Alirio Pérez Lo Presti: El mundo que se mueve

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No es casual que, en el máximo apogeo de una cultura o sistema civilizatorio, el mismo se desmorone al punto de ser barrido en su esencia. Ha pasado antes y seguirá ocurriendo. Pareciera que, en ímpetu aspiracional de querer más, la inconformidad supera cualquier asomo de racionalidad y a los pueblos le ocurre como Ícaro, quien queriendo ascender cada vez más y más se le ablandó la cera que unía las plumas y éstas se despegaron. Según la mitología griega, se le colocó el nombre de Icaria al sitio donde murió.

Testigos de primera fila

Si bien no es casual que las sociedades se desmoronen en su esplendor, sí es extraordinario tener asientos de primera fila y ser vivos representantes de los alcances de la destrucción de un colectivo. Del gran auge económico que produjo la renta petrolera en Venezuela, se pudieron cosechar cosas muy positivas, una de las cuales fue la inversión en materia educativa por parte del Estado. La educación gratuita para ricos y pobres generó un igualitarismo pocas veces vistos en sociedad alguna. El proveedor sistema político destinó una enorme cantidad de recursos económicos en educación de la cual muchos nos pudimos beneficiar. Tal vez el máximo desarrollo económico y educativo de una sociedad sean también el mayor punto de esplendor de su decadencia. A veces pienso que occidente está atravesando por una era en la cual lo tecnocientífico está siendo utilizado para la autodestrucción de una manera tan afinada que pareciera que cualquier aprendizaje anterior hubiese sido inútil.  Entonces, por querer más, Ícaro siempre merece morir.

Tras la selva de Darién

Los fenómenos atinentes a los cambios sociales potencialmente se tergiversarán por nuestras pasiones. A fin de cuentas, si queremos analizar un fenómeno, se debe hacer de manera fría y serena o de lo contrario solo estaremos emitiendo sonidos propagandísticos en relación con un asunto que merece observación y reflexión. Las cosas generalmente no son como nos gustaría que fuesen, sino que son como son. De ahí que el análisis de las cosas que ocurren se debe despojar de nuestro deseo y transformarse en argumentación con un mínimo de rigurosidad. Si de un país salen casi siete millones de personas, los elementos causales, que lo provocaron, deben ser evaluados con altura de miras. La estampida va de la mano con la desaparición del tejido social que cohesionaba a un grupo de seres en torno a un propósito futuro. Al desaparecer el propósito, es momento de gritar la consabida consigna: “sálvese quien pueda”.

 

Acciones y reacciones

Mientras el “progresismo” siga enarbolando como fin último planes en relación con una visión vengadora del pasado, encontrará resistencias imposibles de sortear. Si esas resistencias hacen su trabajo, es posible que una sociedad no se desmorone. En la Venezuela de donde logré escapar se trató de hacer una suerte de barrido con el pasado sin que surgiese una fuerte resistencia que se opusiera. El resultado está a la vista de todos y lo que triunfó fue el desmantelamiento de un país. En la medida que vayan surgiendo posiciones extremistas en relación con cómo le gustaría a un grupo que fuese el mundo, de la misma manera se irán creando contraposiciones conservadoras que actuarán como freno a estos ímpetus. De ahí que veamos un florecimiento de posiciones extremas, todo lo cual tiene una explicación entendible. A medida que se trate de imponer una concepción que divida y no unifique, lo esperable es que la contrapropuesta tienda a la radicalización. En ese mundo y en ese tiempo estamos los occidentales. La civilización tenderá a arribar a buenos puertos en la medida que los saltos al vacío queden fuera de juego. Lo que propende a unir, en general, tiende a ser bueno.

Modas que maltratan

En 2005, como Profesor de la Universidad de Los Andes de Venezuela, pude hacer una rotación por el Servicio de Psiquiatría Infanto Juvenil del Hospital Gregorio Marañón, en Madrid, constituyendo una experiencia magnífica. Esa Unidad está liderada por el Dr. Celso Arango, siendo un referente mundial en lo que se refiere al tratamiento de personas en una edad tan sensible. Recientemente el Jefe de ese Servicio fue entrevistado por el diario El Mundo, señalando su preocupación por la manera como se ideologiza la sexualidad en nuestro tiempo y el titular es lo suficientemente contundente para resumir su pensar en relación a esta problemática: “Vivimos un boom de jóvenes que dicen ser trans por moda y en realidad no lo son.” De la seriedad con la cual se enfrente esta situación dependerá el futuro de una buena cantidad de jóvenes a nivel mundial. La posición del reconocido Dr. Celso Arango es casi un trino en el mar, en un momento en el que lo ideológico intenta anteponerse a las bases más elementales de lo biológico y las Sociedades Científicas quedan marginadas por la descabellada politización por parte de la Organización Mundial de La Salud. Seguimos con boletos de primera fila.

@perezlopresti

 

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