Eumenes Fuguet: El capellán militar

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El militar, como guardián insomne, en su duro quehacer para la defensa de la integridad nacional, velar por la estabilidad de las instituciones democráticas y el respeto a la constitución y a las leyes, cuenta a su lado con una persona preparada y de confianza para velar por la salud espiritual.

Esa noble y extraordinaria persona es el Capellán Militar, que en calidad de oficial asimilado, porta uniforme, cumpliendo la valiosa función del cuidado pastoral y aliento espiritual en todo momento y lugar.

Los capellanes forman parte del Estado Mayor Especial, son los asesores del comandante en todos los aspectos que tengan que ver con la formación moral y religiosa de los miembros de la organización militar.

En las guarniciones militares realizan actividades inherentes a sus funciones, tales como: orientación espiritual, conferencias y en los tratos personales, bautizos, confirmaciones; confesiones, la Santa Misa y funerales.

Los capellanes militares están sujetos a las leyes y reglamentos  castrenses.

En España el cargo de Capellán surgió en 1534, bajo el reinado de Carlos I, cuando ordenó que cada unidad de combate llevara en sus filas a un Capellán Militar.

En 1595, Su Santidad el Papa Clemente VIII, expidió una disposición sobre la designación del Vicario General de los Ejércitos.

El primer Capellán Castrense en la guerra independentista, fue el sacerdote y militar caraqueño José Félix Blanco; le cupo el honor y  responsabilidad de ser el primer Vicario General del Ejército Libertador.

Logró el grado de general de división y el cargo de Ministro de la Defensa

Desde el inicio de la lucha emancipadora, el ejército llevaba entre sus filas al capellán militar.

El marqués del Toro, Miranda, Bolívar, Páez, Piar, Mariño, Bermúdez y otros tantos jefes, contaron con la efectiva presencia de nuestros sacerdotes.

Muchos de ellos murieron en combate, entre ellos, el sacerdote Agustín  Palacio, que estuvo presente en la segunda batalla de La Puerta el 15 de junio de 1814.

El sacerdote Esteban Pardo capellán en la Sorpresa del Rincón de los Toros el 16 de abril de 1818, y el sacerdote Ignacio Diaz Capellán del Ejército en la batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819, entre tantos que ofrendaron su sangre no perdida.

El Vicario en la gloriosa Batalla de Carabobo, fue el sacerdote Ángel Briceño.

 

Muchos prelados fallecieron en prisión, otros se movilizaban en la retaguardia atendiendo heridos y dándoles aliento a los enfermos.

Los Capellanes Militares, en todas las épocas, sin cumplir ninguna misión militar, se han compenetrado con la vivencia del soldado, tanto en situaciones de beligerancia como en tiempo de paz, desafiando el peligro, inmolando su propia vida en el cumplimiento de su sagrado deber sacerdotal.

El Capellán Militar es una “persona necesaria”.

Es ante todo un sacerdote, administrador de la gracia de Cristo, sirviéndole al prójimo con confianza, como confidente y consultor, uniformado o con sotana.

El 27 de julio de 1923, por resolución del Ministerio de Guerra y Marina, se reglamentó el “Servicio de Vicariato Militar”, a cargo del Capellán General del Ejército.

El 10 de julio de 1946, durante el gobierno de Rómulo Betancourt como presidente de la Junta Revolucionaria, se activó el Servicio de Capellanía de las Fuerzas Armadas, siendo su primer director el futuro Cardenal, el merideño José Humberto Quintero, con el grado de teniente coronel del Ejército.

En octubre de ese año se designaron cuarenta y dos sacerdotes para ocupar cargos de Capellanes Militares en las diferentes guarniciones del país, asignados al Ejército,  Armada, Aviación y  Guardia Nacional.

En 1972 fue designado, por disposición del Santo Padre, en mutuo acuerdo con el Ejecutivo Nacional, como primer Ordinario Militar al monseñor y coronel Marcial Ramírez Ponce, quien ejercía el  cargo de Director del Servicio de Capellanía de las Fuerzas Armadas, máxima autoridad de los Capellanes Militares.

Su Santidad Juan Pablo II, emitió el 21 de abril de 1986, la Constitución Apostólica Spirituali Militum Curae, cambiando la denominación de Vicariato Castrense por la de Ordinario Militar.

 

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