Gregorio Salazar: Periodistas de pie

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Desde los primeros años de su llegada al poder, Hugo Chávez, quien se declaraba «hijo de la libertad de expresión», planteó que los periodistas venezolanos necesitaban «una revolución ética».

Era su manera de propagar que los periodistas venezolanos falseaban la verdad por su alineamiento político contra su gobierno y que por tanto no se les podía exculpar de la conspiración política que él enfrentaba.

Es cierto que importantes medios, sobre los cuales Chávez lanzaba un manto de descreimiento y de descalificaciones y provocaba a editores con amenazas y burlas grotescas, no tardaron en reaccionar. Un sector de ellos se vio arrastrado al torbellino de los sucesos políticos que alcanzaron su clímax el 11 de abril de 2002.

También era evidente que la agresiva retórica de Chávez y su plan de concentrar en forma absoluta y perpetua el poder era abiertamente hostil a la empresa privada y a los medios de comunicación, por lo cual estos se encontraban frente a una doble amenaza, por medios y por privados. No era fantasía. Hoy, muchos de ellos, televisivos, radiales e impresos con décadas de trayectoria de gran peso en la opinión público desaparecieron o han sido reducidos a una mínima expresión.

Bajo esa narrativa, los periodistas resultaban, entonces, tan responsables de cualquier estropicio mediático como los propietarios de medios. Todavía no se asomaba el famoso proyecto, hoy perversamente consolidado, de la «hegemonía comunicacional».

«Los periodistas no son inocentes. Aquí el único inocente es el Niño Jesús», llegó a decir Chávez en una masiva concentración de sus partidarios en la avenida Bolívar. «El pueblo se va a poner más duro y el gobierno se va a poner más duro».

Acto seguido, varios de sus seguidores se lanzaron contra los andamios donde laboraban fotógrafos y camarógrafo hasta ponerlos en fuga. Fue la primera demostración de que el pueblo se iba «a poner más duro» al influjo del implacable verbo de Chávez.

A medida que se fue desarrollando la narrativa del caudillo, sectores periodísticos, entre ellos viejos gremialistas, entraron en diatribas y se alejaron de los gremios históricos de los periodistas, el CNP y el SNTP. Una escisión, diríase, entre éticos y supuestos antiéticos.

 

En una reedición del Código de Ética del Periodista Venezolano hecha por el Ministerio de Comunicación e Información en 2006, se lee: «El falseamiento, la omisión, la aplicación de mecanismos sensacionalistas y amarillistas en el tratamiento de la información así como los que se articulan con la información dirigida, se han enseñoreado en el periodismo venezolano desde manera evidente desde el año 2000».

«Las empresas de medios privados del país han asumido un rol político que no les compete», decían más adelante, «pervirtiendo con su acción la dinámica de las comunicaciones y el flujo de la información vulnerando el derecho de los venezolanos de recibir una información veraz y oportuna».

Han pasado más de tres lustros y volvemos a escuchar el mismo relato el que se pretende colocar a un régimen con un enorme nivel de fracaso y deriva autoritaria como víctima de la confabulación de las empresas mediáticas, cuando en verdad Venezuela exhibe el más esmirriado y desmantelado ecosistema mediático del continente.

Lo más llamativo es que desde el sector de periodistas que reclamaba un ejercicio ético del periodismo, y exigía información veraz y oportuna, no salga una sola palabra, el más mínimo quejido, sobre lo que es el secuestro de los medios públicos, usufructuados a exclusividad por la parcela política del oficialismo, dedicados íntegramente a la propaganda.

No los hemos visto jamás protestar por el continuo cierre arbitrario de medios, la aniquilación de empresas como RCTV y El Nacional, los maltratos a que son sometidos los reporteros por captar un simple registro fotográfico de la realidad, el bloqueo a los portales digitales más importantes. ¿Será que ello no vulnera el derecho de los venezolanos a la información veraz y oportuna?

Ese es el panorama de hoy, en el cual además cual funcionario civil o militar se siente en el derecho de bloquear el trabajo de los periodistas o maltratarlos verbal o físicamente.

Este 27 de junio, Día del Periodista Venezolano, Venezuela puede decir que cuenta todavía con un grupo de profesionales, jóvenes la mayoría de ellos, que siguen batallando en la calle en la búsqueda de la verdad y dejando al descubierto las desviaciones y la fracasada gestión de este régimen, una labor realizada con coraje y que muchos han tenido que pagar con cárcel, juicios o destierros. Para todos los periodistas venezolanos vaya nuestro respeto y solidaridad en su día.

Exsecretario general del SNTP.

 

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