Alfredo Michelena: Ucrania y el fin del multipolarismo

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Estar al borde de la tercera guerra mundial, que al igual que las dos anteriores se desarrollaría en el hemisferio occidental, debe llevarnos a reflexión.  La invasión rusa a Ucrania ha cambiado el mundo tal como lo conocíamos.

No importa si esta injustificable invasión termina con una Rusia ocupando a Ucrania, o en un triunfo ucraniano, o quizás en unas negociaciones que obligaran a Ucrania a ceder soberanía. Rusia ha perdido el prestigio y la confianza que había ganado luego de la caída del muro de Berlín.

Pero más grave aún es que el entramado mundial creado post Guerra Fría, donde los distintos autores se adaptarían al juego de la competencia en lo económico y en lo político, pudiera haberse roto. La Rusia de Putin ya no puede verse como una potencia que respeta el juego político y económico del mundo.

Ahora Rusia es el enemigo a derrotar por el mundo occidental y más allá; y por más que la guerra de ocupación termine, cualquiera que sean los términos, Rusia será siempre el agresor. La prueba ha sido las recientes resoluciones en Naciones Unidas, Asamblea General y en el Consejo de Derechos Humanos.

¿Es que esta Rusia imperialista, es sólo un enemigo circunstancial? ¿Es Putin una perversa excepción y Rusia podrá ser un país colaborativo en el escenario mundial?  Es que, si es algo casuístico, muchos pensarán que basta con cerrar los ojos y esperar a “ver el cadáver del enemigo pasar” -el problema es que la última vez hubo que esperar 60 años. La desaparición de Putin no asegura un cambio si el “putinismo”, como el deseo ruso de reconstruir el imperio perdido, se mantiene. El fin de la historia de Fukuyama no se ha dado. El capitalismo no cambió a China en democracia ni la “democracia” a Rusia en capitalista.

La invasión a Ucrania movió las placas tectónicas de las relaciones geopolíticas del mundo. Rusia se ha presentado como un país imperialista agresivo, que no puede aceptar que su vecino ejerza su soberanía y decida unirse a un bloque distinto al que Rusia quiere formar en su desatino imperial.

 

La invasión puso sobre la mesa de nuevo lo que se creía superado: la Guerra Fría, con su componente de ojivas nucleares y todo. Claro, ya la máscara del “Comunismo vs Capitalismo” ha desaparecido, ahora el imperialismo se ha desideologizado y se presenta desnudo, con todo su descarnado poder.  La disyuntiva ahora parece ser entre “Democracia y Autoritarismo”, como lo demuestran los líderes populistas/autoritarios  del continente que han decidido apoyar la invasión directa o indirectamente, y van de la izquierda a la derecha e incluyen desde el derechista Bolsonaro hasta el castrista Diaz-Canel en Cuba.

Si los distintos gobiernos de América y en especial EE.UU. no entienden que Rusia es un peligro para las frágiles democracias en este hemisferio, los rusos habrán ganado esta mano, aunque sus aspiraciones en Ucrania no se cumplan en su totalidad.

Y la ganarán como lo hicieron en 2014, cuando tomaron Crimea, y occidente, el mundo democrático, miró hacia el otro lado y no enfrentó con firmeza esa invasión rusa. Como no ha enfrentado la presencia rusa – y china- en la región.

EE.UU. y Europa han perdido prestigio e influencia en Latinoamérica. No ha habido nada que disuada a Rusia, China y sus camaradas de seguir aumentando su poder en el continente. La potencia continental no se ha empeñado, ni siquiera, en términos de una simple competencia – política y/o económica-, en volver a ser el socio internacional preferido del continente.

Es que cada día aparece más claro que una renovada Guerra Fría está en progreso. Ella divide al mundo entre las grandes potencias internacionales, una, cuya fuerza es su democracia y sus avances tecnológicos; otra, estatista y autoritaria, que se juega como la gran fábrica del mundo; y una tercera autoritaria y guerrerista, que quiere basar su poderío sobre sus bayonetas y lo que es peor, sobre sus ojivas nucleares. Poco a poco será imposible no alinearse, en especial luego de esta despiadada invasión.

Tratar de jugar al multipolarismo con esta Rusia “putinesca” en el juego geoestratégico, es un gambito muy peligroso. Y sobre China, ya veremos cómo intentará surfear este tsunami.

 

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