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Neuro Villalobos: La democracia en espera

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“El fundamento de la democracia es la fe en la capacidad de la naturaleza e inteligencia humana y en la experiencia asociada en la forma de colaboración y solidaridad.” John Dewey.

El 11 de septiembre del año 2001, la O.E.A aprobó en su primera sesión plenaria el documento de mayor trascendencia desde su creación en la vida de los países miembros que la conforman: La Carta Democrática Interamericana. En ella, no solamente se la define como elemento esencial para el desarrollo social,  político y económico de los pueblos de América, sino que además obliga a sus gobiernos a promoverla y defenderla.

Determina y desarrolla en 6 títulos y 28 artículos los que considera como elementos esenciales de la democracia representativa y los componentes fundamentales para su ejercicio. Recordemos que en ese evento, el entonces pichón de dictador venezolano, quiso imponer con la necedad que lo caracterizó, que el documento se refiriera a la “democracia representativa y protagónica”, término que impuso en la Constitución Nacional vigente y que fué rechazado en ese escenario más amplio e inteligente.

Ese texto debería servir de cabecera para los demócratas americanos, y permanecer sobre los escritorios de los gobernantes de este hemisferio. Dicha Carta es fundamental para la promoción y fortalecimiento de la cultura democrática en el continente ya que considera a la democracia como “un sistema de vida fundado en la libertad y el mejoramiento económico, social y cultural de los pueblos.” Dispone que es esencial para la vigencia de los derechos humanos, el desarrollo integral y el combate a la pobreza, así como el fortalecimiento y preservación de la institucionalidad democrática.

Prevé los mecanismos para preservarla y restituirla cuando sea necesario, sólo que toma como actores principales a los gobiernos que considera de talante democráticos, porque, pienso yo, jamás se imaginaron veinte años atrás, que los delincuentes fueran capaces de organizarse , unirse con aliados mafiosos internacionales, con terroristas y narcotraficantes para usurpar el poder “formalmente” y utilizar las instituciones del Estado en contra de la población inocente y sorprendida en su buena fe.

Lamentablemente nos está gobernando una legión de resentidos sociales, incapaces de  anidar verdaderos ideales como seres humanos, pero sí de incubar las mayores perversiones mediante el sometimiento a la carencia no sólo de bienes materiales para la vida, sino además de principios y valores que sólo una buena formación y una sólida educación pueden resistir ante la brutal arremetida de muchos ignorantes sin culpa y de miserables con intelecto, pero sin honor, como tantas veces he repetido.

En la mencionada Carta se considera que “la educación es clave para fortalecer las instituciones democráticas, promover el desarrollo del potencial humano, el alivio de la pobreza y fomentar un mayor entendimiento entre los pueblos”. No puede haber libertad y entendimiento donde reina la miseria, por eso urge sacudirnos a quienes la promueven desde las estructuras del Estado; la democracia no puede seguir en espera ya que en la miseria no hay, ni ha habido nunca quien conserve intactos la nobleza de sus sentimientos, como ya lo señalara Dostoievski. La restitución de nuestra democracia espera por la aplicación de la Carta Democrática Interamericana, hagámoslo mientras los dictadores y aspirantes a serlo, juegan a las cartas del Tarot y consultan a sus brujos particulares hasta que les señalen que su futuro está seguro.

 

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