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Marisa Iturriza: Como vaya viniendo

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Enero 2022 va avanzando. Uno se pregunta si este año recién estrenado será diferente o si seguirá en lo mismo que los anteriores. Casi siempre se espera que los inicios, de año o cualquier otro, sirvan para avanzar positivamente y superar lo negativo que no se desea experimentar ni de lejos y que, en caso de que sea inevitable, desaparezca rápido o, si no, reducirlo lo más posible procurando no morir en el intento.

Por lo pronto, puede considerarse positivo que en las bolsas que contienen algunos productos que es lo que los distribuidores de los CLAP deciden que debe consumir la ciudadanía en las cantidades que a ellos les va, aparezca escrito Hecho en Venezuela, y que esa harina de maíz para arepas no viene de Brasil y no es para tortillas como la de Tlalnepantla; que el azúcar sea de aquí, como antes; que las caraotas no son los porotos negros de Tucumán; que el atún enlatado chino no reemplaza la sardina nacional; que el frijol chino le pregunté cómo se come eso a una amiga de origen asiático y se encogió de hombros.

Tal como a quienes les llegó el cous-cous luego reemplazado por la pasta que sigue viniendo aunque los italianos digan que la de aquí es buena, pero la que llega de Turquía tiene estampada esa bonita caligrafía que no hemos aprendido a leer; que el arroz local (por ahora) no tiene bichitos porque, con lo del Esequibo, los guyaneses como que no se esmeran en la calidad del que enviaban.

Fue justo permitir el transporte de hortalizas, verduras y frutas superando trabas a más de la del combustible en el país que tenía la gasolina más barata del mundo y la del coronavirus, que si no fuera que es mundial se tomaría como una estrategia de control local, más acertada que las denominaciones del devaluado bolívar, que ya sea fuerte, soberano o digital, se rinde ante el dólar e incluso otras monedas foráneas cuando el salario mínimo es tan ínfimo como los otros, aunque no pareciera ante tantos bodegones que han proliferado, como ese que antes era un abasto depauperado y ahora es un Bodegón donde te venden en US$ exquisiteces importadas pero no el cilantro que necesitas para un hervido modesto, a lo cual aplicas una ingenua regla de porcentaje al suponer que si -a pesar de la emigración- en la ciudad quedan 2.000.000 de habitantes, un súbito 10% próspero, unos 200.000 tienen capacidad de comprar en bodegones, mientras “Por estas calles” quién sabe hasta cuando Eudomar Santos dirá que “Como vaya viniendo, vamos viendo”

izaturri@gmail.com

 

 

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