Luis Esteban G. Manrique: El colapso de los glaciares, termómetros globales

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El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU advierte de que los 220.000 glaciares del mundo desaparecerán hacia fines de siglo si no se frena el cambio climático. Ante la pasividad de los gobiernos, la defensa de los ecosistemas ha pasado a manos de los pueblos originarios, organizaciones medioambientalistas y movimientos sociales.

El colapso del glaciar de la Marmolada –la “reina” de los Dolomitas italianos– y la avalancha de piedras, hielo y nieve que mató al menos a 11 personas al avanzar a una velocidad de 300 kilómetros por hora, ha sido una nueva señal de advertencia de lo que puede pasar en mucho mayores dimensiones en el Himalaya o los Andes si el cambio climático sigue erosionando sus ecosistemas.

Cuando comenzó el alud, en la cumbre de la Marmolada los termómetros marcaban l0º, extremos a 3.300 metros. Según Massimo Frezzotti, director del Instituto Glaciológico italiano, en el último siglo su pico ha perdido el 80% de su hielo, un proceso que se ha acelerado desde 2000.

El Consiglio Nazionale delle Ricerche estima que entre 2004 y 2015 su glaciar se redujo un 30%. Este año, la falta de nieve lo desprotegió de la radiación solar. El 8 de julio ocurrió algo similar en las montañas Tian Shan en Kirguistán, cuando colapsó el segundo glaciar en lo que va de año. En los días anteriores, se superaron los 15º a 3.600 metros.

Las imágenes que captó un montañista británico, Harry Shimmin, y que colgó en Instagram muestran un alud de toneladas de hielo glaciar del que apenas se pudo salvar. En 2016, con pocos meses de diferencia se colapsaron dos glaciares contiguos en el Tíbet occidental. Una de las avalanchas cubrió 7,7 kilómetros cuadrados y alcanzó velocidades de 144 kilómetros por hora, cobrándose la vida de nueve personas y las de cientos de animales.

Peligros naturales y antrópicos

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC) advierte que los 220.000 glaciares del mundo desaparecerán hacia fines de siglo si no se frena el cambio climático, que está alterando la frecuencia, magnitud y localización de casi todos los peligros naturales de origen antrópico.

La mitad de los glaciares alpinos y pirenaicos podrían desaparecer de aquí a 2050 porque sus capas y bloques hielo se funden más rápido por dentro, lo que libera agua que termina rompiéndolo en sus bases. Según el IPCC, las cada vez más intensas, frecuentes y tempranas olas de calor, están alterando las nevadas en todas las grandes cordilleras y cadenas montañosas.

Renato Colucci, profesor de glaciología de la Universidad de Trieste, cree que las actuales condiciones climáticas hacen insostenibles glaciares que se crearon hace decenas de miles de años. Los de la Patagonia se expandieron durante un millón de años hasta ocuparla casi por completo. Tras la última glaciación, hace unos 18.000 años, su retroceso dejó grandes lagos, entre ellos el chileno Llanquihue, de 860 kilómetros cuadrados, el estrecho de Magallanes y los fiordos y canales de la Patagonia occidental.

Científicos argentinos y chilenos han descubierto en la zona el que podría ser el lago más profundo del continente cerca del glaciar de Viedma, una zona inexplorada hasta ahora porque estaba cubierta por hielos que se creían perpetuos. Desde 2014 han perdido 5,5 kilómetros cuadrados de superficie. El lago al lado del glaciar se hunde en una fosa de 900 metros de profundidad, hasta los 650 metros bajo el nivel del mar.

En los Dolomitas, el deshielo está abriendo una ventana al pasado, histórico y geológico. Hace un siglo, durante la llamada “guerra bianca” (1915-1918) que libraron italianos y austro-húngaros en el frente alpino de la Gran Guerra, las tropas combatieron a temperaturas por debajo de los 35º bajo cero. Hace 30 años se podía esquiar en la Marmolada en pleno verano.

Pirineos aragoneses

Los macizos pirenaicos Infierno, Monte Perdido, Posets y Maladeta, que albergan los ríos de hielo perpetuo más meridionales de Europa, son especialmente vulnerables. Según Jesús Revuelto, investigador del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE) del CSIC, entre 2011 y 2020 los glaciares del Pirineo central aragonés han pasado de 2.060 hectáreas en 1850 a los actuales 210 y de 52 a 19 masas de hielo.

Según un estudio publicado en Nature en abril de 2021, los glaciares de montaña perdieron 298 gigatoneladas (1 GT=1.000 millones de toneladas) de hielo anuales entre 2015 y 2019 a un ritmo 30% veces mayor que en el lustro anterior. Para sus cálculos, el estudio de Nature utilizó las imágenes captadas por el satélite Terra de la NASA, que desde que se lanzó en 1999 circunvala el planeta cada 100 minutos.

Las fotos muestran la evolución de las masas de hielo glaciar. De media, los glaciares han perdido un 4% de su masa de hielo desde 2000, pero los de Alaska un un 25%, los de Groenlandia un 14% y los del norte y sur de Canadá un 10%.

 

Los más pequeños y a alturas más bajas son los más vulnerables. Los neozelandeses –que sirvieron de escenario de la trilogía de El Señor de los Anillos– están retrocediendo a tasas que triplican las anteriores a 2000. La de los alpinos duplica la media mundial.

Facturas medioambientales

La desaparición de los glaciares tiene un precio. A comienzos del verano, en Milán, Lombardía, las temperaturas máximas llegaron a los 40º. El Po está en los niveles más bajos de los que se tienen registros. La Pianura Padana es el corazón agrícola italiano. Sus cultivos de trigo, cebada y arroz en el Piamonte y Lombardía utilizan canales de irrigación que llevan el agua de las montañas alpinas a las llanuras del valle y la cuenca del Po.

Si la sequía se prolonga, este año se perderán el 30% de las cosechas. Según el European Drought Observatory, los lagos Como y Maggiore, están en niveles que suponen una fracción de los habituales: el 26% y 12,4%, respectivamente. El futuro climático se ha adelantado más de lo que se creía posible, lo que exige soluciones urgentes.

Un estudio de Media Matters for America mostró que de todos los programas dedicados al cambio climático en la televisión de EEUU, solo un 30% discutieron posibles soluciones. Coldiretti, la confederación agrícola italiana, por ejemplo, propone invertir en construir reservorios para almacenar agua de lluvia, la mayor parte de la cual, llevada por los ríos, se pierde en el mar. Según Massimiliano Fazzini, de la Sociedad Italiana de Geología, el país transalpino tiene 920 glaciares, casi todos en los Alpes, pero solo se monitorean de cerca unos 70 pese a que desde 2000, Italia ha perdido el 25% el agua que generaban sus glaciares.

Alturas andinas

Otras soluciones pasan por la vía judicial, un terreno en el que los peruanos son especialmente imaginativos. Es explicable. En el último medio siglo, el país andino ha perdido el 51% de sus glaciares, según la Autoridad Nacional del Agua. Los glaciares peruanos y ecuatorianos son tropicales, como los de la colombiana Sierra Nevada de Santa Marta. Sus picos nevados se yerguen a 5.700 metros a un tiro de piedra de las aguas tibias y turquesas del Caribe. Su sistema montañoso litoral, el más alto del mundo, alberga todos los pisos térmicos del planeta en los 17.000 kilómetros cuadrados del parque nacional de Tayrona, cada vez más amenazado por el cambio climático y la minería ilegal.

Ante la pasividad de los gobiernos, la defensa de los ecosistemas ha pasado a manos de los pueblos originarios, organizaciones medioambientalistas y movimientos sociales. La marea de litigios climáticos está subiendo de un extremo a otro del mundo. Países insulares como Antigua y Barbuda en el Caribe y Tuvalu en el Pacífico sur, están planteándose demandar a otros países porque sus emisiones amenazan con borrarlos del mapa sumergiendo sus territorios.

En noviembre de 2015, el campesino peruano Luciano Lliuya demandó ante un tribunal en Hamm (Renania del Norte-Westfalia) a RWE, la mayor compañía eléctrica alemana, por su presunta responsabilidad en la progresiva desaparición de los glaciares Palcaraju y Pucaranra en el parque nacional del Huascarán de la Cordillera Blanca de Ancash. Según sus alegatos, la laguna de Palcacocha, a 4.650 metros de altura, amenaza con desbordarse e inundar sus “chacras” (granjas, en quechua). En 1941 la laguna de Palcacocha se desbordó hacia Huaraz, la capital ancashina, por un alud de los glaciares. Murieron 1.800 personas.

Germanwatch, una ONG medioambientalista alemana, asesora a Lliuya. Christoph Bals, su director, cree que el caso, que ya ha entrado a su fase final, va a sentar un importante precedente jurídico sobre las responsabilidades de los grandes emisores en el cambio climático.

La demanda de Lliuya exige a RWE –que facturó por valor de 24.500 millones de euros en 2021– asumir el 0,47% de los costes de la adaptación, financiando, entre otras cosas, sistemas de drenaje de la laguna. Esa cifra se basa en un cálculo basado en las emisiones de RWE desde su fundación, hace 124 años. Según un estudio de 2014 del Climate Accountability Institute, entre 1751 y 2010 los mayores emisores han sido Chevron USA (3,52%), ExxonMobil (3,22%), BP UK (2,47%), Royal Dutch Shell (2,12%), ConocoPhillips USA (1,16%), Total France (0,82%) y BHP Billiton Australia (0,52%).

Daños y perjuicios

Va a ser muy difícil, sin embargo, que los países desarrollados indemnicen a nadie. En la cumbre de Glasgow (COP26), no apoyaron una propuesta de países del Sur Global para crear un fondo que financie la protección de poblaciones afectadas por huracanes, incendios forestales, inundaciones y otros desastres ambientales.

Según la plataforma latinoamericana Litigio Climático, en los últimos cinco años se han iniciado medio centenar de procesos legales contra la contaminación de la minería, el petróleo y otras industrias extractivas. Según escribe María Antonia Tigre en el Journal of Human Rights and the Environment, la región está “liderando silenciosamente” una revolución en el derecho medioambiental al plantear que los acuerdos climáticos internacionales –como el de París de 2015– sean vinculantes jurídicamente para los Estados.

 

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