Gregorio Salazar: La mirada vigente de Pedro Pablo Aguilar

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A los 93 años acaba de fallecer en Caracas, Pedro Pablo Aguilar, dirigente socialcristiano que durante muchos años desempeñó un rol protagónico en la vida nacional. Sus amigos y copartidarios han recordado su mentalidad de estadista, su vocación de servicio público, su ordenada y austera vida ciudadana.

Es probable que a buena parte de las nuevas generaciones el nombre de Pedro Pablo Aguilar no les sea familiar o no les traiga referencia alguna de sus aportes a la democracia venezolana, pero fue desde el Congreso y desde su actividad política una de las voces más lúcidas y preocupadas por el destino nacional y quien visualizó tempranamente la crisis por donde se estaban deslizando los partidos políticos y con ellos el sistema democrático en Venezuela.

A comienzos de los 90, bajo el impacto de los reajustes macroeconómicos Venezuela entró en una etapa de turbulencia y conmoción social. Un foso comenzaba a separar a los partidos de la sociedad civil. La nunca bien ponderada Comisión para la Reforma del Estado (Copre) se abocó al debate y animó a participar a los principales dirigentes, pero también a científicos sociales, académicos e intelectuales.

Fue a Aguilar, para ese tiempo senador y miembro de la Copre, a quien le correspondió abrir el foro «Los partidos en tiempos de crisis», y desde el inicio puso el acento en cómo, en medio del malestar social, los partidos estaban sometidos a un severo cuestionamiento y las fallas y carencias del sistema institucional habían quedado a los ojos de todos.

«Se ha debilitado peligrosamente el Estado de Derecho. Hay una sensación generalizada de inseguridad. La ineficiencia y la abulia son signos predominantes en la burocracia. Buena parte de los servicios públicos han colapsado o amenaza colapsar. Las empresas del Estado se han convertido en modelo de ineficiencia y derroche fiscal. Es evidente el deterioro en la calidad de vida…», dijo Aguilar en su exposición franca y descarnada, en aquel país que se desenvolvía con una excesiva dependencia económica y fiscal del petróleo, que también cuestionó el ponente.

Si bien señalaba claramente la responsabilidad de los partidos, Aguilar rechazaba la conducta de quienes hacían de la crítica a los políticos consigna y bandera, mientras pretendían encubrir su propia condición de actor político en lucha por el poder. «Es un modo desleal, zamarro, de hacer política, pero a veces muy eficiente», destacaba, y señalaba cómo el desprestigio de los partidos fue el pedestal para el surgimiento de dictaduras en Venezuela y el mundo.

La responsabilidad de los partidos políticos por su deficiente manejo y gestión de los asuntos públicos era ineludible. Y si el país se debatía en tiempos de cambio, de reformas y correcciones, entonces era indispensable precisar los errores, señalar las equivocaciones, asumir las responsabilidades, comprenderlas y aceptarlas para emprender las rectificaciones.

 

Al defender la democracia como sistema subrayaba la necesidad de no deslindarla del rol de la política y por tanto de los propios partidos. «El sistema democrático no es responsable de lo negativo. La democracia es la única opción para vivir como pueblo civilizado. Si la democracia es un sistema racional para la organización y funcionamiento del Estado, y si la política es la ciencia y el arte del Estado, constituye un absurdo la especie de que el Estado democrático puede prescindir de la política y de sus actores los políticos», dijo en esa oportunidad.

Admitía sin ambages que el modelo populista había predominado en la etapa democrática y que, en buena medida, la actitud crítica frente a los partidos tenía su origen en la frustración periódica que dejaban las campañas electorales. “El abuso de la demagogia y del engaño en las campañas nutre el problema de credibilidad que confrontan los partidos”. El abandono de las ideologías había transformado a los partidos en meras maquinarias electorales.

El análisis de Aguilar dejaba en claro que la crisis de los partidos y la democracia venezolana no llegó de manera imprevista ni sobrevenida. Se fue gestando al paso de los años, sin que hubiera un viraje a tiempo que renovara y reimpulsara a los partidos y a sus actores. Aguilar llamaba a la reinvención de los partidos. No ocurrió. Ellos y el sistema que los sustentaba sucumbieron para que insurgiera un modelo hegemónico que exacerbó al infinito todas las deficiencias del sistema, las desviaciones de la dirigencia y y las distorsiones partidistas. Venezuela y sus habitantes tocamos fondo.

Hoy cuando la dirigencia de los partidos políticos con un ADN democrático buscan enrumbar al país hacia una salida de este laberinto autocrático, la partida de Pedro Pablo Aguilar puede servir para retomar su mismo llamado venezolanista de aquellos tiempos de crisis: «Se trata de sentarnos a la mesa de la reflexión, armados de honestidad intelectual, de fe democrática, de amor al país y, sobre todo, de coraje, de valor para enfrentar y asumir la verdad».

Periodista. Exsecretario general del SNTP – @goyosalazar

 

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