¿Qué personaje histórico se consideró un loco hasta que se comprobó que tenía razón? por David García

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Sin duda, si la historia fue injusta con un personaje cuya relevancia llega hasta nuestros días y tras dos siglos, ahora más que nunca, sigue salvando millones de vidas, ese fue Ignaz Semmelweis, El salvador de las madres.

No te extrañe si el nombre ni te suena. Este desconocido fue contratado en julio de 1846 como médico ayudante de un hospital húngaro dedicado a la maternidad y obstetricia de mujeres pobres, sobre todo prostitutas. Allí fue el primero en demostrar sin lugar a dudas que existían agentes productores de enfermedad que se contagiaban por contacto y que podían ser eliminados mediante medidas de higiene. En definitiva fue el descubridor de la antisepsia.

Su historia es terrible. Apesadumbrado por la alta mortalidad de mujeres y niños tras el parto, se percató de que las muertes por “fiebres puerperales” eran más numerosas en aquellos partos que habían sido atendidos por médicos, mientras que en los que eran atendidos por matronas (profesión artesanal sin formación académica en aquella época) eran muchas menos. Hasta tal punto era así que las mujeres, conocedoras del riesgo que sufrían, preferían dar a luz en otros hospitales con aparentemente peor dotación material y humana. Nuestro héroe investigó y planteó multitud de posibilidades antes de concluir en ninguna de ellas, pero al final la realidad era tan palmaria que asustaba. Claramente, la causa era algo que los médicos llevaban en sus manos y que parecía proceder de la sala de autopsias.

Así era de horrible la realidad sanitaria en esa época; los médicos realizaban autopsias y, sin limpiarse las manos ni cambiarse de ropa, acudían a atender partos. El resultado nos puede parecer obvio hoy día, pero en aquella época no estaba nada claro, pues se desconocía que las bacterias y otros microorganismos pudieran causar enfermedades transmisibles y más aún que las pudiéramos transportar en las manos.

 

 

 

Para poner a prueba su teoría instauró medidas de higiene escrupulosa (que hoy llamamos antisepsia) con especial énfasis en las manos, y comparó los casos que aparecían con y sin estas medidas. Los números eran más que claros, meridianos: La mortalidad por fiebre puerperal había caído en poco tiempo de 18 al 0,9 %.

Qué acierto ¿Verdad? Le esperaban felicitaciones, elogios, premios… Nada de eso. Se había atrevido a acusar a los médicos de ser los “causantes” de la muerte de innumerables niños y mujeres. Hablaba de una especie de “entes” que nadie podía ver y que se transmitían de forma aparentemente “mágica” por contacto con las manos. Todo fueron críticas, burlas, desprecios. A pesar de ello, enconó su esfuerzo por extender la antisepsia, acusando a las sociedades médicas y científicas de ser las responsables de miles de muertes. Tenía razón y eso a veces es lo peor que te puede pasar. Las críticas contra él llegaron a envenenar a sus amigos y a su esposa que lo dieron por loco. Mediante engaños consiguieron internarlo en un manicomio donde no tardó en morir, probablemente debido a complicaciones surgidas por las frecuentes palizas que recibió de sus “cuidadores”.

Ignaz Semmelweis, héroe entre héroes, aquí dejo este pequeño homenaje en tu memoria.

David García

 

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