Marina Ayala: Sin disonancia

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Llega el fin de año con nuestro ánimo ofuscado. Sin entusiasmo debemos entrar en esas fiestas que fueron familiares, de abrazos y regalos. Una atmósfera pesada nos aplasta. Empobrecidos por una cruel inflación, sin esperanzas por unas próximas elecciones de conflictos y rivalidades, un mundo debatiéndose por defender sus democracias, con presos políticos y personas arriesgando sus vidas por huir de un infierno. Unas lluvias persistentes que tienen los terrenos saturados y los ríos desbordados. Cada vez más frecuente las personas que enferman y no tienen como cubrir los gastos de salud que ya son impagables. Todo ello fuera de nuestras manos se precipitan sobre nuestras angustias sin poderlo mitigar.  Pero sucede siempre algún motivo que nos arranca del alma esa alegría que inmediatamente esparce los colores sobre este fondo gris. Se sintió de inmediato como el ánimo cambió, aunque fuera momentáneo, bastó para darnos cuenta que algunas virtudes siguen allí esperando que la realidad le sea grata.

Rafael Cadena con su porte desgarbado y su expresión ausente supo encontrarnos. Yo lo observo y encuentro en él todo lo contrario a lo que siempre vi en nuestros personajes públicos. Humildad, serenidad y pausa. Sus amigos de Barquisimeto me contaron, ya hace tiempo, lo grato que era sentarse a conversar con él en la plaza donde estudiaban. De rápido entendimiento y fácil ensoñación. Podía contemplar la naturaleza por horas mientras los amigos hablaban de sus cosas de muchachos. Es la única persona que conozco que pareciera caminar sin disfraz, alguien que alcanzó esa sabiduría de saberse él. Dicen los amigos que nunca rivalizó con nadie y no luchó jamás por cargos ni poder. Uno observa esa decencia que se trasporta libremente y le parece todavía más grotesco esa vulgaridad sin pizca de inteligencia del show electorero.

Particularmente le agradezco a Cadenas esa postal con su presencia. Me permitió un contacto muy íntimo que había desaparecido. Mis navidades serán más serenas porque se prendió una estrella de esperanza. Sé que la realidad está ahí esperándome y me impactará con la misma fuerza o más, pero al menos son algunos días con mayor serenidad.

También me ilusiona el mundial de fútbol. En mi casa siempre nos reunimos con mis padres y hermanos a ver los partidos. Más tarde nos íbamos con mis hermanas a alguna tasca en la Candelaria o Sabana Grande donde era usual las pantallas grandes. El trabajo quedaba suspendido si bien no por decreto era porque nadie iba a trabajar. Se respiraba fútbol y era conversación obligatoria durante un tiempo. Claro, algo de nostalgia cargo porque mi realidad es muy distinta y hay demasiadas ausencias, pero igual espero disfrutarlo, sin olvidarme de los que disfrutaban junto conmigo y ya no es posible.

 

Al que me hable de nuestra tragedia en estos días lo bloqueo, no voy a dejar que contaminen con la cantaleta de siempre, lo siento. Tranquilidad por un tiempo es lo que deseo y después ya veremos.

No escribo hasta enero que volveré a aparecer con mis Marinadas y Marguareando. Les deseo a todos muy felices pascuas y ojalá se permitan descansar de tanto dolor y agravios. Gracias a mis lectores y a los no lectores…también.

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