Fernando Rodríguez: EL CNLCVN

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Si hay algo de verdad en aquello de que no hay mal que dure cien años – el partido comunista de Cuba rebasa ya los sesenta- y algún día la banda que nos  gobierna es derrocada por el pueblo, y no por  nuevos  gorilas o nos convertimos en un estado libre asociado de China o de Rusia, o  de ambas –la izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas-, habría que constituir el CNLCVN, que quiere decir el Comité Nacional de Limpieza de la Cursileria y la Vulgaridad  Nacional, nombre un poco largo para una tarea igualmente larga,  tanto más cuanto más dure la banda que nos gobierna.

Como habrán intuido algunos se trata de limpiar el país no solo de la basura y la suciedad de que lo ha embadurnado abundosamente, salvo los que pueden pagar Fopuca;  sino de las obras “artísticas” que el gusto castrense de siempre; socialista trasnochado (en esto los cubanos nos llevan una morena de civilización plástica adelante); guaicaipurense (mientras los aborígenes se mueren de hambre, malaria y acciones hamponiles locales e importadas) y nuevo rico al estilo inigualable del PSUV, digamos por ejemplo de Cabello, la Fosforito, García Carneiro, el tipo de la Hojilla, Franklin Vallenilla y similares, muchos,   hasta el aristócrata Chaderton con su manera fina.

Si en mi estuviese, yo no estaré lamentablemente, comenzaría por restituirle el nombre de Francisco Fajardo a la autopista del Este o, mejor, le dejaría este último que es como todos la mentamos y tiene aire fresco de modernidad. Le borraría hasta el último y horrendo falso grafiti indigenista de sus paredes y luego en acto de masas solemne pasaría a que el pueblo acompañara la desaparición del indio de oro y su entorno, aunque un distinguido arquitecto amigo dice que es una de las obras más incomprensibles, herméticas, de la plástica contemporánea, después del urinario de Marcel Duchamps, ícono universal del gran arte y que a él esa vaina lo turba. Desvarío de arquitecto posmoderno.

Eso de los murales es tarea ciclópea. Piense usted en el ahora Estado La Guaira, que ese sí yo lo volvería a Vargas, porque a mí desde muchacho me pareció que al doctor le quedó inmejorable eso de que “el mundo es del hombre justo”, si es que es verdad que lo dijo, porque según recuerdo Elías Pino Iturrieta señaló que los historiadores inventan muchas adulaciones, como eso de que Bolívar sentenció que Boconó era el jardín de Venezuela, y él es hijo e historiador dilecto de allá. Bueno para limpiar los kilómetros de paredes de tenues azules y cremas que no se sabe con qué objeto pintó mi general Carneiro las paredes del Estado Vargas, especie de versión monumental, desteñida y naive de la obra de Cruz Diez, que tampoco soy muy aficionado a las rayitas ópticas del afamado. Un dineral, además.

Y Caracas, si sigue siendo Caracas y no Ciudad Chávez, que tiene montones por aquí y por allá y no es el trazo popular libre y deseable arte de calle sino burocráticas tareas de la militancia inculta y asalariada. Pero para sintetizar una anécdota ejemplar -obviamente no hay espacio, esto que aquí sugiero es una pincelada de un eventual trabajo de equipo que debería coordinar, por ejemplo, la tenacidad de Esteva-Grillet. Todo venezolano más o menos culturizado sabe que Zapata no solo es el más grande caricaturista-cronista que nunca hemos tenido ni tendremos, un extraordinario dibujante y un magnífico pintor. Pues bien, ese bello y sabio mural que está en un costado de la UCV se le ocurrió a la Facultad de Arquitectura no que no era una estupenda obra, sino que la cercanía algo excesiva con nuestro patrimonio de la humanidad pudiera crear una relación poco cónsona estilísticamente. Sutil pero noble debate. Ahora en tiempos de barbarie del otro lado de la Universidad y no menos cerca se ha pintado un esperpento en honor de la batalla de Carabobo con todo y adornitos de piñata pueblera sin que ya se diga nada, para qué: ¿duerme usted señora rectora? Apenas señalemos el monolito de los hermanitos Rodríguez. Y lo que puede venir, por ejemplo, que metan a María Lionza en la Plaza del Rectorado, con las m mañas que tuvo que emplear  Villanueva para impedir que se la pusieran dentro esos otros gloriosos militares indigenistas de Pérez Jiménez, alias Tarugo.

El espacio se acaba como previsto (4230 caracteres), el tema inmenso y yo tengo coronavirus.

 

fernandor60@hotmail.com

 

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