Pedro R. García: Resurgir del sueño civilista oposición política y Derechos Humanos…

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Sin civitas diaboli no hay, históricamente hablando, civitas dei.  Sin un latente antagonismo interno o externo no hay orden político…

Acotación Necesaria…

“Venezuela según nuestro texto constitucional en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. La soberanía nacional reside en el pueblo, del que emanan los poderes del Estado”. Tal “emanación de los poderes del Estado” (el legislativo, el ejecutivo, el moral y el judicial.) deben dirigirse a la realización de “valores superiores” como la libertad, justicia, la igualdad, el pluralismo político, que a su vez se subordinan a la “Declaración Universal de los Derechos del Hombre” de la ONU., proclamada en París el 10 de diciembre de 1948, cuyo fundamento deriva de la “dignidad de los miembros de la familia humana”, tal y como considera su Preámbulo: “que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”. De modo que la implantación gnóstica de la política consiste en formar parte de la inmanencia del ser humano, tomado distributivamente, es decir, en cada miembro de la humanidad, ya se entienda esta como una familia o dividida en pueblos, naciones o en Estados. En todo caso, la Política, al ciudadano del Estado está subordinado al hombre, al conjunto de la Humanidad. Dados estos presupuestos se abriría una variada gama de posiciones ante la política que reduciremos a tres básicas. Los sujetos humanos pueden entender al modo del sujeto que se declara “apolítico”, que tales fines no pasan por la vida política, por el voto o por las ideologías de los partidos, y que sus fines como ser humano están fuera de las disputas por el poder. Tales sujetos, abstraída su condición de ciudadanos de un Estado (por ejemplo al considerarse cosmopolitas), se centrarán en su vida privada y alejándose al máximo del mundano ruido, preferirán vivir en familias (del tipo que sean) o en comunidades religiosas, epicúreas, hippies o ecológicas. Pero permanecer al margen de la vida política suele ser la excepción que confirma la regla y supone una abstracción considerable, si no directamente “falsa conciencia”, pues tendrá que pagar impuestos, inscribirse en el registro militar, electoral, impuesto, servicios, IVSS, necesitará hospitales o acudir a los tribunales de justicia, por ello, el “abstencionista” en su forma extrema suele ser “domesticado” por las circunstancias y pasa a convertirse, según envejece, en un abstencionista de la política, alguien que considera la política como un mal necesario, y en la medida en que la sigue con el desprecio de quien ha sido arrastrado por las circunstancias, en cuanto ciudadano inmerso en la economía de mercado o en la producción de “mercancías por mercancías”, se limitará a abstenerse de ir a votar. Se convertirá en un “abstencionista práctico”. De un modo parecido podemos entender al “abstencionista teórico”, al ciudadano que quiere participar en la vida política, comprometido en la praxis de la vida diaria de sus conciudadanos, pero que reniega de ideologías extremas y cree que los fines son de cada cual (de cada miembro humano), con el requisito de no molestar a los demás, es decir, en cuanto no trate de imponerlos. Para los apologistas del conflicto, que siguen vivos y vinieron con fiereza en la intercesión armada rusa en Ucrania, después del fracaso delas misiones internacionales del ejército bajo el mandato de la ONU. yevando tanques, aviones de combate y personal armado para la yamada “resolución de conflictos”. En. Aún no podemos garantizar la paz de otro modo, pero el objetivo es lograr la paz a perpetuidad, el fin definitivo de los conflictos armados, para los fundamentalistas de ejercicio diplomático: sin duda la Proclamación Universal de los Derechos del Hombre es el referente fundamental de la política internacional, a eyos se deberían adecuar las legislaciones de los cerca de 200 Estados reconocidos por la ONU. Y a esta normativa se debería recurrir en los acuerdos de inmigración. Según su “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. La realidad del poder diplomático trabaja desde la asimetría de enfoques, lo que hace de la política internacional un campo de bataya financiero, energético, mercantil y cultural (con base en los bloques religiosos). Todo el mundo sabe que las decisiones de la ONU. Salen de su Consejo de Seguridad (cuyos miembros permanentes son los EE. UU., Inglaterra, Francia, China y Rusia) y que los Derechos Humanos, entendidos como derechos subjetivos, no existen, son una metafísica redactada con el peor estilo literario. No se puede explicar que un niño al nacer sea libre, si no se quiere reducir su libertad a moverse fuera de la placenta, mucho menos será igual que cualquier otro, si no se quiere reducir esta igualdad a la de la especie, pero ¿qué razón o conciencia puede tener si no es más que una cría incapaz de ver a su madre? Y eso que estos son los supuestos desde los que se levanta el “deber ser”, a saber, el deber de comportarse como hermano de los demás, suponiendo que no se refiera al fratricidio, del que hay innumerables casos en todas las tradiciones: Caín mato a Abel, Rómulo a Remo, Medea a Apsirto, Höðr a Baldr, Osiris a Seth. La realidad es que los Derechos se ganan o se pierden a lo largo de la historia política, por ello son derechos del ciudadano, no del hombre. Solo el Estado puede dar derechos en la medida en que tiene poder para hacerlos cumplir. Lo demás es música celeste para quien prefiere dejarse engañar. Cabe concluir este modo de hablar (“sucinto”) haciendo referencia a las fuerzas ascendentes que forman la capa básica de los poderes del Estado, anverso diferenciando lo que se suele mantener de este como “poder del pueblo” o “voluntad popular”, de su reverso, a saber, que no existe tal unidad de acción. El pueblo o la sociedad civil (secularización del pueblo de Dios) no han existido nunca. Lo que existen son múltiples líneas de fuerza ascendentes en cada uno de los poderes enunciados con intereses muy distintos, opuestos y muchas veces contradictorios.

Ubicando algunas pistas…

Indiscutible que la discursividad política en el ruedo, ha tendido a simplificar el terreno de lo programático y, esta arrastro a que la agenda política, social, económica y cultural del mundo se transformase en un cruento campo de bataya, en donde distintas acumulaciones de intereses intentan imponer sus irrenunciables objetivos. En el capítulo Venezuela en este sentido pudiera hablarse de una cancelación de la política; válido para ambos sectores en confrontación. Mientras algunas fracciones del bloque opositor siguen planteando la lucha en términos maximalistas: vete ya; y los más flotan en un espacio que escapa a todo análisis racional, el oficialismo, sustituyo precipitadamente la actividad política por un pretorianismo-petro-dirigismo estatal, y donde la corrupción es una directiva de poder (Karl, 1997), de talante autoritario, y represivo. Este parece ser el marco dentro del cual debe analizarse desde la confrontación (2002) por control de la industria petrolera, primero por el desmantelamiento criminal de la misma por parte de el régimen y segundo por los ataques a la que fue sometida, especialmente por actores tanto externos como internos, igual a la embestida despiadada contra los escasos núcleos de la economía privada en el país. El resultado de ambas posiciones antagónicas derivo, insistimos, a la cancelación de la política y su sustitución por un autoritarismo asentado sobre el carácter rentístico del Estado venezolano. Es elemental resaltar que esta tendencia se ve reforzada por el hecho de que el chavismo en sus veinte y tres años de ejercicio gubernamental, ha privilegiado una visión instrumental del Estado; vale decir una agencia que puede ser conquistada y ocupada por el partido mayoritario, después de las elecciones y ser empleada como instrumento al servicio exclusivo de sus intereses. En este cuadro de frágiles circunstancias que vive el país, importa relievar la vocación que profesan los venezolanos por los valores democráticos, que trascienden el juicio negativo que la población tiene sobre los partidos y el histórico pésimo desempeño del aparato del Estado. Desestimar esta tradición del comportamiento del venezolano, es una grave omisión teórica; sustituirla por una visión maniquea de la política, autárquica o corporativa constituye un craso error de carácter estratégico. Las relaciones políticas no deben ser estructuradas en términos del binomio amigo-enemigo.

Pareciera en este contexto, que para algunos solo el exterminio del “otro” proporcionaría salida al conflicto social y político en Venezuela. A manera de desenlace, pudiéramos caracterizar la lógica dominante en la actual coyuntura política venezolana. Ha operado una reformulación de las fronteras políticas, que definieron el espacio democrático del país en la segunda mitad del siglo XX. Segundo: los antiguos “marcadores” fueron sustituidos por una polarización que se expresó en bloques políticos mutuamente excluyentes. Tercero: cada vez es más reducido el ámbito para el despliegue de formas hegemónicas de la política.  Cuarto: esta situación de rigidez es propicia para el cultivo de salidas antidemocráticas de cualquier signo, por eso la imperiosa necesitar de propiciar el diálogo. Quinto: lo fundamental en la coyuntura actual es la restitución de la vialidad democrática de la sociedad venezolana. Desde luego, lo anteriormente narrado constituye una breve introducción a una temática harto compleja (relación cultura y política).  Es necesario darle continuidad en un trabajo más ambicioso.

¿Racionalismo en el espacio público?…

En definitiva, se pudiera resumir brevemente lo que hemos señalado en lo siguiente: distintos rasgos de racionalismo han dominado el espacio público en los últimos cincuenta años de la política venezolana. En sus distintas versiones, romántica, liberal, democrática, revolucionaria con su debido correlato Socialdemócrata, Socialcristiana, “Marxista-Leninista”, Pretoriana. Esta lógica no ha podido articular efectivamente la dimensión de la cultura con la política. Esta dislocación cuenta para decodificar las “razones” de la inestabilidad política venezolana a lo largo de los siglos XIX y XX y las dos primeras décadas del siglo XXI. Los opuestos abundancia/escasez aún están presentes en la construcción social de la realidad venezolana. El Estado venezolano lo expresa en sus políticas. La naturaleza es percibida como abundancia a ser maximizada en términos de renta.  Esta lógica, a su vez, se encadena con una visión que privilegia elementos valorativos como solidaridad, igualdad e incentiva una relación paternalista hacia el ciudadano.  Igualmente, en la formulación de estas políticas prevalece una visión racionalista que califica de mágico-religiosa la conducta del venezolano. Se atribuye a esta circunstancia la responsabilidad por las dificultades que impiden el surgimiento de una razonable cultura cívica en el país. Es posible postular que la significante democracia juega un papel central en las representaciones colectivas del venezolano. En tanto construcción simbólica, establece relación con múltiples referentes. Por ejemplo, en la actual coyuntura política se ha formulado un plan político que ambiciona establecer equivalencias connotativas entre democracia, igualitarismo y solidaridad.  Sin embargo, estos ensayos se yevan a cabo en el marco de una visión colectivista, distributiva, pretoriana y maniquea que ha forzado dividir el campo de lo político entre Honestos-patriotas-pobres vs. Corruptos-antipatriotas-ricos.

La afirmación de una democracia…

Su consolidación en Venezuela ha de ser el resultado de articulaciones entre principios políticos (libertad, igualdad, justicia, participación, y demás). Es impostergable imbricar su política con su cultura.  Esta relación no es fácil. Como ya lo hemos señalado las tradiciones populares son vistas por el racionalismo político y en el caso nuestro, yeno de temáticas marchitas, como obstáculos para la modernización. Sin embargo, el mundo rural, el sincretismo religioso, la diversidad indígena, el discurso popular, el mestizaje y otros, son fuerzas actuantes en el presente, que pueden proporcionar las creencias que las libertades políticas deben proteger.  Asimismo, esta modalidad política se articularía al entreverado de tradiciones, costumbres y creencias que suministrarían atributo a nuestro pueblo., que se plantee el ejercicio del poder desde la perspectiva de una genuina cultura política democrática. Es urgente que las actuales dirigencias reconozcan, que la sociedad los ha desbordado y que su concepción de la democracia es precaria, ya no satisface las demandas de la mayoría, que desistan de repetir un discurso sostenido en estereotipos conductuales que inducen a la irresponsabilidad, colmado de temas gastados, que han contribuido a forjar y mantener a la base social del actual mandatario, con todo y los veinte años de precarios logros, y despropósitos en su profetizado Socialismo del siglo XVI.  El desafío para la democracia eficaz o a la que aspiramos la mayoría de los venezolanos, es una de inclusión social. El conjunto de la mayoría del país alternativo no participo en las perversidades en sus expresiones últimas del poder político y económico que licuaron el ideal que encarnaba el modelo de democracia representativa, pero su residual siguen aferrados todavía como náufragos en alta mar a la visión de cuello corto que adoptaron a finales del siglo XX.  Es obligatorio desmarcarse de quienes siendo responsables de aquel sinnúmero de inconsistencias éticas, que arrojaron al país a un estrepitoso fracaso, y que el país demostrando una bondad infinita les ha aportado una y otra vez su voto, y en una pasmosa y frívola actitud, jamás han farfullado una frase admitiendo por lo menos uno de sus reiterados desaciertos, lo que confirma la sospecha generalizada de que dinamitaron los puentes con la realidad dominante. Lo que está en juego es demasiado grueso para abordarlo con esa retórica plana, están en liza los valores transcendentes alcanzados por todos los venezolanos, y que, a pesar de sus precariedades, fue muy duro, para los diversos sectores que se sacrificaron, para avanzar en búsqueda de mejores oportunidades. Por eso no pueden primar, grupos, emblemas, símbolos, ni económicos, ni políticos, ni viejos, ni nuevos, ni particulares.

La inclusión y descentralización…

 

Hay que debatir a fondo temas como la descentralización, y el de la representación, que es una de las debilidades aun en las democracias avanzadas, La inclusión es primordialmente un reto político, sin eya está en juego la estabilidad de la democracia misma. Ni el enfoque de la derecha empresarial chusca, (que lincho el gobierno de Pérez) cuando su ministro de economía les propuso un esquema de desarroyo moderno) y que en presente hacen comparsa con algunos factores políticos actuales con un discurso de sumisión ciega a los intereses oscilantes del capitalismo global, su perspectiva es de cabeza cuadrada, economicista, policial, y político-militar, garante de un orden injusto que privilegia solo sus intereses, ese no es el camino, tampoco lo es el que sin respeto a unas reglas mínimas de convivencia, en un escabroso modelo de petroditigismo-pretorianismo, represor que conduce este régimen sin mediaciones y que en amalgama indigesta entre lo público y lo privado han articulado mafias paraestatales en las distintas instancias de la sociedad. La otra cara de la moneda que surge en este momento, es la exclusión generadora de violencia, que liquida toda posibilidad de convivencia y lacera nuestro sensible tejido social, Lo que está planteado en esta hora exigida de la república en una ofensiva por su reconstrucción moral, hay que quebrarle el espinazo a las manifestaciones de cinismo de las viejas y nuevas elites, que laceran nuestro precario tejido social, eso si con la gramática adecuada, no existirá democracia sana sin justicia, sin amor, sin solidaridad, pero tampoco será posible sin tolerancia, sin respeto, sin derecho a los disensos, al pluralismo a las libertades; sin transparencia y sin rendición de cuentas, y esa ofensiva no puede ser conducida por los Autoubicados eyos en los buenos pretender librar, como David frente a Goliat. El combate de los auténticos buenos (eyos) contra los falsos buenos. En tal postura hay un monstruoso oportunismo, cinismo, y simulación. Algunos como heredades. Postergados sin criterios programáticos, ha siso en momento estelar de la efusión de dólares controlados, para él (léase ciudadano común). Esos tales que no les interesa en lo más minino nada que tenga que ver con el bien común, sino solo de apetencia personal y egoísta, esto hay que confrontarlo por las mismas razones que nos ha yevado a desafiar a los simuladores corrompidos que disfrazados de “revolucionarios” han roto sueños de redención, de los más débiles los preteridos de siempre. Y que en el presente  indignados y frustrados, eyos quienes con ilusiones suscribieron esas opciones, sin querer todavía algunos admitirlo observan que se prefirió el camino fácil de las corrosivas y añejas prácticas demagógicas, y al reparto nefasto de cuotas de poder y de prebendas basadas, no al esfuerzo, entrega, honestidad, profesionalismo al ejercer una función determinada, sino a la viciada vinculación con las redes del poder de turno, a la filiación partidista, al compadrazgo, a la sumisión, al nepotismo y esto no apunta al beneficio del ciudadano, sino al sectarismo ramplón de la distribución obscena del poder, en función de mezquinos intereses, personales, grupales y partidistas. La República de ciudadanos no será posible con el regreso a los viejos vicios; y mucho menos con la entronización de los nuevos con la falsa etiqueta de virtudes. Las desviaciones de ayer causan las mentiras de hoy. Y lo que el país necesita es la fortaleza virtuosa que los helenos yamaron arete ciudadana y los cristianos rectitud ética.

El Nuevo liderazgo necesita decodificar las características de La Visión Capitalista Posmoderna…

Se adapta a la Institución Republicana.

Tolera mal el terrorismo (porque destruye el mercado).

Hace buenas migas con el despotismo y la corrupción de la decadencia de los grandes relatos (incluyendo la decadencia liberal de enriquecimiento sine die a contra vía de grueso de la humanidad) no lo perturba.  No prescribe nada.

Está presente en todas partes, pero más como necesidad que como finalidad.

Se percibe que global y localmente hay una tarea decisiva. Esta implica como mínimo, a la resistencia al simplismo, a los slogans a los sketchers, a los reclamos de exigencia y facilidad de restaurar valores seguros.

La simplificación se nos aparece ya como bárbara, como reactiva. La “clase política del país” no a lograr esta decodificación, ha caído en desuso y empuja al país en su aparatosa caída.

Pasa el tiempo y el segundero avanza decapitando esperanzas

pgpgarcia5@gmail.com

 

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