Efraín Valenzuela: Los hijos infinitos de la patria planeta

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Manuel Castells Oliván, arriba al mundo un 9 de febrero de 1942, en Hellín, Albacete, España, lo que dice que para el año 2021, transita las 79 ruedas. Lúcido y lucido. Sus raíces son catalanas y vivió en Cataluña. De sólo 16 años de edad ingresa a la Universidad de Barcelona e inmediatamente participa en las protestas antifranquista. Se hace Magíster en Sociología, casado con Emma Kiselyova, con quien tuvo una hija, de nombre Nuria Castells. Entre los años 1958 a 1962, cursa estudios en Ciencias Jurídicas y Ciencias Económicas en la ya citada Alma Mater. Alcanza la licenciatura en Derecho, tanto en Derecho Público y Economía Política en la Universidad de París, en 1965. Luego cursa una maestría en Sociología en la Escuela Práctica de Altos Estudios de París el mismo año. Seguidamente cursó el doctorado en Sociología, dos años después. Transitaba el año 1967. Ese mismo año, el 14 de enero se reunieron no menos de 10 mil activistas de la Contracultura. El encuentro sería en el Golden Gate Park de San Francisco- Estado Unidos. Dicha celebración. Sin lugar a dudas marcaría el área de la sede central del Movimiento Hippies y se constituyó en el precursor del Verano de Amor.

También se hace el doctorado de la Universidad Complutense de Madrid y ejerce como Director del Instituto Universitario de Sociología de las Nuevas Tecnologías de la Universidad Autónoma de la misma ciudad, desde la creación de dicho instituto en julio de 1990. De igual manera, se hace Director del Centro de Estudios de Europa Occidental, Universidad de California en Berkeley (1994-1998). Definitivamente la experiencia docente de tal especialista resulta rica y suficientemente extensa. Un académico por excelencia, de prolijos conocimientos y saberes.

Manuel Castells dejó la Universidad de Berkeley (California), después de 21 años de servicios, para volver a Barcelona e incorporarse a la Universidad Obrera de Cataluña (UOC). A propósito de su libro Fin de Milenio, volumen III, Castells completa una trilogía de trabajos: La era de la información: economía, sociedad y cultura. El periódico de Londres, The Times, se expresó en los siguientes términos de Castells, a propósito de su libro, La Era de la Información: (Constituye) Un análisis monumental y coherente de los cambios económicos, sociales, personales y culturales que están ocurriendo en el mundo en la era de la información. Entre tanto, en la publicación: The Wall Street Journal de Nueva York opinó de él en los siguientes términos: Adam Smith explicó cómo funcionaba el capitalismo y Marx explicó por qué no funcionaba. Ahora las relaciones sociales y económicas de la era de la información han sido expuestas por Manuel Castells. De tal manera, que la sociedad capitalista de fin de milenio expresa contundentemente el desarrollo del capitalismo, luego de la caída del Muro de Berlín y la desaparición del socialismo de la Unión Soviética. El capitalismo se ha globalizado y se encuentra en todos los rincones del planeta tierra. Se trata de un capitalismo neoliberal globalizado. Un capitalismo mundializado, y particularmente el de América Latina se pudiera definir como un capitalismo salvaje y dependiente.

Los Estados Unidos representan la economía mayor y más avanzada tecnológicamente del mundo. Es la sociedad que primero experimentó las transformaciones estructurales y organizativas característica de la sociedad red, en los albores de la era de la información: pero también es una sociedad que ha mostrado, en las dos últimas décadas del siglo XX, un aumento sustancial de la desigualdad social, la polarización, la pobreza y la miseria. Sin duda, es una sociedad muy específica, con un modelo histórico de discriminación racial, una forma urbana particular –el gueto- y una resistencia ideológica y política profundamente arraigada a la regulación gubernamental y al Estado de bienestar. Sin embargo, su experiencia con la desigualdad y la exclusión social en el estadio formativo de la sociedad red puede ser un signo de los tiempos por venir a otras zonas del mundo también… (Castells, 2001).

En este contexto histórico-social del capitalismo salvaje, la globalización, la sobreexplotación y la exclusión social están golpeando salvajemente a un sector de la sociedad, verdaderamente débil y delicado; hermoso, pero terriblemente castigado. Se trata de la explosión del trabajo infantil, mal, pero muy mal, y criminalmente pagado. En noviembre del año 1996, por ejemplo, la Oficina Internacional del Trabajo, la OIT, precisaba que unos 250 millones de niños y niñas, entre los 5 a los 14 años trabajaban por un salario mísero en los países en vías de desarrollo, las naciones subdesarrolladas y dependientes, de los cuales 120 millones lo ejercían a tiempo completo. Niños y niñas, entre los 5 y 10 años de edad alcanzaban cifras sencillamente alarmantes. Unos 153 millones de estos niños estaban en Asia, 80 millones en África, 17,5 millones en América Latina, (Castells, 2006). Pero es África la que tiene mayor numerosa incidencia del trabajo infantil alcanzando un 40 por ciento de los niños y niñas entre los 5 y 14 años. Precisa Castells: Un estudio de 1995 de la OIT, la Oficina Internacional del Trabajo, sobre el trabajo infantil en Ghana, India, Indonesia, y Senegal determinó que el 25 por ciento de los niños y niñas, entre 5 y 14 años, participan en la actividad económica y el 33 por ciento no estaba escolarizado. En otras palabras, de cada 100 niños y niñas, 33 de tales estaban excluidos del sistema escolar. La situación resulta sencillamente dantesca. Aunque la gran mayoría de los niños trabajadores se encuentran en el mundo en vías de desarrollo, léase países dependientes y subdesarrollados, el fenómeno también está en ascenso en los países capitalista avanzados, sobre todo en los Estados Unidos, donde los locales de comida rápida prosperan basándose en el trabajo adolescente, (Castells, 2001).  En Venezuela basta con emprender un recorrido por los negocios de comida rápida y chatarra para constatar el empleo de jóvenes para tales labores. Resulta un modelo económico pensado e instrumentado para la explotación capitalista de la juventud. El aumento de la pobreza es directamente proporcional a la incorporación de estos jóvenes a este tipo de empleo. La situación debe ser investigada en Venezuela para alcanzar un diagnóstico preciso y firme; metodológicamente veraz y científico.

El tema nos hace evocar al poeta cumanés, Andrés Eloy Blanco, (1896-1955). Por varias sencillas razones. Los dos primeros poetas leídos y escuchados en su propia voz, recitando sus versos, serían Aquiles Nazoa y Andrés Eloy Blanco, de sendas maneras. El primero a través de aquel inolvidable programa Las Cosas más Sencillas, que se transmitía por el canal 5 y el segundo, gracias a que un hermano, Armando Valenzuela, quien llevaría a casa unos discos en los cuales recita el poeta Andrés Eloy Blanco sus versos, que incluso aprendimos, de ambos poetas, de memoria. De allí parte uno de los primeros contactos con la poesía y sus autores. En modo alguno queremos soslayar a los recitadores como Balbino Blanco Sánchez, Víctor Morillo, entre otros, quienes también contribuyeron a nuestro gusto por la palabra, en general, y la poesía, en particular. Por supuesto, se ampliaron y diversificaron las lecturas de poesía y poetas. Pero los primeros escritores que escuchamos recitar su propia creación fueron, indiscutiblemente, Andrés Eloy Blanco y Aquiles Nazoa, incluso con este último tuvimos un acercamiento vivencial extraordinario. De tal manera, que al abordar este tema tan sensible, de tanto dramatismo, tan doloroso, se vienen sobre nuestra existencia los versos de Los Hijos Infinitos de Andrés Eloy Blanco.

 

 Cuando se tiene un hijo,

 se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,

se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga

y al del coche que empuja la institutriz inglesa

y al niño gringo que carga la criolla

y al niño blanco que carga la negra

y al niño indio que carga la india

y al niño negro que carga la tierra.

 

Versos que no pueden esconder su fuerza emocional ni su contundente presencia humana, además de su definitivo compromiso social. Texto emocionalmente poético que en rima sabe tejer la existencia de esos seres extraordinarios, secuaces de candidez, gigantes e inocentes y traficantes de lo lúdico y la alegría. Mártires de la torpeza de los adultos y de ser explotados en su hermosa inexperiencia. En 1992, el Departamento de Trabajo registró 19.443 delitos contra las leyes sobre el trabajo infantil, el doble que en el año 1980. Además del principal culpable, la industria de la comida rápida, se informó de otros casos de niños inmigrantes que trabajaban ilegalmente en talleres textiles en Manhattan, obras de construcción en Bronx, o granjas de Tejas, California y Florida. El Instituto Nacional de Seguridad en el Trabajo estima que, cada año, 300 niños mueren y 70. 000 resultaron heridos en el trabajo, (Castells, 2001). En la República Bolivariana de Venezuela no menos del 60 por ciento de las niñas trabajadoras entre 10 y 14 años lo desempeñan en el servicio doméstico y un 26 por ciento tenían menos de 10 años. Resulta necesario evocar aquella situación de niños y niñas de la calle pidiendo. La situación se tornó compulsiva, realmente escandalosa y el Presidente, Comandante Eterno, Hugo Rafael Chávez Frías, llamó la atención sobre la situación exigiendo de manera contundente que eso no tenía que estar sucediendo. Pues bien, no se volvió a ver tal situación y constituyó un logro del proceso y a la partida del Comandante la situación parece volver a aparecer. Ello puede tener múltiples causas y razones, pero no se justifica que luego de alcanzar un logro tan importante y socialmente significativo se vuelve a lo de antes. Resulta lamentable y sencillamente irresponsable. Los logros de una revolución no pueden retroceder ni un centímetro. Si es necesario un esfuerzo sobrehumano hay que darlo, hay que instrumentarlo, sin miedos sin recovecos. Una resuelta conducta revolucionaria resulta necesaria e inexorable. No existe ningún tipo de justificación para que ese proyecto se cayera y nuestros niños y niñas siguen desamparados, desasistidos, casi en el olvido. No es justo. Una revolución socialista no debe olvidar su misión revolucionaria. Los reaccionarios, los imperialistas, las clases dominantes joden; los revolucionarios construimos la Patria Buena. Expresa el poeta cumanés:

 

Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños

que la calle se llena

y la plaza y el puente

y el mercado y la iglesia

y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle

y el coche lo atropella

y cuando se asoma al balcón

y cuando se arrima a la alberca;

y cuando un niño grita, no sabemos

si lo nuestro es el grito o es el niño,

y si le sangran y se queja,

por el momento no sabríamos

si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

 

 

De esa manera, la propuesta es emprender una oniria de justicia social permanente con los niños y niñas. Los adultos estamos obligados histórica, genética, social y culturalmente a ponernos en sintonía con esos Locos Bajitos, a quienes cantaría, Joan Manuel Serrat, el cantautor poeta de nuestra atropellada alma y de nuestra alegranza de saberse militante revolucionario. El amor por la vida es el producto histórico del amor por la transformación, por la construcción socialista.  Esta gran humanidad sigue diciendo basta. Si quieren pelea; les daremos pelea. Si quieren diálogo; les daremos diálogo. Y si quieren morir, váyanse al carajo. Nosotros, creadores, poetas, chavistas, buenos mozos, amantes de la alegranza, militantes de la oniria, labradores de la esperanza, comunistas, militantes de la Teología de la Liberación, poetas, hacedores de la nada, recitamos como el poeta Andrés Eloy Blanco:

 

 Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño

que acompaña a la ciega

y las Meninas y la misma enana

y el Príncipe de Francia y su Princesa

y el que tiene San Antonio en los brazos

y el que tiene la Coromoto en las piernas.

Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,

todo llanto nos crispa, venga de donde venga.

Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro

y el corazón afuera.

 

Un corazón que salta erguido de amable desesperanza; de increíble dolencia compartida; de preocupada alegoría. Un corazón que ha hecho de la tradición un encuentro contemporáneo. Un corazón que deambula entre los predios del júbilo. Un corazón que trota entre los caminos inhóspitos de la indolencia de la burguesía. Un corazón que sabe de algunas mentadas de madre ante la barbarie imperialista yanqui. Un corazón que sospecha abiertamente que a Chávez lo mataron y que la venganza será útilmente necesaria, histórica y trascendente. Qué no podrán con estas almas socialistas. Que no podrán con esta fe católica de opción preferencial por los pobres. Que fracasaron ante la brujería de los sabios y los cantos populares. Un corazón que sabe de paciencia, que recorre la soñadora cultura popular. Un corazón que se doblega ante el Santo Rosario con su coñazo de Ave Marías, que significa fe cotidiana, inmensamente poética. Un corazón que transita el alma de los niños y niñas de la Patria Buena.  A ustedes, criminales de guerra, santanderes, asaltadores de la alegría, saltimbanqui de la mentira, traidores cotidianos, bufones de la nada, almas en pena o hijos de puta: un 27 de febrero político, conceptual, humano, socialmente comprometido, transitar nuestras almas revolucionarias, hinchadas de sueños. Ira a nuestra existencia cotidiana y no dejen que un buen día se desparrame esta arrechera histórica; digna, popular, de clase explotada. Si los Poderes Creadores del Pueblo se desbordan, por su asquerosa manera de hacer política y lucha social, si es que se puede llamar social, las consecuencias pueden tener la misma dimensión de aquel 27 de febrero, pero en término de clase, en términos humanos, en términos sociales. Si la burguesía y las clases dominantes se oponen; lucharemos contra ellas y haremos que nos obedezcan.

 

Cuando se tienen dos hijos

se tiene todo el miedo del planeta,

todo el miedo a los hombres luminosos

que quieren asesinar la luz y arriar las velas

y ensangrentar las pelotas de goma

y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda.

Cuando se tienen dos hijos

se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas,

toda la angustia y toda la esperanza,

la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega,

si el modo de llorar del universo

el modo de alumbrar de las estrellas.

 

Una estrella de cinco puntas deambula sobre la cotidianidad de los barrios, sobre la cotidianidad del regocijo compartido, sobre la expectación, sobre el pensamiento irredento; sobre los sueños disipados que vuelven del recuerdo. Es vital dar una lucha contra la explotación de los niños y niñas. Cada 12 de junio, desde el año 2020, se conmemora el Día Mundial contra el Trabajo Infantil. Unos de los últimos reportes de la OIT y la Unicef dan cuenta que el trabajo de niños y niñas aumentó en no menos de 160 millones: 97 millones de niños y 69 millones de niñas. Uno de 10 infantes en el mundo se incorporó al trabajo infantil a inicios del 2020. Desde el 2016, el número de niñas, niños y adolescentes, de 5 a 17 años que realizan trabajos definidos como los más peligrosos aumentaría hasta alcanzar la suma de 75 millones a inicios de 2020. La Unicef y la OIT estiman que cerca de 9 millones infantes ingresaran a las filas del trabajo infantil para finales del 2022 como consecuencia de la pandemia. Tras el año de la epidemia, el progreso mundial experimentó un estancamiento por primera vez en 20 años, por el aumento de la pobreza y el cierre de la academia. Ente tanto, el sector agrícola representa el mayor porcentaje de trabajo infantil, alcanzando un 70 por ciento de ocupación de menores entre 5 a 17 años. En México, por ejemplo, el número de niñas, niños y jóvenes que sufren trabajo infantil podría alcanzar 3.5 millones por la pandemia.

Esta singular situación, en el mundo, parece ofrecer un panorama nada óptimo y verdaderamente dramático. Un estudio de 1989 sobre los niños de la calle de Río de Janeiro determinó que los que viven solos en las calles, sin su familia, suponían nada más el 14, 6 por ciento del total, entre los cuales el 80% eran adictos a las drogas. Y de esta manera, se podría ilustrar una situación realmente dantesca. Existe un complejo conjunto entre las características del capitalismo informacional y el aumento de la desigualdad, la polarización social, la pobreza y la miseria en la mayor parte del mundo. El informacionalismo crea una aguda divisoria entre pueblos y localidades… La globalización avanza de forma selectiva, incluyendo y excluyendo…La individualización del trabajo deja sola la casa uno de los trabajadores para negociar su destino frente a unas fuerzas del mercado en cambio constante, (Castells, 2006). En torno al tema volveremos., a propósito de esta fiesta de la Natividad resulta prudente acercarnos a esta realidad mundialmente dramática  Cuando se tiene a un hijo se tiene a todos los hijos de la tierra, afirmaba el poeta Andrés Eloy Blanco.

 

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