Paulina Gamus: Son mujeres

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Sería lamentable llegar a la conclusión de que es posible escribir sobre la estupidez del hombre un libro más voluminoso que sobre su sabiduría. Paul Tabori, Historia de la estupidez humana.

Nunca tan oportuno un artículo que pone en contexto la postura de las nuevas corrientes feministas; como el caso que expone a las mujeres a quizá perder, a mediano plazo, los logros conquistados con esfuerzo durante muchos años para que fueran valoradas, al igual que el hombre, por su capacidad intelectual y laboral. ¿Por qué quieren victimizar un rasgo tan propio de la femineidad de la mujer?, y hasta algunas pretenden borrar la denominación del género femenino, ¿habrá solo hombres y no mujeres? Personas somos todos, pero parece que aquello de la “solidaridad femenina” está jugando en contra en los parlamentos de España y Chile.

Debo confesar que mi feminismo quedó anclado en los reclamos por la igualdad de derechos, por igual salario para igual trabajo; es decir, igualdad absoluta ante la ley y de oportunidades laborales y políticas. Pero ahora, ya en el ocaso de mi vida y de mi limitado feminismo, descubro que las que creía eran las aspiraciones femeninas por las cuales luchar, pertenecen a una llamada

“primera ola feminista”. La segunda ola la encabezaron Simone de Beauvoir y otras de sus mismas ideas, que privilegiaron el éxito y la realización personal de las mujeres por encima de la maternidad. Fue una generación de madres frustradas. Y así llegamos a una supuesta tercera ola en la que feministas institucionales como la ministra española de la Igualdad, Irene Montero, descubren que las mujeres que tienen la regla y mientras la tengan, son seres desamparados, minusválidos, que requieren permisos pagados por el Estado para ausentarse del trabajo todo el tiempo que les tome superar algo tan propio de la feminidad, desde que Eva metió la pata en el Edén, como es menstruar. Ya veremos cuántas mujeres se atreverán a asumir su discapacidad mensual sin temor a perder su empleo. O peor aún, cuántas mujeres dejarán de ser contratadas porque significan una pérdida de horas laborales para sus empleadores.

Copio este texto del proyecto de ley español con las preguntas que algunos medios se hacen: “Bajas temporales especiales para reglas incapacitantes, es decir, que no permitan hacer la vida habitual, como también lo son las que se dan por embarazo de riesgo”. En el anteproyecto se denominan menstruaciones incapacitantes secundarias.

¿Cómo están previstas en el anteproyecto de ley? Como bajas para las que no es necesario tener días previos de cotización y pagadas desde el inicio por la Seguridad Social; los empresarios no se harán cargo de ese coste en ningún momento.

¿Cuánto durarán? No tienen límite de días, ni mínimo ni máximo, ni tampoco un número de veces al año. Cubrirán el tiempo que cada mujer necesite, tanto si son ocho horas, como un día o tres, y tanto si son cuatro veces al año como una o 10.

¿Cómo propone el Ejecutivo que sea este proceso? Igualdad (la ministra) explica que esta incapacidad temporal funciona como cualquier otra. En primer lugar, hará falta un diagnóstico médico por un especialista de ginecología. En un correcto funcionamiento del sistema, cualquier adolescente debería acudir al especialista con la menarquia, la primera regla – tanto si son reglas que pasan sin muchas complicaciones como las que sí las acarrean-, y acudir anualmente para una revisión y control médicos.

Ni Google ha podido aclararme si ya existe la ley chilena que omite o elimina el término mujer y lo sustituye por “persona menstruante”. Hay una polémica en las redes sobre si es verdadero o no el uso de ese término sustitutivo. Aparentemente lo real es esto: “Proyecto de Ley para la Promoción, Resguardo y Garantía de los Derechos Menstruales de las Personas”. En su artículo 2, dice: “Se considera como productos de gestión menstrual a las toallas higiénicas -descartables y reutilizables-, los tampones, las esponjas marinas menstruales, los paños absorbentes lavables, la ropa interior absorbente, las copas menstruales y a todo producto de contención apto para su utilización durante la menstruación”.

El que la Ley no hable de personas menstruantes no hace menos grave que se omita la palabra mujer y se sustituya por persona. No estoy enterada, lo confieso, si en las distintos tiposde orientación sexual que hay en la actualidad existen otras personas menstruantes además de las mujeres.

Como estas ocurrencias supuestamente progresistas provienen de ideologías que se autoproclaman de izquierda, no debería extrañarnos que alguna diputada de la Asamblea Nacional dominada por el oficialismo quiera copiar a sus pares españolas y chilenas. Si eso ocurriera y si en Venezuela existiera una justicia confiable, recordaría que alguna vez fui abogada (además de menstruante) y demandaría la nulidad de una ley que privilegie a un sector de las mujeres de este país e ignore a un importante y sufrido segmento: las menopaúsicas. Es cierto que las reglas mensuales pueden ser muy dolorosas, incluso paralizantes y con consecuencias de cuidado en mujeres que padecen endometriosis. Pero, ¿cómo omitir los trastornos que provoca la menopausia? Esa etapa comienza en las mujeres casi siempre a partir de los 45 años, pero los cambios y trastornos pueden empezar mucho antes: Menstruaciones más o menos duraderas, más o menos profusas, con más o menos tiempo entre los períodos. Calorones, sudoración nocturna, insomnio, sequedad vaginal, cambios de humor, dificultad para concentrarse, menos cabello y más vello facial. Agreguemos riesgos de padecer enfermedades del corazón, osteoporosis y cáncer de seno.

No podemos omitir un hecho que cada día es más frecuente: La menopausia de las esposas que casi siempre coincide con la andropausia de sus maridos, es el momento en que muchos de estos deciden dejar a la cincuentona y buscarse una persona menstruante de la edad de sus hijas.

Leo en la ley chilena la descripción de todos los implementos que usa una persona menstruante y recuerdo la vergüenza de mi adolescencia cuando debía ir a la bodega cercana y comprar una caja de toallas sanitarias. Los bodegueros, creo que de manera aviesa, la envolvían en una bolsa de papel tan ajustada que a leguas de distancia se revelaba el contenido. Ni hablar del terror a la mancha menstrual en aquellos uniformes blancos del Liceo Andrés Bello. Fueron tiempos de mucha autorepresión. Luego logramos la naturalidad para hablar del tema, pero estas comunistoides españolas y chilenas se pasaron de la raya. Quisiera poder verlas dentro de unos años cuando sean unas comunes y desasistidas menopáusicas.

 

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