Raúl Ochoa Cuenca: Petro en la ONU

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Juro que no he hablado nunca con Gustavo Petro, ni tampoco que me he disfrazado de sacerdote con el fin de sacarle una confesión, inclusive la de sus pecados veniales, si es que alguno hubiese sido de ese nivel, lo cual por su curriculum vitae me permito dudar.

Pero lo que afirmó durante su ¿sorprendente? ¿O concordado en campaña electoral? discurso ante la 77 Asamblea General de las Naciones Unidas pareciese que mi trabajo publicado en estas mismas páginas al inicio de esta semana, hubiere sido consecuencia de esa manera cristiana de expiar los pecados, la confesión.

Sí efectivamente, en la nota a la cual hago referencia (Petro, Colombia y la cocaína) (1)  pudimos leer como consecuencia de esa, diría, inesperada visita al Catatumbo colombiano el día 27 de agosto y ante los representantes de los cultivadores de hoja de coca en el cual sin más y sin menos, anunció la despenalización del cultivo de esta planta que en las zonas fronterizas de Colombia con Venezuela se concentra el mayor volumen de narco cultivos, siendo el Norte de Santander (noreste) el departamento de mayor área sembrada con 40.084 hectáreas. Dicha región superó por primera ocasión a la de Nariño, limítrofe con Ecuador, como el departamento con mayor área cultivada de hoja de coca en Colombia, tras registrar 30.751 hectáreas sembradas, datos estadísticos que confirman de ser y de lejos, el primer productor mundial de ese alcaloide, siendo el Catatumbo colombiano el epicentro del cultivo y producción.

Visita efectuada ¿obligada?  no obstante el ataque de fuerzas armadas irregulares a parte de su avanzada de seguridad un par de días antes, el presidente se hizo presente como prometido durante la campaña electoral, en esa rica zona de producción de la materia prima de esa droga, la cocaína.

En el discurso pronunciado con el sostén fuerte y robusto del estrado de la ONU, mueble de madera que demostró estar bien construido ya que el abrazo de Petro fue constante durante los 20 minutos de su discurso, el presidente hizo una encendida defensa, en práctica, de la despenalización de la producción y por ende del consumo de este alcaloide considerado por la ciencia médica como una de las llamadas drogas fuertes, para lo cual utilizó ante el desconcierto de muchos, un argumento para unos curioso y para otros poco cónsono con la majestad con la cual el pueblo colombiano lo invistió: Jefe de Estado. Si señores, en su criterio el petróleo es más venenoso que la cocaína.(sic).

Su discurso es una pieza de oratoria que necesariamente será conservada para entender cómo este ex guerrillero pudo acceder a la primera magistratura de ese laborioso país llamado Colombia. Será objeto el discurso de discusión para conocer las ocultas razones que motivaron su decisión de satanizar la producción de los principales recursos energéticos, no solo de Colombia sino del universo. Todo esto, mientras el petróleo y la minería son, respectivamente, el primer y tercer sector que más aportan a la renta, como proporción de su tamaño en la economía. (Evidentemente sin incluir la economía de la cocaína que contribuye con un 3.8 % del PIB y en términos absolutos con 22 mil millones de dólares U.S) Fuente: Banco de la República de Colombia. Informe año 2021.

Según el Dr Daniel Mejía Londoño economista y académico colombiano, quien anteriormente fue director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas de la Universidad de Los Andes, se trata de un grave error del presidente Petro, al diabolizar la exploración y explotación de recursos minerales, ya que eso significa básicamente satanizar el 30 o 35 % de los ingresos fiscales que recibe el país. “Esos recursos financian el gasto de las regalías, que primordialmente son programas sociales, infraestructura y vías primarias”.

El discurso de Petro que hoy nos ocupa, además de confuso y polémico, es tan inexplicable que podría llegarse a pensar que fue como la cancelación de una letra de cambio de aquellas en las cuales y en letra de molde se lee “Sin Aviso y sin Protesto” que, muchos piensan y me incluyo, habría firmado en plena campaña electoral. El economista Petro, en su fuerte crítica a las sociedades occidentales, sorprendió a la Asamblea General de las Naciones Unidas con su discurso retador y acusador, arrogándose inexplicablemente la representación de “su América Latina”. ¿Qué es más venenoso para la humanidad, la cocaína, el carbón o el petróleo? Insistió una y otra vez con su pregunta.

 

El Dr Hernando Zuleta, doctor de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona España, resalta lo poco propositivo que fue el presidente Petro, centrando mas su esperado discurso en lo poético que en las situaciones de contexto multilateral que atañen a Colombia. Sobre la comparación de la cocaína con el carbón y el petróleo, “es un paralelo desafortunado porque los humanos no consumimos esos recursos, los utilizamos para procesos productivos”, aseguró. “De esta manera, quedó en evidencia que el presidente no toma en consideración que se trata de productos energéticos que constituyen la columna vertebral de la economía colombiana, y que en paralelo significan avances sustanciales en las regiones por medio de las regalías que produce su extracción. Su exportación conjunta supera los 14.000 millones de dólares”.

Así podemos leer que el petróleo atrae el 26 % de toda la inversión extranjera que llega al país, mientras que la minería, encabezada por el carbón, logró el 15 %. Además, para beneficio de los colombianos en departamentos como La Guajira, Cesar, Córdoba, Santander, Meta, Casanare y Arauca, genera más de 145.000 empleos directos y más del doble de plazas laborales indirectas. Asimismo, es falta de coherencia retratar la cocaína como solo un producto de la hoja de coca, proveniente de la selva amazónica que Petro pidió proteger en el discurso. Solo para producir un kilo de cocaína se utilizan 380 litros de gasolina. www.semana.com

A pesar de que la intención del presidente, al menos aparentemente, fue la de proponer al mundo un replanteamiento de la guerra contra las drogas, que entre los expertos es válido y necesario, equiparar una sustancia criminal con una actividad económica lícita es un desacierto por donde se mire y lo cual ya inició, despenalizando el cultivo de la hoja de coca. Lo que en la práctica, y mucho me temo, es el inicio y que el discurso en la ONU no es más que el anuncio al mundo de que Colombia será el primer exportador legal de cocaína. Concluyo preguntando ¿Por qué no también de otras sustancias psicotrópicas y estupefacientes? Al fin y al cabo todas estas sustancias tienen un mismo destinatario, ciudadanos de sociedades formada por seres débiles que necesitan de esos alucinógenos para continuar viviendo y soñando. ¿No es esa su interpretación presidente Petro?

Vistos estos hechos, los cuales dicho coloquialmente no necesitan anteojos, me permito insistir con la pregunta que hice en mi trabajo de la semana anterior: (1)

¿Es posible que se esté constituyendo con la ascensión del economista Gustavo Petro a la presidencia de Colombia un axe del mal? Colombia productor, Venezuela financista y transportador, mientras Nicaragua se convertiría en los depósitos centrales y de redistribución, dada su cercanía con la frontera mexicana americana, territorio por el cual transita más de la mitad de las drogas que ingresan al rico mercado americano? Honestamente espero que esto no sea más que una simple sospecha.

Es de vital importancia para los pueblos de este continente y por sus eventuales repercusiones para pueblos de otras latitudes, que el mundo civilizado frene estos grupos delincuenciales enquistados en las estructuras de poder institucional de naciones como Cuba, Venezuela y Nicaragua, que ante la impunidad se conviertan        en ejemplos para otras naciones.   

(1) Petro, Colombia y la cocaína, de Raúl Ochoa Cuenca. edición digital.

Anfi del Mar, el 25 de septiembre del año 2022 – casablancaitalia@gmail.com

 

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