Inicio > El pizarrón de Fran opinión > Carlos Ñáñez: Incertidumbre, desconfianza, caos y rumorología

Carlos Ñáñez: Incertidumbre, desconfianza, caos y rumorología

Compartir

 

Los acompañantes del bolívar digital

“La sociedad que antepone la igualdad a la libertad no tendrá ninguna de las dos cosas. La sociedad que antepone la libertad a la igualdad obtendrá una gran medida de ambas”. Milton Friedman.

Este viernes, Venezuelase enfrenta a la tercera reconversión monetaria en un siglo, desde 2008 hasta el 2021 hemos visto el empleo de toda suerte de artilugios monetarios que no resuelven el problema de fondo, las causas de la hiperinflación siguen manteniéndose indemnes, constantes e inalterables, aun se apela a la irrigación irresponsable de dinero para financiar un déficit fiscal que crece por encima de los exiguos recursos que percibe nuestro país luego  de mantenerse veinticinco trimestres en caída, desde luego, si la economía cae es lógico que el déficit fiscal también se corrija a la contracción, en la actualidad este indicador que mide la relación entre ingresos y egresos es de aproximadamente 11% del PIB.

Sin embargo, llama la atención la línea de créditos que es fácilmente detectable al analizar el estado de la base monetaria en el país, allí se puede detectar como el financiamiento emitido por el Banco Central de Venezuela hacia la estatal Petróleos de Venezuela, es de alrededor de 25 mil millones de dólares, que representa 2,2 veces el valor de las reservas internacionales, a las cuales se le asignaron preliminarmente los derechos especiales de giro así como8257% de la capacidad de generar base monetaria por parte del BCV, es decir este último dato revela como la autonomía del Banco Central se encuentra absolutamente comprometida en el sostenimiento de una industria petrolera en franco colapso.

Una sociedad sumida en el desastre de 46 meses de hiperinflación y más de veinticinco meses de contracción económica, desde luego no puede mirar con confianza ninguna acción que se emprenda en torno al bolívar, sobre todo luego de dos reconversiones que en lo absoluto han revertido el problema en términos de bienestar, la reconversión del 2008  tuvo una vigencia de 11 años al ir de la mano de una bonanza petrolera, y la segunda reconversión tuvo una vida útil de 36 meses por el hecho de haberse decretado durante el  estallido de la hiperinflación, nada hace pensar que esta nueva reconversión pueda tener incidencia lejos de la esfera netamente transaccional, y en términos muy elementales, es decir, esta reconversión aumentaría la repudiabilidad del bolívar frente al dólar, lo cual marca más iniquidad y desigualdad.

Con desinterés ve el ciudadano de a pie esta nueva reconversión, la cual es una nominalidad que solo tendrá efectos transaccionales para el 56% de la población que no tiene acceso a los dólares  de manera recurrente y constante, pues resulta una simplificación asumir que la dolarización es un proceso simétrico y armónico, por el contrario es un proceso desigual, inequitativo y absolutamente cruel con las capas no desfavorecidas defenestradas hacia la miseria, luego de la imposición de un capitalismo clientelar y de repartos de botines gansteriles.

El telón de fondo de este proceso lo constituyen las terribles fallas observadas por la banca pública, particularmente por el Banco de Venezuela, primer banco del país, con una cartera de créditos de 247 billones de bolívares y catorce millones de cuentahabientes, esta falla presentada fue inmediatamente adjudicada a un ataque terrorista desde Estados Unidos, con lo cual se le hace un gran daño a la reputabilidad, credibilidad y confianza a la industria  bancaria nacional, no se reconoce que la sobrexposición del sistema y su falta de mantenimiento, aunando a la contracción de la nómina de toda la industria bancaria podrían ser las causas de estas fallas, pero acudir al enemigo externo le imprime mayor sustento a la tesis de la externalidad negativa que exculpa.

Igual resultado ocurrió con el banco del Tesoro, otra institución pública que presentó fallas, de nuevo la tesis del sabotaje; la seriedad parece faltar en todos los actos del Estado, la coherencia para abordar esta medida de forma que en nada resuelve la situación de fondo, las causas de la hiperinflación están indemnes y el régimen solo se ocupa de buscar excusas sobre el pésimo manejo que realiza de la política monetaria y del logro del objetivo de estabilidad financiera, de un sector que en el bienio 2019-2021, ha experimentado la contracción de 7400 a 2902 agencias bancarias, es decir 60,8% de contracción.

Es necesario aclarar en esta columna que hablar públicamente de la estabilidad de la industria bancaria es, cuando menos, una temeridad, es una conducta imprudente y absolutamente alejada de contexto, pues los costes se evidencian en incertidumbre y pérdida de confianza, en medio de un proceso de incorporación de una nueva moneda que imprime mucha confusión e incertidumbre a la población. Por cierto una población cada vez más confundida, extraviada y vapuleada, una población que a raíz de la falla del Banco de Venezuela demostró que el fenómeno de la dolarización es lejano e ineficiente, pues es incapaz de producir valor agregado.

La consultoría jurídica de la Superintendencia de Bancos y otras instituciones financieras, ha indicado que durante  los días 30 de septiembre y uno de octubre, se podrá contar con banca digital y pagos móviles, así mismo, desde este lunes 27 hasta el miércoles 29 de septiembre se estarían cubriendo los retiros de efectivo de la banca, siempre y cuando cuenten con efectivo, esto es una distorsión que acumula la economía nacional desde el año 2016, y no es otra cosa que la desmonetización por efecto de la hiperinflación, no se pueden hacer llamado a tomar previsiones, más que el pago adelantado de quincenas, ejecución de transferencias hasta el 29 de septiembre y mantener la calma, pues el 30 se septiembre y el uno de octubre estarían activos los portales digitales y se podrán realizar pagos móviles, mientras se adecua el sistema a esta reconversión.

El bolívar ha perdido  catorce ceros, es una moneda inexistente, y el proceso de desplazamiento del bolívar  por el dólar embrida cada vez mayor desigualdad social y caos estructural a la frenética economía nacional, los marcadores del tipo de cambio se mantienen hacia el alza, como consecuencia de la imposibilidad del Banco Central para intervenir en el mercado, en definitiva el llamado es a la calma, a la prudencia y a estar psicológicamente preparados para advertir esta supresión de ceros en los haberes, que tendrá una contrapartida en las erogaciones, pero que en lo absoluto resuelven los efectos de la hiperinflación.

La reconversión no es un objetivo monetario orientado a revertir la hiperinflación, es la consecuencia de la imposibilidad de coexistir con este fenómeno de explosión en la estructura de precios; la dolarización de facto tampoco es una medida de recuperación, son todas consecuencias de esta terrible crisis.

En fin, la incertidumbre es el producto concreto de este extravío en materia económica, del abandono de la macroeconomía aplicada de la política monetaria, una consecuencia lógica de este desastre económico innominado, de esta antinomia que padecemos los venezolanos desde 1998.

Somos todos las voces de abajo, voces de rehenes, y no hay manera de evitarlas acciones abyectas de quienes hoy secuestran el poder, esta nueva reconversión monetaria en el mejor de los escenarios podría tener una vida útil de dos a tres años, causar mayor repudiabilidad sobre el bolívar y sostener la dolorosa y desigual dolarización.

“Los gobiernos nunca aprenden; solo las personas aprenden”. Milton Friedman.

Profesor de la Universidad de Carabobo

Compartir
Traducción »