César Malavé: Jaime; Doña María Angélica y la máquina Pedinista

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En Clarines, estado Anzoátegui, el 27 de mayo de 1925 nació Jaime Ramón Lusinchi. Dos nombres y un apellido. Desde muy joven y, por estimulo de su madre, se vinculó al humanismo y a la justicia social. Cuando se entera de la muerte de Gómez, con apenas 10 años aplaude y grita lleno de alegría. Inicia su bachillerato en el Colegio Federal de Barcelona, hoy liceo Juan Manuel Cajigal. Destaca como un estudiante excelente y se hace experto de la mecanografía. Después de escuchar las clases, con una excelente memoria, mejor ortografía y rapidez, en la maquina las transformaba en textos legibles y buen material de consulta, usado posteriormente por el resto de sus compañeros.

Entre los estudiantes circula la habilidad e inteligencia de Jaime, el hijo de Doña María Angélica la de  “La Pensión”. Uno de sus profesores se acerca al destacado estudiante y le propone que le hiciera unos trabajos. Trascribirle una reflexiones. El profesor de 22 años, era  Antonio Leidenz, su profesor de historia y filosofía. Cuando el párvulo comienza su trabajo se enamora de las reflexiones del docente. Se trataba de parte de la doctrina del clandestino Partido democrático Nacional (PDN). Jaime manifiesta querer pertenecer al partido y el profesor lo inscribe como ficha juvenil. Con Jaime, bajo el mayor de los secretos, comienza a entrar jóvenes estudiantes al PDN en Barcelona.

Desde ese momento todas las tareas propagandísticas del clandestino Partido Democrático Nacional PDN, salían de la máquina de escribir de Jaime Lusinchi.

Jaime salía todas las noches con un grupo de estudiantes en círculos de estudios y al terminar comenzaban con la tarea de la distribución de panfletos alusivos al PDN y sus propósitos políticos: Libertad para los presos políticos, libre expresión de pensamiento, voto directo universal y secreto y democracia plena; actividades prohibidas por el gobierno de Eleazar López Contreras.

 

El gobernador del estado era el médico Pedro Felipe Arriaza Calatrava, a quien los muchachos apodaron, “Trago Amargo”, quien al percatarse del crecimiento diario de la publicidad clandestina, ordena detener al autor intelectual e incautar el subversivo instrumento donde se producía. Inmediatamente comienzan las investigaciones y todas señalan a Jaime y a su máquina. Se ordena el decomiso inmediato de la máquina de escribir. De esto se entera Doña María Angélica por un vecino quien le dice “Mire comadrita, a su hijo la policía le está siguiéndolos pasos y lo van a poner preso, porque se la pasa escribiendo cosas raras en esa máquina de escribir que tiene y la anda repartiendo por ahí. Póngale reparo al muchacho. Es más, yo tengo la información que esta noche van  a venir a requisar la casa, óigame u consejo, esconda esa máquina.” María Angélica Lusinchi para salvar a sui hijo de una segura detención, tomó la máquina de escribir y las carpetas con la propaganda,  los metió en una bolsa plástica y los enterró entre unos árboles del corral de su casa.

Poco más tarde llegaron a la puerta de la casa, policías enviados por “Trago Amargo”, tocaron y doña María Angélica, llena de seguridad lo mandó a pasar adelante. ¿Podemos echar un vistazo a la casa, señora? Ella contesta “Si, como no, pasen”. Miraron por las habitaciones, recorrieron todos los rincones de la casa. Abrieron todos los armarios y cosas cerradas que había en la casa, en la esperanza de encontrar la máquina subversiva y algunas  cuartillas escritas sobre el PDN. Por supuesto nada encontraron. Al rato salieron. “Muy bien señora, esos muchachos no están metidos en nada”

Así fueron pasando los años del bachillerato: Las buenas notas, la máquina “Pedinista” que salía y volvía, con todo y folletos sobrantes, a su hueco después de terminar el trabajo, con el resplandor de las ideas y sus sueños concretados al graduarse de médico el 27 de septiembre de 1947 y 1984 cuando se convierte en el sexto  presidente constitucional de Venezuela, desde 1958.

 

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