Mónica Peralta Ramos: Recursos estratégicos y totalitarismo

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La emergencia de un nuevo orden global que desafía al dólar como valor de reserva internacional.

No pasa un día sin que la población mundial sienta el impacto de los precios de la energía sobre su vida cotidiana. Las raíces del problema, sin embargo, permanecen ocultas. Una guerra informativa se desgañita atribuyendo la crisis energética a las veleidades de grandeza de Putin y su incursión guerrera en Ucrania. Sin embargo, la realidad y la reflexión descascaran tal relato.

Las severas sanciones económicas aplicadas a Rusia luego de su invasión a Ucrania, fueron adoptadas aun sabiendo que Europa dependía estrechamente de la importación de muchos recursos rusos de importancia estratégica. ¿Creyó la dirigencia europea que Rusia no reaccionaría ante las sanciones en su contra “manipulando” sus exportaciones de gas, que por ese entonces constituían el 40% del total importado por Alemania, el dinamo de Europa? Esta subestimación de las consecuencias de las sanciones contra Rusia por parte de una dirigencia a todas luces irracional y apátrida, ha colocado al viejo continente ante el abismo de una rápida desindustrialización y contribuye a revelar que la crisis energética no es obra de Putin, aunque la invasión rusa a Ucrania la haya profundizado.

Esta crisis tiene causas que por mucho tiempo se han cocinado en las entrañas de la actual estructura de poder global. Ahora salen a la superficie y contribuyen a esclarecer el origen y la índole de los actuales conflictos geopolíticos y locales. Estos, a su vez, arrojan luz sobre nuevas formas de control social que hoy se expanden por el mundo sembrando el odio con un relato mentiroso que busca anular la reflexión y el disenso e impedir el surgimiento de un nuevo orden global basado en el reconocimiento de los intereses de las naciones y en el respeto a la seguridad, integridad e independencia de todos los países.

Crisis energética y depredación de recursos no renovables

La estampida de los precios del gas comenzó en Europa antes de la guerra en Ucrania y fue precedida y acompañada por una intensa presión norteamericana sobre el Gobierno alemán y las corporaciones de este país para que interrumpieran su participación en la construcción del gasoducto Nordstream 2 que iría a aumentar el abastecimiento de gas ruso a Alemania, y por esta vía a toda Europa [1]. El objetivo último de estas presiones fue sustituir la utilización de gas ruso en Europa por el gas natural norteamericano, mucho más caro que el ruso. Además de satisfacer los intereses de grandes corporaciones norteamericanas estas presiones se inscribían en una política exterior orientada a “contener” el supuesto avance de Rusia sobre Europa y sus mercados, garantizando así el control norteamericano sobre sus principales aliados.

Hoy el gasoducto yace cerrado y Biden envía gas natural a Europa extrayéndolo con cuentagotas de las reservas estratégicas norteamericanas, que han descendido a niveles inéditos. Esto muestra la imposibilidad de sustituir el gas ruso con producción norteamericana, al tiempo que toma estado público la inexistencia en el mundo de capacidad productiva capaz de satisfacer las necesidades europeas de energía en los próximos años. Mientras tanto, la demanda mundial de gas crece impulsada por las necesidades de China, India y otros países asiáticos con gran cantidad de población y en Ucrania la escalada militar sustituye a la negociación.

A diferencia de otras crisis energéticas del último medio siglo, la actual está marcada por la escasez relativa de petróleo y gas. Al tiempo que aumenta la demanda mundial de estos bienes la cantidad de energía que se extrae de los mismos, sean convencionales o no convencionales, es cada vez menor en relación a la energía que insume producirlos. Hacia fines del siglo pasado y principios del actual la política financiera seguida por los Estados Unidos permitió un desarrollo meteórico de la producción de gas y petróleo no convencional [2]. Esto compensó el estancamiento de la producción de petróleo convencional ocurrida desde 2005 y permitió que Estados Unidos desplazara a Arabia Saudita y a la OPEP en la determinación de los precios mundiales de energía. Sin embargo, el rápido decrecimiento de la productividad de los yacimientos no convencionales sumado al enorme endeudamiento de empresas y corporaciones vinculadas a la extracción de este tipo de energía en un contexto de recesión impulsada por la pandemia, complicó la situación energética al punto tal que, a pesar de la estampida de los precios internacionales de la energía, el total de gas que hoy produce el principal yacimiento no convencional norteamericano (permian basin) sigue siendo menor al total producido en 2019, y la producción diaria de estos yacimientos declina constantemente.

Crisis energética, inflación y crisis financiera

Frente a la disrupción de la oferta mundial de bienes y de una inflación de los productos energéticos que parece haber llegado para quedarse la Reserva parece orientarse hacia la emisión de un dólar digital (CBDC Central Bank Digital Currency) que supuestamente le permitirá el control y regulación inmediata sobre los depósitos y transacciones financieras realizadas en dólares en cualquier parte del mundo. Esto implica una enorme concentración del poder y explica la resistencia de importantes sectores que hoy controlan la intermediación financiera. También se oponen a esta medida otros sectores: desde los organismos de la sociedad civil que temen la perdida de privacidad y la creciente vulnerabilidad de los depósitos de los consumidores hasta los monopolios tecnológicos que buscan expandir su área de influencia emitiendo distinto tipo de monedas – entre otras: criptomonedas y distintos stablecoins referenciadas al dólar.

Por estos días un informe del Banco Central Europeo [3] recomendó la adopción de una moneda digital pues considera que suaviza las turbulencias y garantiza la permanencia del actual sistema monetario. El informe descarta la posible pérdida de privacidad y rechaza de plano la emisión de criptomonedas y stable coins considerando que constituyen una amenaza para la “soberanía monetaria”. También felicita al gobierno de Biden por su creciente regulación de estas monedas alternativas.

Hace pocos días el Presidente de la Reserva afirmó ante el Congreso la posible emisión oficial de un dólar digital, al tiempo que rechazó la posibilidad de que el mismo sea emitido por “el sector privado”. Estas declaraciones impulsaron la introducción de legislación avalada por legisladores republicanos y demócratas, ordenando a la Reserva a apurar la emisión de este dólar digital (CBDC) [4].

Esto ocurre en un contexto financiero amenazado por la implosión del endeudamiento en dólares y la emergencia de un nuevo orden global que desafía al dólar como valor de reserva internacional propugnando transacciones financieras y comerciales en monedas locales. Entre las distintas alternativas cobra fuerza la posibilidad de una canasta de monedas de los BRICS que incluya las monedas de grandes países productores de petróleo y de oro. Se estima que los bancos centrales de dos países: China y Rusia, contabilizan 40.000 toneladas de oro entre sus reservas internacionales. Esto contrasta con el oro incluido en las reservas internacionales de Estados Unidos y estimado en 8.000 toneladas [5].

Crisis sistémica y totalitarismo

La crisis energética está íntimamente anudada a una crisis sistémica y multifacética. Esta es una crisis profunda, cuyas dimensiones se interconectan y potencian las unas a las otras, aflorando en la superficie a través de un caleidoscopio de conflictos geopolíticos y locales cada vez más violentos. En estas circunstancias y haciendo uso de tecnologías de punta, los monopolios tecnológicos crean nuevas formas de control social que, a través de los medios de comunicación y de las redes sociales censuran el disenso y buscan controlar subliminalmente la capacidad de reflexión y de cuestionamiento. Sin embargo, la guerra informativa en torno a lo que ocurre en Ucrania contribuye a revelar la censura y las fake news que pretenden dar sentido a la vida cotidiana y naturalizar la violencia institucional. Este totalitarismo erosiona la legitimidad institucional y los valores democráticos, polariza a las elites y, paradójicamente, encuentra sus límites.

En los Estados Unidos, centro de la estructura de poder global, este totalitarismo agudiza las divisiones dentro de los partidos políticos y saca a la intemperie el accionar de un Estado en las Sombras [6] que acude al protagonismo abierto de los organismos de inteligencia para “depurar” la política y asegurar un determinado resultado electoral en las elecciones de medio termino a realizarse el próximo mes de noviembre. Así, un sector del establishment de los partidos Demócrata y Republicano, que hoy controla el gobierno, intensifica la guerra informativa desvirtuando lo que ocurre en Ucrania, apelando a la “inflación de Putin” para explicar el deterioro del nivel de vida de los sectores de menores ingresos y atribuye a Putin cualquier información que apunte a la connivencia oficial con la corrupción y la violación de derechos.

En esta aventura los monopolios tecnológicos que controlan los medios y las redes sociales ocupan un rol crucial. Esto ha quedado expuesto por estos días por el titular de Meta (ex Facebook) [7] al admitir que a pedido del FBI Facebook bloqueó durante la última campaña electoral información sobre la participación de Joe Biden en supuestos negocios corruptos y atribuyó la evidencia a “desinformación proveniente de Rusia”.

Esta colaboración entre los organismos de inteligencia y los medios y redes sociales continúa en el presente y abarca una amplia gama de temas desde la presunta corrupción de miembros del gobierno actual hasta fake news referidas al allanamiento de la residencia de Donald Trump realizado recientemente por el FBI. La participación en el mismo de algunos funcionarios que hoy son investigados por el Fiscal John Durham por su supuesta participación en el Russia Gate [8] ha fortalecido a Trump en las internas de su partido y en la carrera hacia la Presidencia. Así, la censura, las fake news y la participación de los organismos de inteligencia en la vida política contribuyen a polarizar aún más a les elites ante la inminencia de elecciones, y repercute sobre la política internacional del país.

 

Argentina, el Gobierno acorralado por el lawfare y el FMI

La Argentina posee cuantiosos recursos estratégicos, poco o nada explotados y altamente demandados en la actual coyuntura internacional. Sin embargo, una operación de pinzas la ahorca y atornilla al área del dólar. Por un lado, el FMI busca perpetuar el endeudamiento ilimitado a través de un Acuerdo que garantiza enormes transferencias de ingresos hacia los sectores más concentrados; la fuga de capitales y de riqueza hacia los mercados financieros; y las condiciones que exigen las corporaciones transnacionales para succionar los recursos naturales del país. Esto ocurre al tiempo que los monopolios locales aumentan su disputa por apropiar mayores ingresos, rentas y excedente a través de corridas cambiarias y una inflación desmadrada. El otro brazo de la operación de pinzas está constituido por el lawfare: un poder mediático- judicial y político que busca asegurar el dominio hegemónico de los Estados Unidos erradicando al populismo de la vida política y sustituyéndolo por una mafia burocrática-partidaria enquistada en las diversas instituciones. Esta mafia, liderada por el macrismo, recurre cada vez más abiertamente a la violencia para lograr sus objetivos: naturaliza el saqueo, la corrupción y el espionaje realizado durante el gobierno de Macri, apoya la violación constante del estado de derecho, las amenazas de muerte, el juicio político al Presidente, un golpe blando a través de una Asamblea legislativa y así sucesivamente. Ambos brazos de la pinza forman parte de la estrategia del Estado en las Sombras, que desde hace décadas desestabiliza en el mundo a los procesos políticos que considera peligrosos para el interés hegemónico norteamericano. Para ello recurre al lawfare, las revoluciones de colores y los golpes militares más o menos blandos según las circunstancias.

Por estos días, estos actores operan a cara descubierta. La semana pasada el Embajador norteamericano instó a no perder tiempo esperando a las elecciones y a constituir inmediatamente una coalición político partidaria que permita aprovechar los recursos estratégicos del país. La coyuntura internacional apremia y la coalición entre los “débiles” del gobierno liderados por el Ministro de Economía, y el macrismo en lo posible liderado por Horacio Rodríguez Larreta, permitirán acceder sin problemas a los recursos naturales que el país tiene y Estados Unidos y Europa necesitan. Lo central es pues eliminar a la Vicepresidenta y todo lo que ella representa: un desarrollo nacional con inclusión social.

Esta semana los fiscales del macrismo siguieron las órdenes del Embajador y  pidieron para la Vicepresidenta 12 años de cárcel e inhabilitación política en una causa inventada en torno a algo que ya fue juzgado, y “nada de lo que dijeron fue probado… más aún, se comprobó que era exactamente al revés de lo que decían” [9]. La Vicepresidenta no perdió el tiempo y explico que el destinatario de este embate es el pueblo y sus derechos adquiridos y que “vienen por ustedes” para disciplinarlos y poder seguir saqueando y endeudando al país como lo hizo Macri, y como se propone volver a hacerlo si no se para esta embestida.

En estas circunstancias: las movilizaciones espontáneas en apoyo a la Vicepresidenta deben ir al corazón del problema y exigir al gobierno que tome medidas contundentes e inmediatas. Entre ellas, es necesario:

– Revertir los recortes realizados por estos días sobre partidas que perjudican a los sectores populares y pequeñas empresas, sustituyéndolas por un blanqueo y ajuste de los subsidios de distinta índole (incluidos tarifarios, cambiarios y financieros) destinados a grandes corporaciones en distintas áreas de la economía.

– Parte de estos subsidios deberán ser reorientados hacia la conformación de un fondo especial al cual también se sumarán aportes especiales de las corporaciones más grandes. Los ingresos de este fondo deberán destinarse a la compra y distribución inmediata de alimentos, medicación y ropa entre los sectores más carenciados. El hambre no espera: mata.

– No prometer dólares especiales al puñado de monopolios que, reteniendo cosechas y liquidación de divisas, aumentan sus demandas con el correr de las horas. Gravarlos inmediatamente con penalidades crecientes, según el tiempo que tarden en liquidar y aplicar la ley de Abastecimiento si no cumplen en determinado lapso. El gobierno sabe dónde está lo que busca.

– Por DNU: aprobar el salario básico universal, imponer control de precios, realizar inspecciones inmediatas para controlar remarcaciones y desabastecimiento de grandes corporaciones en distintas cadenas de valor global.

– Articular la participación del país en el BRICS y buscar créditos en esta área para fortalecer las reservas del BCRA en oro, rublos y yuanes.

– Adoptar las medidas necesarias para anclar el peso en los recursos estratégicos del país y empezar a desdolarizar la economía argentina;

– Transparentar las inversiones, costos, subsidios y regalías que se obtienen en la explotación de los recursos naturales en todo el ámbito del país.

Estas medidas limitadas son el comienzo de un proceso que busca impedir que el ataque del macrismo a la Vicepresidenta oculte que lo que hoy está en juego es la nación y los intereses y derechos de los sectores populares.

 

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