Marina Ayala: El pensamiento mágico

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En una sociedad desintegrada y como consecuencias con seres humanos cada vez más perdidos y desesperanzados no es nada raro que surjan esas ideas sobre nuestro porvenir. Sabemos lo que sucederá y como lograr nuevamente nuestra libertad. Estas ideas van haciéndose cada vez más colectivas y se repiten con la ilusión de conferirles la fuerza de hacerse realidad. Así tuvimos por un tiempo a los marines desembarcando en nuestras costas y ahora la aberrante idea de que “esto se está arreglando”. Lo interesante es el mensaje implícito para quien sepa escuchar. La primera ilusión en la que nos sumergimos conservaba la idea que de este régimen había que salir pero que “solos no podíamos”, no estamos solos hay salvadores prestos al rescate. Una especie de operación Entebbe, un rescate de rehenes por cuerpos israelíes especializados.

La segunda “esto se está arreglando” ya muestra un debilitamiento de fuerzas y una convicción de que viviremos bajo un gobierno autoritario que por suerte al fin nos vio y entendió. Venezuela será la primera nación que bajo una tiranía se convierta en un país modelo con ciudadanos felices. “Venezuela siempre será modelo para el mundo y sus alrededores”, supersticiones que terminan convenciendo que diciendo o pensando cualquier idea esperanzadora podemos alejar la mala suerte y atraer la buena. “La mente con la capacidad de modificar la realidad” si creemos con fe sincera se nos convertirá el deseo en realidad. Tipo de pensamiento que predomina en culturas que conservan la magia como rectora del porvenir. Bajo este tipo de razonamiento es que se predicen los acontecimientos futuros y se cree en tanta superstición anestesiante y distractora.

 

Distraen y causan un alivio momentáneo, pero en muy poco tiempo ocurre lo inevitable, la realidad se hace avasallante y ocurre lo que los hechos determinan. La inflación sigue su curso, los niños siguen muriendo de hambre, se sigue persiguiendo y arbitrariamente sometiendo a los ciudadanos a desapariciones forzadas, la libertad de opinión cada vez mas cercenada, y pare de contar con nuestras calamidades diarias causantes de la infelicidad colectiva. Son pensamientos carentes de lógica, irracionales, supersticiosos que podrían divertir si no fuera tan grave la pérdida de vidas humanas por la insensatez de los gobernantes. No, esto no se está arreglando ni se arreglará hasta que no cambiemos de régimen y nos tomemos en serio la política y la ética. No hay otra forma de trazar un camino y poderlo dirigir al logro de una sociedad más justa, más sensible y más responsable.

Volver a ocupar los sitios que conquistamos con esfuerzo y trabajo sin necesidad de creer que todo lo sabemos. Gente del espectáculo fingiendo ser analistas sociales causan pesar porque muestran lo soberbios y errados que se pueden mostrar. Duele porque lo que creíamos valores de nuestra sociedad se comienzan a desdibujar y nos sentimos cada día mas derrotados, sin referencias de integridad. La risa y el divertimento son fundamentales para la solidificación y configuración de las comunidades, pero no todo da risa, ese es precisamente el arte del humorista. “Pensamos, existimos y sentimos en la misma sintonía en que reímos y vivimos” pensaba María Zambrano, en este país dejamos de reír porque dejamos de vivir. Por lo tanto, nada se está arreglando, al contrario, cada vez más desarreglado y todo fuera de lugar. Humoristas vuelvan a sus escenarios y usen su ingenio para lograr nuevamente la risa y la vida de las comunidades a las que se deben, no se pongan a improvisar porque lo hacen muy mal y causan dolor.

 

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