Crisanto Gregorio León: El demoledor de la ética

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El Coronel psicópata

La ética es saber la diferencia entre lo que tienes derecho de hacer y lo que es correcto hacer. Potter Stewart.

Expresó Elena de White : “El mundo necesita: hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas , hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde, hombres que no se vendan , ni se compren, hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos”.  ¿De estos hombres cuántos hay en la institución que parasita el Coronel psicópata?  Lo que hay es una huelga de virtudes y de principios éticos.  Como que a muy pocos en sus casas y en sus hogares les inculcaron decencia y valores cívicos. Porque apenas el Coronel narciso estornuda su característica  indecencia y a muchos les da el virus de la corrupción. Y son tantos los síntomas y tantos los contaminados que cualquier inventario quedaría incompleto. Por cierto, todo el tiempo incompletan los inventarios de la institución,  son unas lacras sociales. Es que el Coronel  felón,  narciso, licántropo y voyerista es un psicópata experimentado en el vicio de la corrupción, en corromper y en  forjar corruptos. Y en la institución los que son sinvergüenzas no aguantan dos pedidas, para involucrarse en corrupción. Todo el tiempo andan monitoreando cómo hacerse vil e ilegalmente de dólares a costa de los usuarios.  Porque la personalidad narcisista o antisocial es más propensa a corromperse y a corromper.

Hay quienes abierta y conscientemente, se instalan al servicio de la corrupción; mientras otros desde la pasividad que da la omisión contribuyen de igual modo a que este flagelo acabe con la decencia, la honestidad y los buenos propósitos, porque ambos se suman a la indolencia por la institución y a la protección a ultranza del corrupto Coronel psicópata y de sus adeptos monos voladores, sin mayores explicaciones que el capricho que otorgan intereses inconfesables con las gríngolas de la desvergüenza. ¿A quiénes nos podemos referir, a cuáles y a cuántos monos voladores?  Dime con quién andas y te diré quién eres y de los cinco más caraduras de su anillo de corrupción, sabemos quiénes son sus cómplices y todos tienden a asemejarse cada vez más. Toda vez que somos la media de las cinco personas con las que andamos.

Por sus rasgos de personalidad narcisista y antisocial, la bruja malvada personificada en el Coronel psicópata es el  más propenso a la corrupción, de hecho es el más descarado corrupto y ladrón que ha pasado por la institución. De él «piensa mal y acertarás»  dicho por su propia boca y así lo aplica cuando quiere destruir a sus víctimas, sin derecho a la defensa, sin la presunción de inocencia, es déspota y morbosamente cruel  para con sus presas, pues es un depredador social. Pero ninguno de sus cómplices, colaboradores, coautores y encubridores que ha sido denunciado ante él, por haber sido sorprendido in fraganti, ha sido sancionado, ni por él ni por Sussana, aunque esto es entendible por el síndrome de hibristofilia, todo se lo debemos a Money. El mayor error es denunciar a los delincuentes ante el jefe de la banda sin saber que es el Jefe de la banda, creyéndolo probo y recto. Por eso no se acaba el círculo vicioso. Denunciar ante la persona equivocada es la mayor trampa a la decencia, a lo correcto, es una calle ciega donde se choca y se tropieza sin encontrar la salida. Por eso fracasamos, por  la protección que le brinda la concepción incorrecta del amiguismo: la impunidad de sus actos.

El psicópata tiene enfoque en robar,  en corromper y en esta actividad delictiva el Coronel felón narcisista está experimentado. La corrupción es un fenómeno de tentáculos inesperados, de movimientos certeros en la dirección de apropiarse al máximo posible de lo que no se obtiene por medios lícitos; cuya permanencia y eficacia obedece al celestinaje oculto bajo el ropaje de la seudo honestidad y el fingido buen juicio. ¿Cuántos a todo evento trafican con la hipocresía  en la institución y son firmes con la depravación moral? Desde luego que son tantos que la institución «apesta». Siempre hay personajes enmascarados, a los que no se les puede llamar ciudadanos, porque les queda grande el tratamiento. Unos porque son los que traman la corrupción y otros porque la protegen, y en ese desenfreno vienen siendo lo mismo. Y en una especie de reingeniería de la corrupción, sus brazos o tentáculos, como sus ventosas se adhieren a la pasividad en la práctica del latrocinio del que no quieren desde luego que se diga ni se haga nada, porque no les conviene. Porque se les acabaría el negocio. Con estos personajes, la gente digna que creció con principios y valores morales, queda estupefacta al darse cuenta que quienes en la administración pública se dedican a estas tropelías en contra de lo decente  y lo íntegro, dan el peor ejemplo a la niñez y a la juventud, pervierten a las generaciones de relevo  y decepcionan a la sociedad de la cual se  burlan.

 

Recuero al Presbítero Adrián Setién Peña , el que fuera mi profesor de historia de Venezuela , quien advertía que cuando alguien se robaba algo o hacía algo indebido y muchos se enteraban y nada decían o nada hacían para evitarlo o para acabar con eso , la única explicación : todos eran cómplices. De igual forma cuando no encontramos explicación razonable ante la actitud irrazonable de alguien, la única respuesta es el dinero, el sexo o las drogas. En efecto, la complicidad en la institución es aberrante. Son tantos los actores  involucrados  en los negociados intra y extramuros que el Coronel psicópata y sus monos voladores encontraron  «la concha perfecta», convirtiendo en burdel una institución que nació con una superlativa filosofía y la han sodomizado.  Pero son tan frágiles los principios éticos y morales de quienes cometen corrupción y permiten este lodazal inmoral y de los que se dejan corromper, que sus progenitores, representantes, maestros y guardadores  fracasaron en su crianza y educación. Seguramente vinieron de hogares corruptos con padres y madres delincuentes, porque no puede ser otra la explicación. Son gente de mal vivir estos monos voladores, quienes junto a su Jefe el coronel psicópata, son analfabetas espirituales.

Son muchos los pasos, las fases y demasiadas las verdades que se deben decir y las acciones que se deben tomar para erradicar la corrupción de la institución, así cada cual desde su trinchera ha de aportar lo que a bien tenga, lo que a bien pueda y con su más profunda convicción de lo que es correcto en obsequio a la construcción de un mundo mejor para todos, especialmente para los inocentes que se quedarán en la tierra a lo que los protagonistas de esta corrupción mueran. Por ejemplo a los inocentes sobrinos de Ananás o la descendencia del psicópata que anda huyendo de las aberraciones de su padre, porque se cansó y quiso marcar distancia. A las bellas criaturas  del cónyuge de Sussana que desconoce la hibristofilia de su mujer. Dejen un mundo mejor para sus inocentes descendientes que no son culpables de las perversiones de sus padres. Piensen en sus nietos, que seguro a ustedes no les gustaría que ellos se codearan con gente corrupta, de doble moral que los embauquen en la vida. Fíjense en la huella que dejan.  En una palabra sean virtuosos les diría Gracián, pues la virtud lo resume todo.

«La virtud es la cadena de todas las perfecciones, es el centro de la felicidad. La virtud convierte al hombre en prudente, discreto, sagaz, cuerdo, sabio, valeroso, moderado, íntegro, feliz, digno de aplauso, verdadero;  es decir, un gran hombre en todo. Tres eses traen la dicha: santo, sano y sabio. La virtud es el sol del pequeño mundo llamado hombre; el hemisferio es la buena conciencia. La virtud es tan hermosa que consigue la gracia de Dios y la de la gente. Nada hay que amar más que la virtud, ni nada es tan aborrecible como el vicio. La virtud es cosa de veras  y de burlas todo lo demás. Hay que medir la capacidad y la grandeza por la virtud y no por la suerte. La virtud se basta a sí misma. Ella hace al hombre digno de ser amado, cuando vive, y memorable una vez muerto». No te confundas si consigues espejismos de esto sin virtud, porque todo sería falsedad,  porque serán oropeles como las medallas sin honra que tiene el Coronel psicópata, que no han sido por virtud sino por corrupción, porque por ningún lado se le divisa el honor.

Seguramente habrá quien se sienta reflejado en estas letras , por incauto , por honesto o por corrupto , pero en todo caso , lo importante es que para bien o para mal , sepan que hay mucha gente que no es tonta , que está conteste de que el Coronel psicópata  es corrupto y que sus monos voladores son tan corruptos como él,  que se les está observando, que su comportamiento los delata , que su desvergüenza los deja en evidencia y que su seudo fortaleza solo la consiguen en Satanás  y en quienes les acompañan en su latrocinio o en quienes ciertamente no han atisbado su modo de operar.  Pero los ambages en la lucha contra la corrupción son justificaciones inexcusables que mantienen sumido a cualquier país en la desolación que da la indolencia, en la pestilencia que desprende la complicidad insana.

La perversión y la corrupción se disfrazan casi siempre de ambigüedad; Ppor eso la ambigüedad no me gusta, ni confío en ella. John Wayne.

Profesor Universitario / Abogado / Periodista / Psicólogo / Escritor – crisantogleon@gmail.com

 

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