Gustavo Coronel: Una nota de Navidad 2021

Compartir

 

El tiempo le ha ido dando a la navidad una configuración festiva, a lo que fue un evento de singular modestia y sencillez, el nacimiento de un niño llamado Jesús, en Belén según Mateo y Lucas o en Nazaret según Marcos y Juan. Ese niño, hijo de José y María, crecería para ser el más excelso de los profetas – según dicen unos – o el hijo de Dios en la Tierra, según otros, llegado a la Tierra para pagar con su pasión y muerte los pecados de los seres humanos: Agnus Dei, qui tollis peccata mundi.

En esta última interpretación Jesús fue un hombre y fue el hijo de Dios. La historia de su nacimiento, pasión, muerte y resurrección está profundamente enraizada en la tradición judeo-cristiana y en la cultura occidental y se ha ido convirtiendo en el tiempo en una celebración de su nacimiento por la vía de un llamado al amor y la compasión entre nosotros. Somos el producto de una herencia cultural de más de 2000 años que ya se ha hecho casi cromosómica, esa sensación de que el nacimiento de Jesús nos lleva a sentir que el amor y la felicidad se magnifican e invaden nuestras almas. Nos sentimos capturados por el espíritu de la navidad.

Desde pequeño, a pesar de no ser miembro de una familia religiosa, creciendo en Los Teques, un pequeño pueblo de montaña lleno de gente creyente y apacible, no me fue difícil convertirme en un gran admirador de Jesús y de lo que aprendí sobre su vida. Se me hizo siempre fácil absorber ese espíritu de la navidad, el cual siempre parece llegarnos en un momento de epifanía, inducido por el olor de los pinos, el escuchar de un villancico (o, si en Maracaibo, una gaita), el cielo de intenso azul y de algo particular en el aire, todo lo cual nos llena de una alegría íntima e inexplicable, una sensación de que todo en nuestro mundo está bien y de que el futuro se presenta favorable. Este es el espíritu de la navidad.

Durante mis 88 años han sido muy escasos esos años en los cuales el espíritu de la navidad no se ha adueñado de mí. Los más notables han sido los dos últimos años, en los cuales mi esposa, con quien compartí felicidad por 62 años, ya no está con nosotros. La neuro ciencia nos dice que el cerebro codifica tanto lo perteneciente al “Yo” como al “Nosotros”. La ausencia de mi esposa ha roto mucha de esa codificación de “Nosotros” en mi cerebro y ello me ha obligado a ver la navidad de manera diferente, ya no como algo a compartir con ella, como algo que era nuestro.

Ante lo definitivo de la pérdida estoy tratando de restablecer mis circuitos cerebrales para darle al “nosotros” un nuevo significado, alguna acción que me ponga de nuevo a pensar en términos de “nosotros”.

En estos días de navidad acabo de leer que, en el condado de Fairfax, estado de Virginia, donde vivo, hay un alarmante incremento de suicidios de juveniles, debido a problemas familiares, de drogas y de estudios. Ello me suena como una oportunidad para darle un nuevo sentido al “nosotros” en mi vida. Estoy haciendo contacto con la administración de Educación en el Condado de Fairfax (Board of Education), para ofrecer mi ayuda como tutor de algunos de estos jóvenes, quienes necesitan este tipo de ayuda y, quizás, para organizar un grupo de “senior citizens”, tutores voluntarios, quienes puedan representar una figura paternal para algunos de estos jóvenes.

Esta sería – de ser aceptable y deseable por la comunidad educativa de Fairfax – una manera de hacerle justicia al espíritu de la navidad. No solo ayudaría a los jóvenes que necesiten nuestra ayuda, sino que ello honraría la memoria de los seres amados quienes se han ido para siempre. Para mí, sería como una ofrenda para mi Dulcinea y una manera de restablecer el código roto del “Nosotros”.

 

Compartir
Traducción »