Antonio Gómez Gáfaro: La última cruzada

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Las cruzadas fueron expediciones militares de los ejércitos cristianos entre los años 1095-1492 contra las tropas musulmanas, con el objetivo de recuperar lugares santos, entre ellos, Jerusalén. Y así comienzo: es necesario recuperar lugares santos. Las siguientes palabras, me permito aclarar, van dirigidas a todas las personas, sin importar religión, posición social, etc., de modo que no hay excusa para sentirse excluido del fin que persiguen. Respeto la libertad de la conciencia humana y no pretendo ofenderla. Muchas veces recordar una verdad implica, para algunas personas, un atropello de su conciencia; pero no, no lo es: la verdad es igual para todos. No estoy siendo arrogante, pero es lógico: si no se acepta la verdad, se acepta la mentira, porque no existen términos medios.

En los últimos años ha habido especial promoción de valores anti familiares, y no sólo en lo que va de este milenio, porque viene de más atrás. Es una campaña muy inteligente, lo admito: básicamente consiste en ir “metiendo” en la cabeza, a través de mensajes en apariencia inofensivos, aspectos que son delicados de tratar abiertamente porque, de lo contrario, provocarían una reacción inmediata en contra. Estas personas saben que será un proceso largo, que implicará mantener el mismo bombardeo psicológico por varias generaciones, pero también saben que es pan comido. Al cabo de unas décadas será tan normal hablar de esas “situaciones delicadas” que ya no habrá objeciones en contra capaces de cambiar el nuevo pensamiento; corrijo, capaces de hacer ver que lo nuevo está mal, porque, además de presentar al nuevo modelo familiar como bueno, se condena el anterior y se le hace la guerra.

Echemos cuento. ¿Qué es hoy tan común que antes era indecible? Aborto, eutanasia, “matrimonio” homosexual, ideología del género, divorcio, anticonceptivos… estos eran temas que hace un par de décadas no se hablaban en público, no porque fuera prohibido hablar de ellos, sino porque una amplia mayoría tenía clara su postura al respecto; ahora, en cambio, es tan normal hablar de ellos que, muchas personas, no temen decir que están de acuerdo, aunque ni siquiera tengan noción de lo que comporta estar a favor… Tú sabes, pa’ donde va la gente hay que ir.

¿Por qué hablo de una cruzada y, más aún, de la última? No miento, recuperar el lugar sagrado de la familia es una auténtica cruzada. La última esperanza que le queda a la sociedad, no sólo venezolana, sino a todas, es la familia. Es en la familia donde se está librando la última batalla, es en la familia donde pende la sociedad, es en la familia donde la fe está dando su batalla; es en la familia donde la verdad se convierte en mentira. Es tan común que haya infidelidades en el matrimonio; parece lo más normal del mundo la anticoncepción; suena prometedor el asunto del divorcio; deberían dos personas del mismo sexo adoptar niños… Esto y más se escucha, tristemente, en muchos hogares, y se le hace propaganda desde la plaza de mercado, y en aquella caricatura inocente que ve el pequeñín de la casa, y en el chiste gracioso y malsano que lo hace ver normal. Tremendo, ¿verdad? Parece algo tan normal, pero es tan funesto; parece lo más corriente del mundo, pero es una daga constante en el corazón de la familia. Es un clavo en el alma de los pequeños de la casa que ven esto como natural. ¡No, no está bien, no es natural, no te hace bien, no nos hace bien! No sólo te dañas a ti mismo, sino que ofendes a Dios Nuestro Señor.

Podrás pensar, en lo que va de estas líneas, que todo esto tiene ambiente clerical, pero no, no hablo en nombre de la Madre Iglesia, hablo porque mi conciencia me lo reclama, porque mi razón -iluminada por la fe- me dice que no está bien. ¿La Iglesia lo dice? Sí, ella lo dice… pero no es una verdad porque sea católico, sino que es católico porque es verdad. Estas cuestiones pueden ser entendidas desde la sola razón humana porque hay un chip que viene con nosotros, llamado ley natural, que nos dice qué está bien y qué no… en positivo: que nos dice qué nos hace bien cómo personas, y qué nos hace mal.

– ¿El matrimonio es algo natural? -Sí, lo es. Es algo más que un contrato, es una alianza, una perfecta unión entre dos personas -varón y mujer-, de manera tal que ya no son independientes, sino que el uno es completamente del otro, y una unión de este tipo no es algo que se pueda dividir: no, es algo que permanece tanto como los esposos -hasta que la muerte los separe-. El acto sexual, entonces, no es un mero juguete del placer, porque algo que consuma la alianza matrimonial con carácter de indisolubidad, no puede ser algo que se tome a la ligera. La entrega total de una persona a otra se completa a través del acto sexual, por ello, no tiene ningún sentido que se quiera hacer la entrega total a una persona que se conoció hace poco, o al novio, o a la novia, si no se está bajo un vínculo sagrado que brinde la confianza necesaria de mantener esa unión; no basta la palabra, falta el compromiso mutuo de que se valorarán, y apreciarán la entrega que la otra persona hace. -Pero un matrimonio no es garantía de la unión porque puede ser disuelto, ¿no? -No, el divorcio es un invento. Algunas circunstancias hacen imposible la convivencia, pero esto no deshace el vínculo. Vale la pena acotar que la unión sexual viene indicada por la biología humana: por tanto, el matrimonio tiene razón de ser entre varón y mujer.

– ¿Y los anticonceptivos? -Los anticonceptivos convierten el acto sexual en un mero instrumento del placer y apartan de él el carácter dador de vida que lleva intrínseco; en conclusión, hace daño. – ¿Y alguien puede nacer de una forma y después elegir ser otra? -No, se nace hombre, o se nace mujer: el género viene dado por el carácter sexual. – ¿Y el aborto? -Es quitar la vida a un inocente, es asesinar: no importa si tiene un segundo de concebido, o 14 semanas, o haya circunstancias que parezcan “justificar”, porque en cada instante es una persona humana y tiene todos los derechos, entre ellos el derecho a la vida. – ¿Y una pareja homosexual puede adoptar niños? -Hoy en día las leyes permiten muchas cosas, pero eso no implica que esté bien. Todo niño tiene derecho a crecer en un hogar, bajo la figura de papá y mamá: en ellos el niño ve, sin necesidad de cátedras, lo sano de la familia; en ellos ve el designio amoroso de Dios.

Espero que, al llegar a este punto, haya sonado una campana en tu conciencia recordándote que está bien lo que, quizás, tendrías como malo; y que está mal lo que hoy se tiene por bueno.

Si deseas dar tu opinión, escribe a toto.orbeterrarum@gmail.com – @GomezGafaro

 

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