Eduardo Robaina: ¿Qué peligro representan las centrales nucleares de Ucrania?

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Preguntamos a diferentes especialistas sobre la situación en que se hallan las centrales que han pasado a ser controladas por el Ejército ruso y sus trabajadores.

«Extremadamente tensa y desafiante». Así ha calificado esta mañana Rafael Mariano Grossi, director General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), lo ocurrido en la central nuclear de Zaporiyia (Ucrania). Durante la noche, las tropas rusas comenzaron a atacar la zona, y tras un enfrentamiento con la Guardia Nacional ucraniana, esta mañana se ha confirmado que el Ejército ruso tiene el control mientras el personal ucraniano presente sigue al mando de las operaciones.

En el transcurso del enfrentamiento, un proyectil «procedente de fuerzas rusas» -según contó el director de la OIEA- impactó contra un edificio de entrenamiento en las inmediaciones de una de las unidades de reactor de la central, lo que produjo un incendio que fue extinguido por los bomberos a lo largo de la madrugada. La OIEA ha confirmado que dos empleados de la central resultaron heridos, y según el operador de energía nuclear de Ucrania (Energoatom), “desafortunadamente hay muertos y heridos entre los defensores ucranianos de la central”.

En un primer momento se temía que fuera en algunos de los seis reactores de la central, con todo los peligros que esto puede suponer. Finalmente no ha sido así, pero son muchas las dudas (y, sobre todo, inquietudes) que surgen tras este episodio.

La central más grande de Europa

La central de Zaporiyia fue construida entre 1984 y 1995. Situada en Energodar, ciudad junto al río Dniéper, queda a unos 550 kilómetros al sureste de la capital de Ucrania, Kyiv (Kiev). Es la mayor central nuclear de Europa y la tercera del mundo, tal y como recoge El Orden Mundial (EOM).

Es capaz de producir un total de 5.700 megavatios. Acorde a Energoatom, la instalación representa en torno a una quinta parte de la producción media anual de electricidad en Ucrania. Actualmente, más de la mitad de la electricidad de este país procede de la energía nuclear.

De los 15 reactores que hay en Ucrania, seis están en la central tomada de Zaporiyia. Se trata de «unidades equipadas con reactores PWR (reactor de agua a presión) VVER V-320 de diseño ruso y Generación II», explica Fran Ramírez, ingeniero nuclear e instructor de operación nuclear. Según este experto, «son reactores muy similares a la gran mayoría de reactores del mundo», y detalla que seis de los siete que hay en España son de este tipo.

Sobre la posibilidad de que se pudieran controlar desde la distancia, Ramírez cuenta que la central sólo puede operarse localmente, por lo que «los operadores tendrán que hacer lo que les ordenen quienes controlan la instalación». En cuanto a las comparaciones con Chernóbil, es claro: «Su diseño es completamente distinto, con edificio de contención, sistemas pasivos de seguridad y que superaron con éxito las pruebas de resistencia pos Fukushima, demostrando que cumplen todos los estándares de seguridad».

Aunque “aún no ha sido posible acceder a todo el emplazamiento para evaluar si todos los sistemas de seguridad están funcionando plenamente”, el Organismo Internacional de Energía Atómica aclara que los sistemas de seguridad de los seis reactores de la central no se han visto afectados. La Unidad 1 se encuentra “en régimen de parada por razones de mantenimiento”, las Unidades 2 y 3 se han sometido a “un proceso de parada controlada”, mientras que las Unidades 5 y 6 se mantienen “en reserva” en régimen de baja potencia. Por tanto, actualmente la Unidad 4 es la única en funcionamiento, y lo hace al 60 % de potencia.

Ahora «hace falta refrigerar esos reactores parados«, apunta Eloy Sanz, profesor de ingeniería energética de la Universidad Rey Juan Carlos, «y para ello necesitan estar conectados a la red eléctrica». “Si eso fallase -continúa- entran unos generadores diésel de emergencia. En caso de que todas las opciones de refrigeración fallaran, el núcleo se sobrecalentaría pudiendo llegar a la fusión e incluso a la explosión del mismo. Esto es lo que sucedió en Fukushima». El experto reconoce que este «es el caso más extremo, pero es un riesgo real que siempre hay. Y más en un contexto como el de ahora».

Sobre esto, Fran Ramírez explica que ya se contempla en el diseño la pérdida de suministro eléctrico, «y para ello disponen de sistemas de suministro de seguridad que garantizan la refrigeración del reactor durante días». Aunque llega a la misma conclusión que Sanz: «Si se produjera también la pérdida de los sistemas de seguridad, el reactor empezaría a aumentar su temperatura y podría llegar a sufrir daños y provocar un accidente que, dependiendo de su evolución, podría provocar emisiones radiactivas (como en Fukushima) o no tener apenas impacto (como el que ocurrió en 1979 en Estados Unidos, en Pensylvania, en Three Mile Island TMI)».

No obstante, reconoce que para que esto ocurra «tienen que suceder muchas cosas que son altamente improbables». Asimismo, despeja las dudas expuestas sobre posibles impactos aislados de proyectiles que comprometan la seguridad de la central: «Son necesarios daños en numerosos componentes y estructuras para provocar esa situación. En cualquier caso, el impacto no sería ni comparable a Chernóbil. Sería mucho menor», asegura.

 

No hay un aumento de la radiación

Hasta el momento no ha habido emisión de material radiactivo. Desde el Centro Regional para el Control y la Prevención de Enfermedades de Zaporizhia del Ministerio de Salud de Ucrania afirman que los actuales niveles de radiación «no representan una amenaza para la vida y la salud de la población».

Para el ingeniero neerlandés experto en energía Joris van Dorp, «a menos que Putin ordene específicamente que esas centrales eléctricas en Ucrania sean saboteadas de tal manera que liberen radiactividad, no hay razón para temer que eso ocurra». Señala que haría falta «un bombardeo sostenido para atravesar todo ese hormigón armado». Y, aunque sucediera, «se liberaría mucha menos radiactividad que en Chernóbil y al final -cuando el polvo se haya asentado-, Putin sólo habrá destruido aún más su propia reputación», recoge en un hilo de Twitter. «La liberación deliberada de radiactividad a través de un sabotaje es algo que sólo un loco podría querer», señala.

Con las tropas rusas controlando la zona, el profesor y científico Fernando Valladares apunta que el peligro más probable es el de fallo humano puesto que «los rusos no conocen como los ucranianos el funcionamiento de la central». Otro peligro, «menos probables pero más peligroso», es usar la central como una amenaza durante las negociaciones.

En esta línea, el también doctor en Ciencias Biológicas Valladares señala que la toma de la central se debe a que supone «una pieza importantísima del sistema energético del país«: «Controlarlas te permite controlar la provisión de energía y usarla para que se rindan». Además, «puede usarse como amenaza a través de contaminación radiactiva», asegura.

«Están en invierno y la demanda de energía para calefacción es tremenda. La energía nuclear es clave en el sistema energético ucraniano», recuerda Valladares. «Solo esta central [la que fue atacada anoche] aporta a Ucrania en torno a un 20% de su electricidad. Cortas esta y cierras otra, y acabas dejando al país sin electricidad«, explica Eloy Sanz.

En la idea del control coincide el ingeniero nuclear. Él augura que «también tratarán de controlar el resto de instalaciones de generación de electricidad«. En este sentido, cree que «no interesa dañar estas instalaciones, sólo controlarlas». Considera que lo previsible es que nadie pretenda dañar la instalación. «Si Rusia quiere provocar daños, es mucho más fácil y efectivo atacar zonas residenciales, presas hidroeléctricas, almacenes de productos químicos u hospitales«, apunta.

Todo este suceso ha servido para reflotar el debate en torno a la nuclear. Fernando Valladares, que cree que esto es un motivo más para desprenderse de ella durante la transición energética, la cataloga como una «energía fácil pero muy peligrosa y costosa tanto a nivel económico como medioambiental», y que «este tipo de sucesos nos advierte de los grandes riesgos de la energía nuclear».

Aguas completamente desconocidas

Este no es el primer complejo nuclear que toman las fuerzas rusas. En los primeros días de la invasión sobre Ucrania se hicieron con la central en desuso de Chernóbil, a 100 kilómetros al norte de Kiev y donde en 1986 se produjo el peor desastre nuclear de la historia. Allí, el personal de guardia no ha rotado desde que fue tomada la semana pasada, a pesar de los reiterados llamamientos de Grossi. Es lo que teme ahora Ramírez que suceda con la de Zaporiyia. Confía y espera que el Ejército ruso permita que «los profesionales que operan la central puedan seguir haciéndolo con seguridad: turnos, comida, descanso, repuestos, comunicaciones, etc.».

Siguiendo datos de 2019, la capacidad total instalada de Ucrania es de unos 51 gigavatios: 22 GW de carbón, 13,8 GW de nuclear, 6,3 GW de hidroeléctrica, 5 GWe de gas, 1,9 GWe de hidroeléctrica y 0,8 GWe de eólica. Gran parte de las centrales de carbón, principal gas de efecto invernadero responsable del calentamiento del planeta, son viejas y con emisiones no limitadas, y casi la mitad de ellas van a cerrar.

Durante la rueda de prensa de esta mañana, Rafael Mariano Grossi, director General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), reconoció que lo que se sucede en Zaporiyia es «una situación muy difícil de mantener, muy frágil» mientras haya una operación militar activa y fuerzas rusas en control. «Esto no tiene precedentes». «Aguas completamente desconocidas», sentenció.

 

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