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Cesáreo Espinal Vásquez: La Plaza Colón

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Cristóbal Colón al arribar a las playas de lo que se llamaría Macuro,  creyó que era una isla, pero estaba en tierra firme, en lo que sería la península de Paria.

El nombre de Macuro, fue dado por una misión católica fundada en 1738, con el nombre de San Carlos Borromeo de Macuro y  el de Paria por haber sido  bautizada esa punta de tierra,  en  devoción a  San Miguel de Paria, por Diego de Ordáz en 1531.

Colón no navegaba en el tercer viaje con la original nao Santa María debido a que había zozobrado en el mar de la isla La Española. No desembarcó en Macuro por padecer de conjuntivitis, gota y artritis,  (Pablo Ojer S.J, “La Formación del Oriente Venezolano).

Colón, el descubridor de esa tierra, hoy Venezuela, no bajó a tierra por esos problemas de salud y al oír desde el palo mayor, “tierra”, exclamo: “gracias a Dios”, que  ha sido aceptado  en expresión de satisfacción “tierra de gracia”.

Este descubrimiento de Colón fue en su tercer viaje, el 5 de agosto de  1498, con el apoyo de  los reyes católicos y su destino primario era la búsqueda de especias en la India, pero llegando al nuevo mundo bautizó la isla Gunahani como San Salvador  el 12 de octubre de 1492 y  en su travesía al tercer viaje a tres promontorios de tierra por su devoción religiosa, llamó de la  Santísima Trinidad, Isla de Trinidad.

En el tercer viaje cuando arribó a las playas de Macuro, con el grado de Almirante estuvo acompañado de Fray Bartolomé de las Casas, el gran defensor de los indígenas, quien se opuso a las llamadas “encomiendas” de esclavitud y  Cristóbal Colón lo acompañó en esa decisión.

No llegó a la India, pero a los aborígenes de esta tierra, todos fueron considerados  “indios” y así, se ha quedado para la historia.

olón no fue “conquistador”, sino “descubridor” de la existencia de una nueva tierra, es el nuevo continente y los Reyes Católicos le autorizaron  para el cuarto viaje. Este nuevo continente llamado “América” por Américo Vespucio, debió llamarse “Colombeia”, como lo bautizó Francisco de Miranda en sus memorias.

En la Plaza Colón de mi ciudad natal, Carúpano, donde nos recreábamos en nuestra niñez y saboreábamos el célebre “esnobol de pajarito”, las deseadas empanadas de cazón y la alegría por las fotos tomadas por el señor Sujú de las primeras comuniones en la Iglesia Santa Catalina con nuestro querido padre Figuera, son vivencias permanentes e inolvidables.

En mi residencia tengo en la pared del jardín colocado en mosaico el nombre  “Plaza Colón” y de tarde al crepúsculo me recreo recordando a mi querida plaza y a mis amigos de infancia, de ayer, de hoy y de siempre rogando a Dios para que esta patria, “tierra de gracia”, Venezuela, puerta abierta recibiendo con el abrazo fraterno  nacidos en todos los países e integrados con los naturales de este gran país, con amor y convivencia en paz.

La Plaza Colón en Carúpano

cjev34@gmail.com

 

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