Precio, rendimiento y calidad, son las razones por las cuales los tachirenses compran café colombiano

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Sea de la marca que sea, difícil le resulta al tachirense prescindir de una buena taza de café al día.

Precio, rendimiento y hasta calidad, son algunas de las razones por las cuales los consumidores tachirenses prefieren el café proveniente de Colombia y, aunque reconocen que las marcas regionales alguna vez estuvieron entre sus favoritas, ahora se quejan de que ya no cumplen con los estándares de otras épocas

Corre el plazo dado por Freddy Bernal para que los comerciantes retiren la existencia de café colombiano de los negocios tachirenses, y por lo momentos, tanto los expendios formales como informales, lo siguen ofreciendo, alegando que es el que más piden los clientes, por diversas razones, siendo el precio la más pesada.

En especial, una marca de empaque amarillo y azul abunda en las tiendas y los puestos callejeros, que ha calado en el mercado tachirense, tanto o más que, por ejemplo, en el nortesantandereano.

También hay otra marca, la más popular de Colombia, y que en nuestro medio local se ha granjeado sus seguidores.

Una marca muy tradicional en Venezuela frecuenta mucho los negocios minoristas y supermercados, y aunque las marcas tachirenses siguen en la lucha, ya no se imponen en los anaqueles con la misma fuerza de antaño.

Venga de donde venga, el consumidor tachirense hace todo el esfuerzo por tomarse su buena tacita de café, así sea para reanimar sus mañanas.

Hasta los momentos, como manifestaron comerciantes encuestados en La Concordia respecto a la duda de si la medida efectivamente logrará erradicar el contrabando, entre ellos la administradora de un abasto en el barrio Las Flores, temen que sea el sector formal el que reciba un golpe más, de los tantos que le han dado la crisis económica y la competencia desleal del sector informal.

—Además de que estamos casi que cerrando, ahora nos van a perseguir. No hay un control para las ventas que hay en las vías públicas, cualquiera saca una mesa y vende y no se aplica ningún tipo de control sanitario. Yo quisiera seguir ofreciendo una marca regional, que fue nuestro producto bandera por mucho tiempo, pero desde hace más de un año no lo tengo en el local; pero, ¿qué hago si todo el mundo quiere el colombiano?  Y si no lo consiguen aquí, van y lo buscan en la calle.  La diferencia de precios es bárbara. Lo que va a pasar es que se encarece más el café, y tocará no venderlo más— dijo la administradora, quien omitió su identidad.

Por su parte, Sandra Mora, quien ha trabajado tanto con las marcas nacionales como extranjeras, ya ha comprobado que la demanda incide en la proliferación del artículo colombiano.

—Habrá que esperar a ver si se aplica la restricción, porque de verdad se trata de un producto que la gente lleva bastante. Para ser sinceros, hay quienes ya no les gusta el café nacional, porque ciertas marcas han decaído en calidad. En el tiempo en que yo vendo medio bulto del venezolano, vendo 4 bultos del colombiano. Es bastante la diferencia —expresó.

Elizabeth Mora, en su opinión como vendedora y consumidora, considera que los clientes se acostumbraron al café colombiano y, aunque insisten para que adquieran lo nuestro, muchas veces prefieren irse con las manos vacías.

—No nos convendría mucho la restricción, porque la gente se acostumbró mucho al café colombiano. Hay quienes dicen que ni eso se dé. Uno les insiste con el nacional, en especial el más conocido por todos, pero te dicen “no, es ese, o prefieren no llevar nada. En cuanto al sabor, los dos me parecen buenos; pero los clientes insisten en que hacen rendir más el traído de afuera, que con dos cucharadas sacan una taza fuerte— dijo.

A Celestino Cárdenas no le preocupa mucho el origen, pues él tiene a su disposición lo que considera el “mejor del mundo”, el que muele en su hogar, de los frutos de su pequeña plantación de café. Se muestra muy escéptico ante cualquier medida para prevenir el contrabando, pues por alguna parte de la frontera este ingresa.

—La frontera de los países es inabarcable por los funcionarios de seguridad; y así digan los gobernadores, o quien sea, que van a cerrar el paso al contrabando, eso es imposible. Mientras más peligroso sea, el reto se vuelve más emocionante para los contrabandistas. Yo, afortunadamente, tengo 40 matas de café en mi casa en Palo Grande, municipio Guásimos; yo no cambio el café mío por ninguno; ni el de acá, ni el de allá. Yo bebo café puro, del que muelo en mi casa. Eso sí, yo abono y cuido muy bien mi plantación, para que me dé un fruto grande. Yo mantengo chayota, guineo, auyama y gallinazo –narró.

Más del mínimo

Como se pudo verificar en un popular supermercado de San Cristóbal, la presentación de 200 gramos, entre una diversidad de empaques, estaba entre los 3.700.000 y 4.500.000 de bolívares, (1,30 dólares aproximadamente 8BCV 26-5-2021) mientras que las presentaciones de 400 gramos rondaban los 7.500.000 de bolívares (2,20 dólares BCV-26-5-2021), es decir, superan al salario mínimo venezolano.

Entre quienes recorrían los pasillos del establecimiento estaba Miguel Sánchez, quien compra tanto café colombiano como venezolano.

—Cuando se tienen bolívares se compra del venezolano, y cuando se tienen pesos se compra el colombiano. En realidad, me gustan los dos -sostuvo Sánchez-.

Freddy Omar Durán – La Nación del Táchira

 

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