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Paul Krugman: Suerte a los conservadores si el plan de Biden pasa a ser ley

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Cuidado, conservadores: si los principales elementos del Plan Estadounidense para las Familias se convierten en ley, serán muy difíciles de revocar. ¿Por qué? Porque aportarán prestaciones enormes, transformadoras de hecho, a millones de personas. Es decir, imagínense intentando suprimir las guarderías universales asequibles y los permisos de paternidad y maternidad retribuidos una vez que se han convertido en parte del tejido de nuestra sociedad. Se enfrentarían a una reacción todavía peor que la de 2017, cuando los republicanos intentaron eliminar la cobertura de enfermedades preexistentes en los seguros de salud. Y esa reacción dio enseguida a los demócratas el control de la Cámara de Representantes y también abonó el terreno para su control actual del Senado y la Casa Blanca.

¿Y cuál es el contrargumento de los republicanos? Buena parte del partido parece poco interesado en debatir la política, y prefiere arremeter contra planes imaginarios. La respuesta oficial del Partido Republicano al discurso pronunciado el miércoles por Biden, presentada por el senador Tim Scott, parecía poco enérgica; Scott sigue quejándose del “Gobierno intervencionista” y denunciando a Biden por gastar dinero en cosas que no sean carreteras y puentes. Lo más parecido a un argumento real fue la afirmación de que Biden propone “la mayor subida de impuestos destructores de empleo en una generación”, presumiblemente una referencia a la subida de impuestos aprobada por Bill Clinton en 1993.

Efectivamente, Biden pretende pagar sus propuestas con una subida de impuestos a las grandes empresas y a los individuos de rentas altas, e incluye un plan ruin de dotar al Servicio de Impuestos Internos [equivalente a Hacienda] con recursos suficientes para combatir los fraudes fiscales de los ricos. Por lo tanto, es importante comprender que el plan para las familias, si se aprobase, sería un gran creador de puestos de trabajo. Es decir, aumentaría mucho, probablemente en varios millones, el número de estadounidenses —mujeres en particular— con un empleo remunerado.

Para entender por qué, lo primero que necesitan saber es que, aunque los republicanos siempre afirman que subir impuestos a los ricos destruye puestos de trabajo, hasta el momento nunca han tenido razón. La réplica de Scott a Biden parecía dar a entender que la subida de impuestos de Clinton en 1993 había destruido empleo; en realidad, Estados Unidos creó 23 millones de puestos de trabajo durante el mandato de Clinton. La gente parece olvidar también que Obama presidió una subida significativa de impuestos a los más ricos al comienzo de su segundo mandato; la economía siguió sumando puestos de trabajo con rapidez. Ah, y el empleo en California se disparó después de que Jerry Brown subiera los impuestos a los ricos en 2012, desafiando las declaraciones conservadoras de que ese Estado estaba cometiendo un suicidio económico.

Resulta también instructivo comparar Estados Unidos con otros países avanzados, casi todos los cuales tienen impuestos más altos y prestaciones sociales más generosas que nosotros. ¿Pagan por estas políticas un precio en forma de reducción de empleo? Sospecho que a muchos estadounidenses les sorprendería saber que la verdad es que muchos países con impuestos elevados y altas prestaciones son bastante eficaces a la hora de crear empleo. Fíjense en el caso de Francia: los adultos entre 25 y 54 años, los años óptimos de la vida laboral, tienen más probabilidades de estar empleados en Francia que en Estados Unidos, principalmente porque las francesas tienen una tasa más elevada de empleo remunerado que sus homólogas estadounidenses. Los países nórdicos presentan una ventaja de empleo aún mayor entre las mujeres.

¿Cómo puede el empleo ser tan elevado en países con muchísimos impuestos? La respuesta es que, visiblemente, los impuestos no destruyen empleo, pero la falta de servicios de guardería, sí. Los progenitores de muchos países ricos pueden aceptar un empleo remunerado porque tienen acceso a guarderías seguras y asequibles; en Estados Unidos, esas guarderías son prohibitivamente caras para muchos. Y la razón es que nuestro Gobierno no gasta casi nada en atención a la primera infancia y enseñanza preescolar; en porcentaje del PIB, nuestro presupuesto en esa materia nos sitúa un poco por debajo de Chipre y Rumanía.

El Plan cambiaría por completo este panorama, al proporcionar enseñanza preescolar gratuita para niños de tres y cuatro años y limitar los costes de las guarderías a un máximo del 7% de la renta en el caso de familias con ingresos bajos y medios. Si esto aumentara el empleo de las mujeres estadounidenses en edad óptima para trabajar al nivel de las francesas, supondría añadir aproximadamente 1,8 millones de puestos de trabajo; si nos fuésemos a niveles daneses, el aumento sería de tres millones.

Para que quede claro, conseguir que más mujeres tengan un empleo remunerado no es el principal objetivo del plan, y no hay nada malo en que los progenitores decidan quedarse en casa para cuidar a sus hijos. Por el contrario, se trata de mejorar el entorno en el que crecen los niños, en parte como una cuestión de justicia social, y en parte también para que puedan convertirse en adultos más sanos y productivos.

Pero el aumento del empleo constituiría un beneficio secundario significativo y más inmediato. Y ofrecería también una compensación fiscal parcial al coste de las guarderías y el primer ciclo de enseñanza infantil, porque los recién incorporados al trabajo pagarían impuestos y tendrían menos probabilidades de tener que acudir a programas de apoyo como los cupones para alimentos. No, los planes de gasto de Biden no se pagarán solos. Pero les costarán a los contribuyentes menos de lo que las cifras iniciales podrían dar a entender. Y si estos planes mejoran la vida de millones de estadounidenses, ¿le importará a alguien que sean de un “Gobierno intervencionista”?

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times, 2021. Traducción de News Clips.

 

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