciones que le confieren extraordinarios poderes, que le permiten hacer revelaciones. Para el pseudo-longino, los antiguos arquetipos poéticos resultan semejantes a los espíritus que habitan las subterráneas. Entre quienes se yenaron con los divinos efluvios de Homero cuenta pseudo-longino.

El Lirismo …

También aqueyos poetas líricos como Estedícoro y Arquíloco, que traducen los ideales y sentimientos de la aristocracia guerrera, pero, sobre todo, a Platón, quien aun criticando la inmortalidad de los mitos de Homero y excluyendo del Estado ideal la lectura de sus poemas, alcanza no pocas veces la elevación épica de los mismos y canta en sus diálogos el combate de las ideas con no menos grandeza que aquel la guerra de Ilión. Del mismo modo que las vacilantes luces se desvanecen ante los rayos del sol, dice pseudo-longino, “las argucias y los sofismas de los retóricos desaparecen ante el contundente briyo de lo sublime”. Evoca tal vez la obra de Filón de Alejandría; en la cual las minucias exegéticas y las mismas contradicciones del texto bíblico parecen superarlas por la luz de lo absoluto.

Mediocridad vs. Genialidad…

El cuidado minucioso de los detayes y la preocupación obsesiva por las reglas son habilidades propias de espíritus pequeños, revelan mediocridad. Una excesiva corrección entraña el peligro de la trivialidad (Cfr. Horat Epist t 6, 45).  Lo mediocres no cometen faltas ni se ensucian porque no se atreven a realizar acciones atrevidas. Contradicen la ley dialéctica de la transformación de la cantidad en cualidad, al contraponer absolutamente la multitud de pequeñas virtudes contra la grandeza única de la genialidad.  La ejemplificación resulta contundente. La Argonáutica de Apolonio es un poema impecable, pero ¿Quién se atrevería a afirmar que Apolonio es superior a Homero? (con todos sus errores y defectos).  Hipérides tiene una serie de admirables cualidades literarias; Demóstenes, por su parte, presenta numerosas deficiencias. No delinea bien los caracteres, no expone con soltura, es menos ágil y teatral.  Cuando quiere ser cómico resulta más bien ridículo. Nunca hubiera podido escribir, como Hipérides, el discurso contra Atenógenes o la defensa de la Hetaira Friné.  Sin embargo, la obra de Hipérides no es sublime, le falta esa grandeza que impacta el corazón y la emotividad que excita y apasiona. Deja al oyente sereno y es incapaz de producirle sobresaltos. La de Demóstenes en cambio, pese a muchos defectos, revela la condición de genialidad en su más alta expresión: tono acantilado, sobreabundancia, rapidez, penetración y sobre todo, insuperable fuerza y potencia. Humanas son la razón y la lógica, la gracia y la armonía propias de las obras beyas, pero la noción estética de lo sublime se vincula con una definición ontológica por la cual el ser humano es lo que es por su tendencia a lo divino y por su vocación de trascendencia.  Su capacidad de contemplación y de entendimiento penetra por eso en los insondables límites del cosmos. Así como el piano suscita en las oyentes emociones profundas y los enajena forzándolos a acompasarse a su ritmo, la ya no utilizada la Zither o citara mediante adecuada fusión de sonidos, produce fascinación y placer, también la composición poética implica una armonía de palabras connaturales al hombre, que no solo conmueve sus oídos sino también su alma. Hay poetas ingeniosos, historiadores diligentes, elocuentes oradores, pero muy pocos verdaderos escritores y los puntos de referencia cardinal siguen siendo, Homero, Platón y Demóstenes.

¿Modernidad Poética?

El juicio moderno sobre la época puede ser más severo.  Hay que debatir Las causas de la esterilidad literaria, será la corrupción moral que afecta todos los cimientos de la sociedad. La codicia que a todos atormenta, la búsqueda del placer que todos esclaviza, ¿cómo podrá pronunciar un juicio libre y defender una noble causa quién se ha dejado sobornar? La decadencia ética trae aparejada la declinación estética; la ceguera para el valor moral comporta la ineptitud para la sublimidad poética o lo que a yamado Harold Bloom, en su Canon Accidental. “Los Lémures o escuela del resentimiento, o sea todos los estudiosos de la literatura que no la analizan desde una perspectiva puramente estética y que hacen lo mismo que esos roedores: cuando uno se lanza por un precipicio, todos le siguen.  Nuestra civilización sigue escindida entre un conocimiento, una estética helena, una moralidad y una religión Judeo cristiana”.

¿Puede la Poesía hacer un juicio Moral?

George Eliot, en Middemarch que es su obra maestra, reboza observaciones morales fascinantes, como lector “uno debería decidir si el juicio moral es relevante y después tendrá que juzgar por su cuenta”. Por eso si la manera Chejoviano-hemingwayana nos satisface el apetito de la realidad, la Kafkiano-borgiana nos enseña cuál ávidos seguimos estando de lo que hay más allá de la realidad supuesta. La poesía tiende a ser más libre respecto que a la filosofía y la ficción. La poesía es la culminación de la literatura imaginativa, de un mundo abstracto, el poema atrapa y mantiene a la perfección el acento tardío en lo que percibimos, es una lírica generalmente amorosa, la especie más triste: La que recuerda sueños juveniles con frecuencia visionaria y por “visionario” entiendo un modo de percepción por el cual objetos, personas y acontecimientos son vistos con una intensidad amplificada con dejos proféticos, la poesía intenta domesticar al lector para yevarlos a un mundo donde todo lo que mira tiene un aura trascendental.  La poesía nos ayuda a comunicarnos con los otros; pensar lo contrario es bello idealismo.  La marca más frecuente de nuestra condición es la soledad ¿cómo poblaremos esa soledad, entonces? Los poemas pueden ayudarnos a hablar más plena y claramente con nosotros mismos.  Hablamos con una otredad que hay en nosotros. Leemos y escuchamos poesía para encontrarnos plenamente y con más sorpresas de la que habíamos esperado.  Un contemporáneo de Tenyson, el filósofo John Stuart Mill, en su ensayo “¿Qué es poesía? (1833), dice de un aria de Mozart “la imaginamos oída al pasar”. También la poesía, da a entender Mill, es algo que se oye como de pasada, o más que el sentido habitual de oír. Para muestra leamos a uno de los padres de la iglesia San Agustín en sus Confesiones y su salmo abecedario isosilábico, la prosa rimada que influencio significativamente en la literatura y en la música medieval, hay que leer a Whitman y a su mentor Emerson que innovó sobre todo en la forma y la actitud poética. Como Shakespeare y William Blake, igual que Emily Dickinson con el que hay que estar preparado para luchar con su originalidad cognitiva, nos educa para pensar con más sutileza y con más conciencia sobre lo difícil que es romper con las respuestas convencionales que nos han inculcado, de los sonetos que son a su vez autobiográficos y universales, personales e impersonales, irónicos, apasionados, bisexuales y heterosexuales, íntegros escindidos y heridos; Walt Whitman nos ofrece tres metáforas de su ser: yo, mi alma y el yo real o mí mismo. En los sonetos hay casi tantas metáforas del ser de Shakespeare. ¿Qué es lo que es su sustancia? ¿De qué estás tú hecho que mil sombras se te trasparecen?

¿Es suficiente el análisis filosófico con respecto a la Poesía?

Goethe comentó de Shakespeare, que cada una de sus obras “gira alrededor de un punto invisible que ningún filosofo ha descubierto o definido y donde la cualidad característica de nuestro ser, de nuestro presunto libre albedrío, colisiona con el inevitable curso de la totalidad de las cosas.” Goethe distingue entre literatura antigua y moderna. En la literatura antigua, el conflicto tiene lugar entre la obligación moral y su cumplimiento, mientras que en la moderna la lucha es entre el deseo y su satisfacción. En un momento de sus conversaciones con Eckermann, Goethe le pide a su boswell particular, que lea por él Rásselas, de su contemporáneo Johnson.  Una conversación entre Johnson y Goethe es casi inconcebible. Quizás si pusiéramos en la Eternidad a Shakespeare, Platón y Oscar Wilde, pudiéramos crearla. Imlac, la voz de Johnson en Rásselas el Johnson crítico como en el capítulo 10, donde discursea sobre poesía: El oficio de poeta dijo Imlac es contemplar, no lo individual, sino lo genérico; notar las características de los grandes fenómenos; el poeta no cuenta las rayas del tulipán ni describe la diferentes sombras en el verdor de la selva, debe mostrar en sus pinturas de la naturaleza aqueyos trazos prominentes y yamativos que evocarían el original en todas las mentes y debe olvidarse de distinciones minuciosas, que uno puede captar y otro no notar, y preocuparse de aqueyas características que son igualmente obvias al atento y al distraído.

Al cumplir 75 años

 Por nada me esforcé, pues nada lo valía

Amé la naturaleza, amé también el arte

Me calenté ambas manos ante el fuego de vida;

 

Ahora ella se hunde, y yo soy una que parte”.

Poeta romántico. Walter Savage Candor

 

Rafael Cadenas…

Despedida…

Nuestras inscripciones fueron barridas,
nuestros lugares devorados por la arena,
nuestras fiestas convertidas en fogatas que avientan
su ilusorio mediodía.
Contemplamos la devastación.
Todas las creaciones de nuestros ojos
se hunden.

Respiramos
separación. El cisma
es nuestro
refugio.

No hay luz que nos enlace
pero una vez
corrió el licor abandonado,
desconocidas fuerzas de unión
manaron para marcar a fuego
toda la vida.

Ahora
quiero sentir sobre mí la alianza
que anonadó nuestros rostros.
Devuélveme el fulgor
y los ojos que le pertenecen.
El vino se ha eclipsado.

Los días de los amantes también pasan.
Excelencia de lo vivo sobre lo vivido.
Costa que se aleja,
puedes
darme el poder
de vivir en otra parte.

 

Jorge Luís Borges. 

El Espejo.

¿Por qué persistes incesante espejo?

¿Por qué duplicas, misterioso hermano,

¿El menor movimiento de mi mano?

¿Por qué en la sombra el súbito reflejo?

Eres el otro yo de que habla el griego

Y acechas desde siempre en la tersura

Del agua incierta o del cristal que dura

Me buscas y es inútil estar ciego.

El hecho de no verte y de saberte

Te agrega horror, cosa de magia que osas

Multiplicar la cifra de las cosas

Que somos y que abarca nuestra suerte.

Cuando estés muerto copiarás a otro

Y luego a otro a otro, a otro, a otro…”

Jorge Luís Borges.  Obras Completas.

La inmortalidad solo abre media hoja de su puerta estrecha y deslumbrante

pgpgarcia5@gmail.com

 

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