Julio Castillo Sagarzazu: Navidad y política

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La Navidad, independientemente de la creencia que se tenga de ella, siempre ha sido un momento propicio para la reflexión y la confraternidad. Ojala que lo sea también en Venezuela este año.

Hace poco, el Papa Francisco se lamentaba de que en una directiva de la Unión Europea se hacía la “recomendación” de no señalar como Navidad, sino como días de receso, las fiestas que se aproximan. Como es natural, este señalamiento lo hacían en la creencia de que lo que hoy es “políticamente correcto” es respetar todas las creencias y que las administraciones no deben asumir como oficial lo que no es necesariamente compartido por todos los administrados.

Hasta aquí todo normal. Se trata de la concepción correcta de que estado y religión o iglesias, deben estar separados y de que el laicismo es señal de avance cultural frente a los estados clericales y que hacen de la ley religiosa la ley del estado. (Asunto este que, por cierto, hace siglos no ocurre con la religión cristiana, sino con otras confesiones.) Ciertamente, esto nunca le hizo bien ni al estado, ni a la iglesia. El propio Jesús, en su enseñanza profética, dijo con mucho tino “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, cuando un publicano, mandado por alguien o ingenuamente, “buscándole la caída” le preguntó si era lícito pagar los impuestos al régimen.

Todas estas iniciativas que, lo repetimos, van en la línea correcta de la separación de la Iglesia y el Estado, no han podido, sin embargo, evitar la apabullante realidad de que ha sido el nacimiento de Jesús el acontecimiento que partió en dos la historia de la humanidad. De hecho, la fulana directiva de la que hablamos debe estar fechada en el año 2021 después del nacimiento de Cristo.

Estas fechas tienen la inmensa capacidad de convocar emociones y sentimientos que suelen sernos extraños el resto del año. Todos los que hemos visto la película Noche de Paz en la que los soldados enemigos salen de sus trincheras en la navidad de 1914, en plena Primera Guerra Mundial, para confraternizar y cantar juntos los mismos villancicos en diferentes idiomas, tenemos la constancia de ese sentimiento del que hablamos.

En Venezuela, esta Navidad nos toma (como ha venido ocurriendo los últimos años) en medio de las más variadas expectativas. Este 2021 estamos conociendo, quizás, los últimos meses de la hiperinflación y prácticamente el final del desabastecimiento. Casi todos los especialistas coinciden en que igualmente el submarino de la economía sacará la nariz y se producirá un discreto crecimiento del PIB. Todo esto ocurre, sin embargo, en el marco del aumento más atroz de la pobreza que haya conocido la vida republicana en el país. Esta paradoja de crecimiento y de burbujas ostentosas conviviendo con la precariedad de las amplias mayorías, ocurre en un régimen que se llama a sí mismo “socialista”

Maduro terminará el año, de acuerdo con las encuestas más conocidas, con su average de aceptación más bajo. Los bodegones, los casinos, los Porsches y Ferraris en la calle, no lo benefician. No levanta.

 

Los resultados del 21N tampoco le son auspiciosos. La “boutade” de Barinas también le puede salir mal si los llaneros de ese estado se comportan como el 21 y como lo hicieron los de Apure, Guárico y Cojedes.

La oposición, de su lado, no tiene menores desafíos. Descifrar la unidad críptica; resolver el tema de la continuidad de Guaidó; relegitimar su dirección política y relanzar el proceso´para lograr unas elecciones presidenciales libres, son temas ineludibles de su agenda.

Por lo pronto, nos queda hacer votos para que este cumpleaños del Niño Jesús nos tome con salud y con el ánimo recargado para enfrentar los desafíos del año que viene.

Que igualmente nos recuerde a los millones de compatriotas que sufren nuestra calamidad humanitaria. Los más excluidos, los menos visibles como nuestros colegas profesores universitarios que hacen cabriolas, no ya para comprar las hallacas, sino, como recientemente lo comentaba uno de ellos en un chat, que se debatía entre comer esa semana o reparar sus zapatos agujereados.

Tampoco debemos olvidar a los casi 300 compatriotas civiles y militares que no estarán con los suyos esta navidad porque están enterrados en vida en una cárcel del régimen. La tradicional consigna de NAVIDAD SIN PRESOS POLÍTICOS que más de uno de los jerarcas del régimen ha debido pintar en alguna calle en sus años mozos, debería ser el pedimento de todos los hombres y mujeres de buena fe que queremos recuperar la democracia y reconstruir la fraternidad que animó a aquellos soldados a salir de sus trincheras para confraternizar con el enemigo de enfrente.

¡Feliz Navidad a todos!

@juliocasagar

 

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