María Yanes: Los niños de Nefrología del J. M.

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Si hay una situación de salud que impacta actualmente es la que están atravesando los niños de la unidad de diálisis del servicio de Nefrología del J. M. de los Ríos.  A cualquier ser humano, al conocer la gravedad de esta crisis, le deben aflorar todos los sentimientos relacionados con tristeza, asombro e impotencia. Los únicos que no expresan su alarma y preocupación son las autoridades sanitarias responsables de dar respuesta y solución a este gravísimo problema, pero la falta de humanidad es lo que más los ha caracterizado, lamentablemente.

En la entrega pasada quise visibilizar el drama que atraviesan los pacientes renales adultos que están en hemodiálisis, y de los que tienen que ingresar a la brevedad posible a una terapia de remplazo renal. Pero en esta ocasión no puedo dejar de dedicar todo el espacio a denunciar una vez más lo que ocurre en el J. M. con los niños que se dializan. Todo esto a raíz de una noticia alarmante y por demás veraz, la cual reseñaba que en menos de 15 días habían fallecido 5 niños de la unidad de hemodiálisis, en el lapso comprendido entre el  21 de abril  y el 1° de mayo. Dicha reseña salió publicada el pasado 3 de mayo.

El drama de los niños que se dializan en dicha unidad se inicia desde 2017. En  ese año el deterioro de la unidad de hemodiálisis llegó a su máximo nivel. La falla del suministro de agua era frecuente y la planta de ósmosis, vital para poder suministrar la diálisis, no funcionaba porque no se le hacía mantenimiento correctivo ni preventivo.  A esto se sumó la contaminación de la unidad, lo cual repercutió de una manera dramática en algunos niños que se estaban dializando. No obstante, en todo este tiempo se ha reportado la muerte de niños del servicio de Nefrología pero en su mayoría por condiciones asociadas a la enfermedad renal que padecen, no directamente por la hemodiálisis. Esto se explica porque a medida que se prolonga la terapia dialítica los niños se van deteriorando y no pueden soportar esta terapia por tanto tiempo. A esto se asocia un hecho alarmante como es la suspensión del Programa de Trasplantes en Venezuela desde el 1° de junio de 2017, es decir, la próxima semana se cumplen cuatro años de tan grave situación.

¿Cómo pueden tolerar tanto tiempo en diálisis los niños que comienzan esta terapia desde la edad preescolar o adolescente sin tener la esperanza de vida, a través de un trasplante renal? A la larga tienen el deterioro y las complicaciones que no se pueden resolver por las condiciones actuales del hospital J. M, de los Ríos, las cuales también son gravísimas. La causa del fallecimiento de los últimos 5 niños, reseñada recientemente, no fue directamente por falla de la hemodiálisis, sino por las complicaciones que presentaron por la enfermedad de base y no se les pudo dar respuesta. Actualmente,  la unidad funciona solo con 7 máquinas de 15 que tenían. Aunque actualmente  se está cumpliendo  el mantenimiento de la planta de ósmosis, hay cierta  disponibilidad de medicamentos en la unidad, las deterioradas condiciones hospitalarias impiden la resolución de complicaciones que pueden llevar a estos niños  a un descenlace fatal.

La precariedad del hospital se caracteriza por lo siguiente: no hay inyectadoras, material básico como microgoteros y macrogoteros y otros insumos básicos, no está funcionando el laboratorio, hay una disminución importante del personal de banco de sangre, no hay hemoderivados para poder transfundir sangre, que es  vital para los niños que están en diálisis y los que están hospitalizados en el servicio de Hematología. En fin no solo el servicio de Nefrología está afectado. No hay mantenimiento de los tanques de agua que surten al hospital, no se le hace mantenimiento a ninguno de los equipos. El resto de los servicios están sufriendo  el impacto de esta grave  crisis  del  hospital pediátrico que tiene todas las especialidades y que es de referencia a escala nacional.

Es bueno recordar que hace tres años se aprobó en  la Comisión Interamericana de DDHH de la OEA  medidas cautelares para los niños de Nefrología y que después se extendieron a los 13 servicios restantes  que conforman el hospital. Estas no se han cumplido por parte del Estado, o sea que los Derechos Humanos de estos niños siguen  conculcados

Para concluir, el clamor y la desesperación de las madres de los niños de Nefrología del J. M., sobre todo de los que se dializan, sigue sin atenderse. Se les ha negado su esperanza de vida a través de la posibilidad de un trasplante renal. En ningún centro de salud público se puede trasplantar y no hay garantías de que le lleguen los medicamentos inmunosupresores que evitan el rechazo del órgano.

 

La diálisis no puede ser eterna, sobre todo en los menores de edad. La reactivación del Programa de Trasplantes es de suma urgencia y no se les puede negar el derecho a la vida a estos niños.

 

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