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Clodovaldo Hernández: ¿En qué “papeles” estará la nómina de periodistas del pseudogobierno encargado?

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Han empezado a circular los nombres de los presuntos empleados del “gobierno encargado”. Según las estimaciones de un economista (opositor, por cierto), se trata de una nómina de 1.600 personas (podríamos decirles “trabajadores”, pero da como grima). Es, pues, toda una corporación con sucursales y franquicias en varios países.

Los más prominentes “empleados” están bien identificados, pues son figuras, figurones y figurantes de esa cáfila política llamada G4. Otros han permanecido de bajo perfil, actuando como meritócratas del desfalco.

Los nombres propios todavía no se conocen “oficialmente”, aunque el irreverente ejecutivo de televisión, Esteban Trapiello, ha dedicado los últimos días a publicar algunos datos en sus redes sociales con un lacónico mensaje: “Otro (u otra) de los 1.600 enchufados ladrones es…”, adjunto al cual pone la identidad, la dirección Twitter y la foto del individuo en cuestión.

Hay un subgrupo de esta lista de asalariados que merece una atención especial: los periodistas, editores, influencers, y los analistas favoritos de todos los anteriores. Trapiello ha señalado a varios públicamente, pero aún no se sabe con certeza cuántos son. Algunos nombres no sorprenden a nadie. Son muy evidentes porque cada vez que ponen un huevo, cacarean muy fuerte. Todo indica que les pagan a destajo, por postura.

La revelación de las identidades concretas de estas personas promete ser muy «noticiosa», sobre todo porque hay unos cuantos que –al contrario de las gallinas cluecas- se cuidan de llevar a cabo sus operaciones en el mayor secreto o siguen empeñados en presentarse como periodistas independientes.

Aflora una pregunta mafaldística: ¿en qué “papeles” estará la nómina de periodistas del pseudogobierno encargado?

Es una interrogante pertinente, pues la espectacular revelación de “papeles” ha sido el arma favorita de la maquinaria mediática hegemónica en los últimos años, para fingir que desempeña el rol de perro guardián de la decencia pública que se le atribuyó a la prensa otrora.

Así hemos visto los Papeles de Panamá y los Papeles de Pandora, además de “papelitos” de jerarquía menos global. Entonces, también sería justo que la opinión pública conociera el origen de los fondos que mueven a esa maquinaria y a algunas de sus individualidades. Lo que es igual no es trampa.

Un sector fundamental

Contrario a lo que algunos pueden creer, el ámbito comunicacional no es un sector marginal en el conglomerado que ejecuta la maniobra política de una administración paralela, iniciada en 2019, Trump mediante. Por el contrario, desempeña la función crucial de mantener la ficción en vigor. Y la ficción, si a ver vamos, es la verdad de ese «gobierno».

Los afectos a la ironía comentan que el sector comunicacional es una de las actividades “productivas” que han florecido gracias a la farsa del “gobierno encargado”, pues le ha dado empleo o ingresos extras a un número hasta ahora no determinado de periodistas, influencers y analistas y ha financiado integralmente varios proyectos de nuevos medios. Pura ironía, reitero.

Mi segunda politóloga favorita, Eva Ritz Marcano, advierte que es muy posible que la información sobre los «funcionarios periodísticos» del guaidosismo no fluya tan eficazmente como la relativa a otros profesionales, aficionados y aventureros. Esto es así por una razón obvia: los soldados de la maquinaria mediática se protegen entre sí. No es para sorprenderse, pues muchos de ellos (incluso empresas completas, insisto) están también en la plantilla o no tienen demasiada autoridad para hablar del tema, porque se encuentran a bordo del tren de ese mismo «modelo de negocios», solo que no en la nómina directa del autoproclamado, sino en la de la Usaid o sus equivalentes europeos.

Precisiones sobre el palangrismo

¿Es importante que se sepa quiénes son los periodistas a sueldo de Guaidó y su combo? Desde luego que sí, porque le pondría rostro a las acusaciones genéricas de palangrismo, muy injustas para los que nada tienen qué ver con ese gran guiso y militan de buena fe en el bando del autoproclamado-autorratificado.

Para precisar el término, en el argot del periodismo de Venezuela palangre es la falta a la ética que consiste en recibir pagos de una fuente informativa ya sea para proyectar de ella una imagen positiva o para no publicar algún material en contra.

En ambos casos, la clave es que se le da a las notas, entrevistas o reportajes, apariencia de periodismo informativo, cuando en realidad es lo que alguna vez se llamó información dirigida (un tema sobre el cual dictó cátedra el gran maestro Federico Álvarez). Con ello, obviamente, se pretende engañar a las audiencias, burlar la buena fe de los lectores, ocultar el verdadero propósito del mensaje detrás de un parapeto de supuesta objetividad.

Hay modalidades de palangre que son menos dañinas que otras. Por ejemplo, cuando un o una  periodista del campo de la gastronomía o el turismo recibe estipendios (en dinero o en especie) por escribir notas laudatorias acerca de un restaurante o una posada, se produce un pequeño fraude, pues muchos lectores, oyentes o televidentes irán a ese lugar a gastar su dinero, confiando en que la recomendación es fruto del buen criterio del o la periodista, cuando en realidad se origina en el trasiego del “vil metal”. Pero, bueno, no es un mal de morir y los lectores, oyentes y televidentes avisados terminarán dándose cuenta de que esta persona hace publicidad encubierta, no periodismo.

En el caso que nos ocupa hay agravantes, porque el dinero utilizado para corromper a los periodistas viene del mismo robo al patrimonio público que esos profesionales ocultan o legitiman. El saqueo dispensa los fondos que se usan para el pago a los comunicadores individuales y para los dueños de medios de viejo y nuevo cuño.

Entonces, es como si estos periodistas escribieran a favor de una banda de secuestradores, y esta les pagara con el dinero obtenido de los secuestros. Una centrífuga de complicidades.

El quid del asunto

La principal función de estos comunicadores pagados es la de hablar del pseudogobierno como si fuese legítimo, y de Guaidó como si fuese un líder.

Como se aprecia a simple vista, no es una tarea sencilla, sino una complicada obra de ingeniería  en el campo de la manipulación mediática.

La labor se ha vuelto cada día más compleja porque las denuncias sobre los actos delictivos de la guaidonada hace rato que dejaron de ser exclusividad de funcionarios del Poder Público constitucional, es decir, del chavismo, y cada vez con más frecuencia son presentadas por opositores que se declaran asqueados por el saqueo.

(Hay quienes aseguran que esos que señalan con el dedo lo hacen porque no fueron incluidos en la nómina de los 1.600 o estuvieron en ella y fueron despedidos, pero eso sería generalizar demasiado. Tampoco así…).

Insisto en que, viéndolo superficialmente, puede parecer que el constante lavado de imagen es algo cosmético o secundario. Pero nada más lejos de la realidad porque se trata de un gobierno paralelo cuyos únicos sustentos son el apoyo imperial y la simulación mediática (además de la impunidad con la que actúa, pero ese es otro tema y hoy no lo voy a tocar).

Entonces, usted oye o lee a los periodistas al servicio de la “corporación” y nota que se refieren a Guaidó como presidente encargado; a la fenecida Asamblea Nacional de 2015 como si estuviese legalmente en funciones; al nebuloso tribunal supremo en el exilio como si fuese un ente serio; a los pseudoembajadores como si no fuesen pseudo; a Estados Unidos y 15 países más como si fueran la comunidad internacional; y (he aquí una de las claves) a los gigantescos robos de Citgo, Monómeros, el oro depositado en Inglaterra y el resto de los desmanes cometidos, como si fueran acciones legales, legítimas, e incluso honestas y dignas de aplauso.

Ya veremos en los próximos días si se hace público el resto del elenco periodístico de esta opereta o si se impone el silencio por solidaridad automática. Lo ideal sería que alguno de los “nominados” asumiera su condición y le dijera a sus lectores o seguidores a cuánto ascienden sus honorarios. ¿Será que alguno toma la iniciativa?

Por si acaso y advertencia

Por si acaso. No me he hecho eco de ninguno de los nombres y apellidos de periodistas difundidos por Trapiello en sus redes porque no sé cuál es la base de sus denuncias. Sabiendo de sus privilegiadas conexiones, se podría pensar que obtuvo la lista del alto gobierno (el verdadero), pero, como bien dice Eva Ritz Marcano, el asunto tiene toda la pinta de proceder de una filtración interna del pseudogobierno. Vaya usted a saber.

Advertencia. Luego de que Trapiello empezara a publicar su galería de los 1.600 enchufados ladrones y como era de esperar, muchos de los señalados han reaccionado acusándolo de difamación, injuria y calumnia. Están en su derecho, incluso en los casos en que los ofendidos son difamadores injuriosos y calumniosos empedernidos. Así funciona el mundo.

Pero es necesario advertir que también se han publicado (en las mismas redes), mensajes claramente amenazantes como el de una cuenta nombrada @EldogoHDP, en el que se inserta un breve video de un automóvil estallando, presumiblemente por efectos de una bomba, junto a las siguientes palabras: “Al pobre wbn de @TrapieLLo le van a dar chuleta y chicharrón carupanero al estilo Danilo Anderson!”.

¿Qué dirán respecto a tan gráficas expresiones los “defensores de derechos humanos de los presos políticos”, que están exigiendo la libertad de quienes, en 2004, mataron al fiscal con premeditación, alevosía, ventaja, nocturnidad y cobardía?

@clodoher

 

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