Pedro R. García: La corrupción desde la Dexiología o ciencia de la mordida II

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Una acotación necesaria…

“El liberalismo moderno, influenciado por la filosofía evolucionista, vistas las narraciones del Génesis del origen del hombre como mitos y encuentra que la doctrina de la justicia original, a pesar de estar bien carece de significado. La Neo-ortodoxa, también rechaza un estado literal, primitivo de la justicia en la historia humana, pero se encuentra con el concepto de la justicia original sigue siendo válido e importante. Se refiere a la “naturaleza esencial”, el hombre es el Dios-la ley de creación del hombre verdadero ser (la ley del amor), de pie en contradicción con el pecado del hombre, la naturaleza existencial (Brunner y Niebuhr). Justicia original es la de que el hombre está vagamente consciente a través de su propia trascendencia, y de la que inevitablemente ha caído a través del uso equivocado de la libertad”.

“Ya en el siglo pasado, José Esteban Echeverría Espinosa escritor y poeta argentino, que introdujo el romanticismo en su país. Perteneciente a la denominada Generación del 37, autor de obras como (Dogma Socialista, La cautiva y El matadero, nos enseñaba): “la perfección moral es la virtud. Que consiste en la devoción incesante, en la práctica fiel de los deberes que no impone a ley moral o divina. Porque para ser hombre de bien no basta con cierto número de acciones buenas. Para ser virtuoso no basta abstenerse de obrar el mal es preciso buscar las ocasiones de hacer el bien. No importa tener sentimiento de benevolencia, es necesario manifestarlos ejerciendo la caridad con el prójimo. No importa amar a la patria, sino pudiendo hacer por ella toda clase sacrificios: no hay virtud sin abnegación ni sacrificio, ni habrá lugar a la prueba y al sacrificio permaneciendo en la inacción. Solo es digno de alabanza el que penetrado de su misión está siempre dispuesto a sacrificarse por la patria, y por la causa sagrada de la libertad, la igualdad la fraternidad de todos los hombres”).

“Ninguna autoridad sobre la tierra es ilimitada, ni la del pueblo, ni la de los hombres que se dicen ser sus representantes, ni la de la de los reyes, cualquiera sea el titulo por el que reinen, ni la de la ley, la cual no siendo más que expresión de la voluntad del pueblo o el príncipe, de acuerdo con la forma de gobierno, debe estar circunscrita a los mismos limites que la autoridad emana”

“Los límites están trazados por la justicia y los derechos de los individuos. La voluntad de todo un pueblo no puede convertir en justo lo que es injusto. Los representantes de una nación no tienen derecho a hacer lo que ni siquiera la nación puede hacer”

Ubicando algunas pistas…

El lector quizás piense que ahora se alude a un pasado yerto, a una evolución remota que carece de nexos con la actualidad, pero no podemos pasar por alto que somos culturalmente la continuidad del proceso español “amestizado”, cuyas cadenas solo se romperán después de una ardua faena, especialmente si la alianza se fragua durante una cohabitación fundacional. Venezuela se forma dentro del amancebamiento que ha sido objeto del texto, suceso que hace pensar en cómo se resiste a morir en la posteridad, ver como resucitan oportunamente los difuntos para marcar el rumbo de la vida y es cómo conviene su reconstrucción para el entendimiento de las vivencias posteriores, sin historia tendríamos una Patria sin pasado y un Estado sin soportes en el tiempo, entonces careceríamos de perpetuidad por faltarnos anterioridad. Los hombres producen descubrimientos mientras el tiempo corre, pero en ocasiones las mismas acontecen en la superficie de las sociedades, sin ocuparse de las mutaciones medulares. Para un análisis de un asunto tan evidente y masivo como la corrupción que impera y ha prevalecido entre nosotros, incapaz de provocar las ronchas que causarían en la piel de otras sociedades, por eso es necesario procurar afinar los juicios futuros sobre el resultado de la investigación crítica y no sobre apreciaciones arbitrarias de otros. Se puede diferir en la estimativa de las circunstancias, pero no se puede erigir un sistema sobre hechos falsos. La corrupción es un fenómeno que se conforma como un crimen contra el Estado y cada uno de sus miembros: los gobernantes y los ciudadanos; lo público y lo privado; el individuo y el colectivo. Las metáforas no sirven, por lo tanto, para aproximarse a la multiplicidad de elementos que influyen en un delito del cual conocemos muchas cosas y que, sin embargo, se vuelve inasible, difuso en números, actores y víctimas. De ese delito conocemos las víctimas, pero en un sentido general e impreciso: todos nosotros. Identificamos las oportunidades, el lugar donde se perpetró, los motivos de los sospechosos usuales. Podemos estimar la cuantía del botín, conocer los “modus operandi”, detectar los mecanismos utilizados e incluso sospechar con fuerte convicción de algunos posibles más o menos responsables. Por eso la corrupción es un fenómeno del cual podemos describir el estado del sistema, antes y después, pero no yegamos a comprender lo que pasa, pues siempre resulta diferente a lo que la lógica analítica permitiera esperar. La caja negra es el sistema de procesamiento de esos delitos, el régimen de salvaguarda del patrimonio público. La corrupción existe si hay un sistema que la note y la nombre; mejor aún si es yevada a juicio y se encuentra el responsable y la culpa.  Si fiscal aproxima a un delito común de forma analítica puede proceder perfectamente según el manual de investigaciones básico, hay un autor del crimen, con sus motivos y propósitos; una víctima y una magnitud del daño; un bien afectado, un instrumento del delito, un botín, una oportunidad y unas leyes que permiten juzgar las acciones de los hombres en función de esos indicios, puede que no se encuentre nunca al criminal, pero quedan claros algunos de los demás elementos del suceso. Con los delitos de corrupción, no hay decisión y queda apenas un sentimiento difuso de los daños, el saqueo, los instrumentos del delito. Una madeja intrincada; un fenómeno. Lo más paradójico es que resulta siendo un delito sin víctimas ni agraviados. Quizás ese sea el gran problema de la lucha contra la corrupción que en última instancia no hay víctimas. Como el bien malversado no pertenece a alguien en particular, entonces no hay daño real ni se le puede atribuir a algún responsable.  Los culpables terminan libres, ricos y en uno de los más grotescos actos de cinismo, respetados y celebrados por nuestra hipócrita sociedad.  Por eso, para que la lucha contra la corrupción tenga posibilidad de obtener algunas victorias, es necesario un ente, un sistema, una institución, diseñada con la participación real del país, que asuma como persona la propiedad y la responsabilidad del bien público. Cada uno debe entender esa propiedad no como persona particular, sino como ente colectivo, como público. Es necesario que haya personas que asuman esa misión, siguiendo la sabia orientación del maestro Simón Rodríguez y sientan el interés público como si fuera propio; no habrá control de la corrupción, ni habrá siguiera corrupción, sin agraviados no hay delito.

 

Tendencias constantes…

Si se estudia el flagelo de la corrupción y el correspondiente desarroyo de un sistema de salvaguarda desde 1958, encontraremos algunas tendencias constantes y un cambio violento, que sin embargo no parece variar, por el contrario, tiende a agravarse, salvo puede observarse ciclos que dependen generalmente en los tiempos electorales o de finalización de períodos gubernamentales, cuando se atizan las denuncias de corrupción. El intenso desarroyo normativo. La multiplicación de instrumentos legales en contra de la corrupción, ha sido también tendencia progresiva en estos últimos 50 años. No solo observamos dos códigos penales e innumerables reformas, también observamos varias leyes de responsabilidad administrativa, o contra el enriquecimiento ilícito, infinidad de códigos y reglamentos internos de cada dependencia y de la administración pública en general.  Las normativas definen y diferencian, las diversas manifestaciones delictuales como, malversación, desvío, apropiación, concusión o simple y yanamente robo; intentan dictar códigos de ética al funcionario público y establecen sanciones y penas que no parecen ser castigo suficiente para disuadir el incentivo de la corrupción, que aumenta en niveles que produce pavor. Lo que si logran con todo este entramado normativo es hacer casi imposible la gestión eficiente del gobierno. Más bien se produce una complejización de las relaciones entre la multiplicidad de actores y estructuras que intentan combatir contra el fenómeno y la aparición de factores exógenos al sistema de salvaguarda, que desvían la “lucha” contra la corrupción hacia otros objetivos distintos a sanear la administración pública.  Factores políticos, intereses económicos, el poder mismo, se convierten en motivos tan importantes en el delito de corrupción como pueden ser importantes las razones de los delincuentes en el estudio del crimen común. El incremento de la corrupción en magnitudes de MMM$.  Esta es casi de perogruyo, puesto que los valores de la economía. Se han multiplicado por todas esas EMES, durante estos años. Pero también en cifras relativas, las magnitudes de la corrupción crecio en proporción positiva con respecto a los ingentes ingresos petroleros. Cuanto más dinero, más corrupción. Es una relación sostenida en estos años, podría postularse casi como una generalización bastante probable: ¡cuanto más hay, más roban!

Intento de Cambios…

En 1998, durante la segunda presidencia del inefable Dr. Rafael Caldera, se promulga el Código Orgánico de Procesamiento Penal, que produce un giro de 180 grados en la concepción de la defensa y acceso a la justicia para los venezolanos. Pasamos de un esquema de Derecho inquisitivo a un esquema de Derecho acusatorio, que más que un cambio de procedimiento es un cambio sustancial paradigmático, respecto a la aplicación de justicia y nuestra participación ciudadana en su dinámica, este cambio, considerando un avance positivo en la concepción de la distribución de la justicia, tendría efectos contrarios, tanto para el mismo COPP, que pretendía mayor participación ciudadana, como para la lucha anticorrupción. El cambio se reflejó en las normas, los actores, las políticas y muy especialmente, en la misma estructura y dinámica del sistema, por la eliminación de la jurisdicción especial que había tenido Salvaguarda desde 1983 hasta 1998.  La Constitución del 1999 reflejaría los mismos principios que inspiraron al COPP: publicidad como la justicia, el protagonismo del Ministerio Público como actor principal en el proceso acusatorio y la participación activa de los ciudadanos (jurados, jueces, escabinos, comités de postulaciones); manteniendo además, la eliminación de la jurisdicción de Salvaguarda y añadiendo una especie de poder Moral, el Poder Ciudadano, de complejo y defectuoso diseño constitucional que tendremos que reformarlo o eliminarlo eventualmente. Cuando en 1999 asume el gobierno el Presidente Hugo Chávez y su “movimiento revolucionario”, el cambio de la norma fundamental que sería aprobada por referéndum para finales de 1999, adelantan un acelerado proceso de desmontaje de todas las instituciones que formaban parte del andamiaje que pretendía combatir la carcoma de la corrupción. Podemos apreciar rápidamente, en estos cuadros y diagramas comparativos, cambios en el reparto de los actores, normas y sus consecuencias jurídicas y el giro que da la política pública contra la corrupción. Hay una cantidad de sugestivos diagramas que revelan el cambio sufrido por el sistema y sus dinámicas funcionales al entubarse la acción de combate de la corrupción a través de la Fiscalía. En los años de Democracia se entendía la corrupción como un mal que había que combatir y a pesar de la permisibilidad de los tribunales especiales, se desplegaba un sistema dinámico de denuncias yevadas adelante por múltiples actores, voceros de la oposición partidista, comunicadores sociales, investigadores independientes…ejercían la denuncia contra el funcionario público. Con el advenimiento de la “revolución”, se entendió la corrupción como una enfermedad congénita e incurable que sólo se erradica eliminando las instituciones gangrenadas. El Estado constituido, en oficio, el que ejerce la acción exterminadora sobre sus propias instituciones.  Es asunto, por tanto, del Estado vs. La Sociedad Política.  En el campo de la política real con el nuevo marco normativo, la función expresa de la acción de Salvaguarda (prevenir, responsabilizar, perseguir y sancionar: LOSPP 1982: Art. 1), depende caso que exclusivamente de la voluntad del Ministerio Público, titular y protagonista por excelencia de la acción penal en delitos contra la Cosa Pública. (COPP 1999: Art.11). Desde el punto de vista del sistema político venezolano acostumbrado en su tradición del acuerdo de conciliación de Elites (Pacto de Punto-fijo) a repartir las figuras del contralor y el fiscal entre los partidos de gobierno y oposición, el protagonismo del Fiscal adquiere especial relevancia estratégica. El fiscal selecciona ahora cuáles casos yevar adelante, decide cuáles personalidades públicas de alta jerarquía acusara ante el tribunal Supremo de Justicia. Sí el Fiscal fuese realmente independiente, autónomo y estuviese al servicio de los ciudadanos, como lo pretende la nueva Constitución al variar la forma de elegirlo, entonces los ciudadanos tendríamos en él a nuestro más fuerte aliado frente a esta hidra de mil cabezas que amenaza con desintegrar al país. “La corrupción Administrativa”, frente a la mirada cómplice de los demagogos de turno. Tenemos para “suerte” en el país de tener un Fiscal que anda en el afanoso empeño de entender los términos técnicos jurídicos, acuñados por los códigos y leyes penales y que no alude a otros procesos de diferentes dinámicas-físicas, orgánicas, anímicas que nos puedan servir de modelo para la comprensión de semejante desvarío, pero además es poeta lo que podría ayudar por aqueyo de que lo sutil esta en lo crítico, necesitamos más que un fiscal, un analista profundo, libre de prejuicios, un sentidor, un explorador de cosas y de conciencias, un alquimista de la sensibilidad y a veces un fantasma que se introduzca por los poros de la naturaleza, hasta el fondo esencial y hasta la causa primera, descubriendo el gesto, la intención, el pensamiento esquivo de cada parte y del todo, es decir de la beyeza, la verdad, la poesía y la justicia.  La grande y la íntima que duerme como la Diosa Neith en el regazo de la forma ideal.

La inmortalidad solo abre media hoja de su puerta estrecha y deslumbrante.

pgpgarcia5@gmail.com

 

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