Rafael Fauquié: ¿Una poética de la enseñanza?

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La poética de la enseñanza comienza por reconocer la importancia de las voces con que el maestro se comunica con sus estudiantes: cercanas a la vida, capaces de ahondar en temas relacionados con la autenticidad, la honestidad, la perseverancia, la solidaridad, el sentido común… Se trata de relacionar lo dicho con la manera de decirlo; de acercar la información ofrecida con elecciones de vida, principios y valoraciones, perspectivas y compromisos… Y, desde luego, se tratará siempre para el maestro de hacerse entender a través de una elocuencia que relacione un porqué ético con una expresión poética. Y siempre será poética la pregunta por el hombre, la incertidumbre cediendo paso a las respuestas creadoras, la solidaridad como convicción y propósito, la transparencia moral, la fe en la condición humana…

Nunca podría dejar de relacionarse la poética de la enseñanza con un sentido esperanzador. Ningún maestro puede perder la esperanza en su capacidad para provocar alguna forma de superación en sus estudiantes. Suele decirse que el maestro debería ser optimista ante su esfuerzo. Más que de optimismo, prefiero hablar de esperanza. Será ella la que le permita creer en su cometido, perseverar en la fructífera comunicación de sus mensajes.

No solo en relación a la enseñanza: pienso que en cualquier propósito humano, en todo esfuerzo al que nos entreguemos apasionadamente, debería existir la necesaria compañía de la esperanza: sentimiento que nos diga que nuestra labor está destinada a trascender, que nuestros  esfuerzos serán recompensados y que la expectativa de esa recompensa los justifica.

 

Esperanza: imposible renunciar a ella. Nos pertenece en la medida en que sepamos alimentarla. Se relaciona con la más necesaria de nuestras actitudes: la autoaprobación. Es impulso, orientación y apoyo. Como ímpetu o aliciente, nos anima a proseguir esfuerzos y a concretar propósitos. Solo la esperanza nos permite creer y nos impulsa a querer. Ella solo es posible en la acción. Carece de sentido en la vaga ilusión o en la pasiva espera.

Escoger la esperanza y escoger decirla. ¿En qué apoya el maestro su esperanza a la hora de comunicar pensamientos y convicciones? En una poética que lo lleve a nombrar cuanto le resulte imprescindible valorar y hacerlo de la manera más contundente y exacta.

 

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