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Carlos Ñáñez: Absolutamente vapuleados y sin respiro, la crisis que persiste

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“No cedas frente a los malvados, sino oponte a ellos ardientemente.” Publio Virgilio Marón

Cuatro meses han trascurrido de este terrible 2021, aún persisten las mismas condiciones inenarrables, innominadas y por ende absolutamente incompatible con la vida, situación a la que muchos atolondrados se atrevieron a calificar con el apelativo referente a un giro propio de una recuperación semejante a la de una liberalización de las condiciones, nada más alejado de la realidad, somos un reto para el Fondo Monetario Internacional y para las poquísimas transnacionales que aún no abandonan el país, el organismo multilateral en su informe sobre condiciones generales de la economía en Venezuela, exhibe los peores resultados del planeta y desde luego de la región.

Usando el indicador del Producto Interior Bruto per cápita, nuestro país presenta un valor inferior al de la empobrecida y diezmada Haití, una república inestable  y violenta, el ejemplo de un Estado fallido ubicada en la Isla la Española. Siempre fue la referencia que Haití era el país más pobre del hemisferio, además golpeados por huracanes, terremotos y regímenes dictatoriales. El hecho de que Venezuela una destruida ex potencia energética supere en pobreza a Haití, no sólo constituye un hecho escandaloso y la demostración de la inviabilidad política del chavismo, medido por su desastroso desempeño económico, sino que nos aproxima con las realidades vividas por el África subsahariana. ¿Quién iba a pensar que la petrolera Venezuela, referencia para la inversión y para la migración de quienes huían de condiciones indeseables, hoy estaría por debajo de esta minúscula nación francófona?

En estos terribles siete años del régimen de Maduro, nuestra economía medida por este indicador per cápita es superada por Bolivia, Honduras y Costa Rica, disminuidos con cuarenta largos meses de hiperinflación, y a sabiendas que el PIB per cápita es un indicador con limitaciones, y más si a este se le suman las opacidades propias de la falta de rendición de cuentas, a los fines de ajustar este indicador por la vía de datos corrientes, y la imposibilidad de incluir la distorsionada estructura de precios en de la economía nacional; el indicador deja solo en una cifra que es incapaz de explanar las limitaciones propias de la pobreza de un país que vive con 80% de pobreza de ingreso, sin salario, sin moneda, sin infraestructura y ahorra afectados por el peso de la pandemia.

En efecto el chavismo y sus atavismos, lograron hacer de Venezuela una ruina, una cosa más patética que una ex república, nos convirtieron en un amasijo de malas prácticas institucionales, un país absolutamente vapuleado, una sociedad disfuncional y sin confianza. El legado de Chávez es llevarnos a las realidades de Haití, somos una suerte de esta empobrecida nación insular en el continente, desde luego el efecto del chavismo es el del toque de Midas a lo inverso; de una sociedad en expansión, de una potencia petrolera pasamos a navegar en el mar de la turbulenta Haití, la receta de la Habana surtió el efecto esperado, defenestrarnos a la miseria. Dispendiamos un billón de dólares y no exhibimos sino hambre, miseria y corrupción.

Sin respiro vemos como se prolongan estados de emergencia económica, pues desde 1998 la economía estuvo amenazada por los atavismos abyectos de la hegemonía del chavismopor sus pulsiones hacia la destrucción de todo vestigio de civilidad, empobreciéndonos desde el lenguaje hasta el espíritu, estas realidades anunciadas por el Fondo Monetario Internacional desde hace años ya no nos causan sorpresa, la indiferencia representada en el golpe continuo y recurrente a nuestra sociedad, o lo que queda de ella, ha hecho nimio, laxo e inocuo este escándalo.

Ya no somos la referencia en materia petrolera, ni en el ámbito de una clase media pujante, ni en nuestra formación académica, ni en la magnificencia de nuestros paisajes, ni en la belleza de las mujeres venezolanas; somos una referencia en materia de pobreza y miseria, lo cual constituye más que una afrenta, un llamado contundente a la casi extinta capacidad de reflexión de una sociedad que en base a la precariedad de su lenguaje no solo es pobre materialmente sino en términos espirituales y morales.

En cualquier universidad de la región se podrá escuchar que la referencia de pobreza en la región y por ende de malas praxis subyace en la deprimida, saqueada y tiranizada Venezuela. Caracas ya es más tumultuosa y violenta que Puerto Príncipe, nuestra capital esta signada por la segmentación territorial en manos de grupos irregulares, hasta en eso superamos al fallido estado haitiano.

Finalmente no hay recuperación, el bienestar le es incompatible a esta hegemonía perversa en el poder; no puede haber liberalización económica, ni mucho menos grados de libertad, pues esto le restaría radios de acción a un Estado que es cada vez más total, más omnímodo, más total y por ende más asfixiante. El nivel de daño económico, moral, ético, espiritual y antropológico, para generalizar a todos los males, es imposible de recomponer en el corto plazo, solo nos queda asumir que la vuelta a ese pasado es imposible, al menos en el mediano a largo plazo, de salir de este escollo jamás seremos la sociedad que fuimos.

La idea de que los países no mueren, la idea de que los países no quiebran hay que repensarla y sobre todo cuando esta afirmación la patentizan más de seis millones de desplazados que huyen de este calabozo en el cual se ha convertido Venezuela. Decían que Chávez era un gigante, pues el daño inoculado desde su ideología absolutamente inviable es digna de ser cantada por la gigantomaquia de Rabelais, así como este escritor francés escribiera del Gigante Gargatua y su hijo Pantagruel, nosotros los compiladores del horror chavista, escribimos las atrocidades del Megalómano de Chávez y su cruel hijo Nicolás.

 

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