A los 100 años del nacimiento del Cardenal Rosalio Castillo Lara

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En la tierra de María Auxiliadora: Güiripa

El 4 de septiembre se cumplen 100 años del nacimiento del Cardenal Rosalio José Castillo Lara, SDB. Nació en San Casimiro de Güiripa el 4 de septiembre de 1922. Güiripa, estrecho valle que se abre entre las montañas del sur de Aragua, es la tierra de María Auxiliadora. Sus abuelos, don Manuel y doña Ana Dolores, Cooperadores Salesianos, construyeron en 1896 una Capilla que le dedicaron a la Virgen de Don Bosco, la primera en Venezuela. Dios los premió dándoles un hijo, un nieto y un bisnieto salesianos. Lucas Guillermo, primer salesiano venezolano, luego Obispo de Coro y Arzobispo de Caracas, santo y humilde pastor, obispo siempre párroco, de quien el Cardenal escribió su biografía (Ed. Paulinas 2004). Rosalio José, el futuro Cardenal, era el tercero de los siete hijos de la familia formada por don Rosalio Castillo Hernández y doña Guillermina Lara Peña.

La familia Castillo se distinguía por su apego al trabajo del campo, especialmente el cultivo del café, en la hacienda familiar fundada en 1835. La fe en Dios estaba profundamente arraigada en las jornadas de trabajo. La devoción a la Virgen Auxiliadora había prendido y calado muy hondo entre todos los güiripeños. Los cinco varones y las dos niñas fueron a los colegios de los salesianos y de las Hijas de María Auxiliadora respectivamente. En ese ambiente maduró la vocación salesiana de Rosalio José, estudiante primero en el Colegio Don Bosco de Valencia y posteriormente en el Liceo San José de Los Teques.

Salesiano de don Bosco

Acompañado por el Padre Isaías Ojeda, director espiritual y auténtico maestro, junto con los Padres Francisco José Iturriza y Juan Pablo González, escucha la llamada del Señor y, con su gracia, decide seguirla haciéndose discípulo de Don Bosco para trabajar por la juventud necesitada. Al hablar con su papá Rosalio sobre su decisión de hacerse salesiano sacerdote, el papá le dijo al despedirse: “El sacerdote debe ser luz del mundo y sal de la tierra”.

En Mosquera (Colombia) realizó el noviciado y, luego, los estudios de filosofía. El tirocinio, pasantía de aprendizaje práctico, lo llevó a cabo en el colegio León XIII de Bogotá. Regresó a Venezuela en 1949, cuando fue ungido sacerdote por su tío Monseñor Lucas Guillermo Castillo en el Santuario de María Auxiliadora de Sarría el 4 de septiembre, día de su cumpleaños y de su onomástico.

Después de un año, como Consejero Escolar en el Liceo San José de Los Teques, es enviado a Turín al Pontificio Ateneo Salesiano, donde obtuvo la licenciatura en Derecho Canónico. Regresó a Venezuela por un año como Profesor en el Estudiantado Filosófico de Altamira y Presidente de la AVEC. En 1955 obtuvo el doctorado en los dos derechos: canónico y civil. Posteriormente, realizó estudios de especialización en la Universidad de Bonn, Alemania. Por 11 años permaneció en la Universidad Salesiana como Profesor, primero en Turín y luego en Roma.

En 1966 regresa a Venezuela como Superior Provincial de la Inspectoría Salesiana San Lucas, pero al cabo de un año es llamado de nuevo al Consejo General de la Congregación Salesiana, primero como Superior Regional y luego como Consejero para la Pastoral Juvenil.

Obispo y Cardenal

En 1973 fue designado por Pablo VI como Obispo Coadjutor de Trujillo. Fue consagrado Obispo en el Templo San Juan Bosco de Altamira el 24 de mayo de 1973, por el Cardenal José Humberto Quintero Parra. En la diócesis de Trujillo acompañó con cariño al Obispo José León Rojas Chaparro, golpeado por la enfermedad, y promovió diferentes iniciativas de renovación pastoral.

Sus planes pastorales para la diócesis a él encomendada fueron truncados, cuando el 12 de febrero de 1975, el Papa Pablo VI lo nombra Secretario de la Comisión para la Revisión del Código de Derecho Canónico. El Papa quería un Obispo Latinoamericano que se distinguiera por su preparación académica y por su experiencia pastoral.

Todos conocemos su participación en la redacción del Nuevo Código de Derecho Canónico, que quedó reconocida por el Papa Juan Pablo II en la Constitución Apostólica Sacrae Disciplinae Leges en ocasión de la promulgación del nuevo Código, al recordar a: “Mons. Rosalio Castillo Lara que durante tantísimo tiempo ha trabajado egregiamente en una empresa de tanta responsabilidad”. Y enumerarlo de primero entre los que prestaron su apreciada aportación para elaborar y completar una obra tan importante y compleja, que posteriormente el mismo Papa la denominó: el último documento del Concilio Vaticano II.

 

Creado Cardenal el 25 de mayo de 1985, recibió la birreta roja y la diaconía de Nuestra Señora de Coromoto en San Juan de Dios. Posteriormente se le confiaron otras responsabilidades en las altas esferas de la Curia Romana, como presidente de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, de la Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano, de la Comisión de Vigilancia sobre el Instituto de Obras Religiosas (IOR) y como miembro de varios dicasterios de la Curia romana.

De regreso a su Güiripa natal

En 1992 el Cardenal Castillo le escribía al Papa Juan Pablo II: “Quisiera que Su Santidad benévolamente me prometiera que cuando cumpla los 75 años de edad, si el Señor en su misericordia me conserva todavía en vida, sea liberado de todo compromiso de gobierno en la Curia Romana para regresar a mi patria, Venezuela… Sin haber cumplido los 18 años, en 1940, siguiendo el consejo de mi director espiritual, fui a Colombia a realizar el Noviciado. Esta ausencia que debía durar solo el año del noviciado, se transformó, por los misteriosos designios de la Providencia en un permanente exilio que me ha mantenido desde entonces lejos e la patria y de mi soñado campo de apostolado, tanto que, en estos más de 50 años, solo logré trabajar en Venezuela, en varias ocasiones, por seis años escasos. A veces he dicho que nací bajo el signo del Éxodo y estoy viviendo aquel “Sal de tu tierra” que el Señor le dijo a Abrahán”.

El Papa le respondió positivamente el 30 de diciembre del mismo año, diciendo que había quedado conmovido por el sentido de nostalgia y por el deseo de querer realizar una actividad pastoral en de Venezuela, campo soñado desde los albores de la vocación religiosa. En 1997 pudo regresar definitivamente a Venezuela.

En su Güiripa natal construyó el Centro Juvenil Padre Modesto Arnaus, una casa para una comunidad religiosa y un centro de capacitación laboral.

Tal vez no podía imaginar el Cardenal Castillo Lara que la fuerza divina que lo animaba a volver al país, no era solo el llamado al apostolado en la pequeña aldea nativa, sino que Dios lo destinaba a convertirse en Pastor para todo el pueblo venezolano. Poco a poco, y sin buscarlo, su alta figura moral fue emergiendo en medio de tiempos difíciles. Llegó a ser consejero, vigía y atalaya. Con sabiduría, vislumbraba los problemas en el horizonte, y prodigaba su palabra sencilla y profunda, como un padre preocupado por sus hijos. Pudimos apreciar la riqueza interior de un hombre humilde que por algo había llegado tan alto en la Iglesia Universal. Ofreció su vida por la patria que siempre llevó en su corazón. A su muerte, un amigo suyo afirmó: “Estoy seguro de que, hasta en el cielo, el Cardenal Castillo Lara sentirá nostalgia por Venezuela”.-

Mons. Raúl Biord Castillo

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