Rafael Fauquié: Nuevos tiempos, nuevos espacios

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Nuestro mundo se acostumbró al espectáculo de la abundancia y el despilfarro como derecho de unos pocos. Imagen de países poderosos produciendo y consumiendo más, siempre más; países a quienes el tiempo histórico pareciera haber convertido en dueños de todas las potestades. Los latinoamericanos que golpean las puertas a lo largo de la ancha frontera mexicano-norteamericana, los africanos que golpean a las puertas de Europa… Ninguno es bienvenido. A todos se les niega el derecho a compartir un festín que no se sabe cuánto más podrá durar.

¡Grotesca paradoja: vivimos en un mundo cada vez más intercomunicado y, sin embargo, la otredad es más y más rechazada y temida! El rechazo a la diferencia significa valorarlo todo según criterios de propiedad o ajenidad, de cercanía o lejanía. Lo nuestro es bueno porque es nuestro, lo vuestro es malo porque no es nuestro. Tiempos y espacios, historias y geografías son, así, obsesivamente clasificados de acuerdo al interés de lo particular y lo propio: nuestra memoria, nuestra ilusión, nuestro interés; y, desde luego, nuestros prejuicios, nuestros rencores. El mundo entero se reduce en clasificaciones que remiten a lo parcial, lo limitado, lo detenido. Violencia de mezquindades divisoras del universo en dos realidades contrapuestas: la que “nos” concierne, de un lado; del otro, todo lo demás.

 

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