Enrique Meléndez: Maduro en el banquilllo

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¿Se dará el gusto Diego Arria de ver a Nicolás Maduro en el banquillo de los acusados en la Corte Penal Internacional, como lo sentenció en una oportunidad? Siempre recuerdo su famosa hacienda, que uno encontraba en medio de la vía, llegando a Nirgua; cuando tenía carro propio, y entonces aparecía una casa-granja, y que estampaba un pequeño cartel que decía: Hacienda La Carolina. Era un sitio obligado. Allí se expedían especies, dulces, quesos; aparte de que contaba con un restaurante, que ofrecía comida mantuana, y lo que caracterizaba este punto era la excelencia de sus productos. ¿Su propietario? Diego Arria, a quien le acabaron esta propiedad; cuando entonces este gobierno comenzó con su política de invasiones y expropiaciones, y uno de los objetivos de esta acción fue esta Carolina, y entonces Arria, un hombre con mucha influencia en estas instancias judiciales, profirió tal sentencia; más que todo a Hugo Chávez, que fue el que propició este atropello, y entonces recordó lo que había sucedido con otras figuras, que habían pasado por allí, de cuyos procesos penales había sido testigo en su carrera por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y donde llegó a ser su presidente.

Claro, esto sucedió en la época de Hugo Chávez; que no es para profanar su memoria, pero ese era el destino que le esperaba a este señor, de no haber fallecido antes; sólo que, como dice el dicho, si no lo agarra el chingo, lo agarra el sin nariz, y de modo que al sucesor sí le cae, y no sólo por ser la representación de ese régimen totalitario que, en su afán de perpetuarse en el poder, se vale del terror, y que es lo que conlleva a que en el propio campo internacional se formara un consenso de varios países, para solicitar ante la CPI una investigación al gobierno venezolano por violación de los derechos humanos; sino, además, porque ese terror se acentuó bajo la presidencia de Nicolás Maduro, y con casos graves, como el del concejal Fernando Albán, que fue lanzado desde las alturas del edificio del Sebin en la plaza Venezuela y, óigase bien, admitido por el propio gobierno, a través del Fiscal General Tarek William Saab, esto es, que fue un crimen de Estado; cuando en un principio alegó que se trataba de un suicidio; además de otros casos.

El hecho es que de inmediato la opinión pública captó la intención de esta supuesta sinceridad de las altas esferas gubernamentales, a propósito de estos casos, que rayan en la categoría de crimen de lesa humanidad, y que no era otra que la de lavarle la cara a Maduro; al admitir el hecho como tal, es decir, aceptando su posible responsabilidad, en vista de que el crimen había sido cometido por funcionarios de seguridad del Estado, sólo que éstos habían actuado por su cuenta y riesgo; un tanto lo que pasó con el papá de Jorge y Delcy Eloina, el famoso Jorge Rodríguez, un crimen de Estado, en efecto, y cuyos autores pagaron prisión; sólo que en aquella oportunidad el sujeto, víctima de las torturas no estaba bien de salud para el momento; mientras que en el caso de Albán, hasta el informe del médico forense revelaba que los exámenes de la autopsia determinaban que tenía agua en los pulmones; señal de que había muerto víctima de una tortura, cuando lo sumergían en agua, es decir, muere ahogado, y que es lo que entonces obliga a sus torturadores a lanzarlo desde las alturas, a los fines de acondicionar el escenario del fallecimiento, de modo que se diga que fue un suicidio, y como este crimen otro, como el de Oscar Pérez y así sucesivamente. Pero, además, y esto es lo principal: ¿por qué en su momento no admitieron esa responsabilidad, y señalaron a los culpables?

Es por aquí por donde se le sale las costuras a esta gente; porque de inmediato se descubrió que esa era la intención de Tarek William Saab al acudir a la CPI, a dejar constancia de que, luego de una “larga y exhaustiva” investigación, la Fiscalía a su cargo había determinado que este caso de Albán, así como de otros, se trataba de un asesinato; consecuencia de un desmadre (dicho a la venezolana), que se había presentado en nuestros cuerpos policiales, y se les había pasado la mano en términos de tortura, y como tal se procedía ordenar las detenciones de cada uno de los responsables; lo que levantó la suspicacia enseguida de la opinión pública, porque se detectó que lo que se buscaba era poner por delante a un chivo expiatorio en el marco de esta situación; que fue lo que trató muy bien Ana Arendt, a propósito del tema de la maldad en los totalitarismos, y la que se banaliza a través de estos individuos que, al final, van a alegar que ellos recibían órdenes, es decir, un círculo vicioso, y como tal van a cumplir una simple condena de un par de años de prisión, mientras el otro queda libre.

¿Acaso la Fiscal General de la CPI, Fatou Bensouda, que tenía a su cargo el caso de Venezuela, le recomendó al gobierno venezolano este proceder, antes de retirarse? Es posible; el hecho es que hasta ahora a esta señora se le tenía por cómplice del régimen de Maduro; tomando en cuenta que congeló su caso por siete años, ya que la demanda de investigación multinacional fue introducida en esta instancia en 2014, y siempre se le ha ligado a una hermana de Tarek el Aissami; por lo que se sospecha que aquí hubo soborno y hasta se habló del pago con oro del famoso Arco Minero; con el oro de sangre, como lo llaman, y esto porque, al parecer, su marido se dedica al comercio del oro en su país natal, Gambia; el hecho cierto es que al final entregó un informe, donde admite la acusación de criminal, que se le hace al gobierno de Maduro; es decir, se ve que tenía una papa caliente en sus manos, y lo más probable es que el nuevo Fiscal, Karim Khan, le dé curso al proceso judicial contra Maduro, y quien tendrá que terminar negociando, pues si en los EEUU se ofrece una recompensa de 15 millones de dólares por su cabeza, y lo que le viene por la vía de la condena de la CPI; en verdad que eso significará para él una camisa de fuerza.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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