Julieta Cantos: Cerrando un ciclo

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Cumpliendo lo prometido…hoy cerramos el ciclo de Boconó…Hasta nuevo aviso, e iniciamos el relato del retorno a San Cristóbal.

Por supuesto, el retorno se nos hizo más fácil. No había la expectativa de llegar a la aventura que nos habíamos planteado, teníamos conocimiento de la carretera…sobre todo de los policías acostados, que nos dieron tanto fastidio, por lo cautos que debíamos ser y que, a pesar de esa cautela, siempre entrompábamos con alguno, y además nos permitió ir más despacio, reconociendo partes del recorrido, que habíamos dejado pasar. Y ahora era el descenso, no el ascenso, permitiendo vislumbrar el paisaje de manera diferente.

Sabíamos también que el horario de las gasolineras, era hasta las 2 p.m., pero con esta logística no pudimos, ya que el último llenado que debíamos hacer nos tocó casi a las 3 p.m., después de pasar Barinas, por lo que nos faltaba un buen trecho aún para llegar a San Cristóbal. Teníamos 25 litros -incluida la reserva-, nos faltaban 20. Nos “datearon” de un señor que vendía gasolina, y logramos negociar un precio intermedio, 1 dólar por litro. No quiero destinar el artículo de hoy a disertar sobre el precio de la gasolina, y su pago en divisas. Así que voy a obviarlo, para no apartarme del tema. Superficialmente, solo diré que estoy de acuerdo en que los particulares paguen el precio internacional, que se destine el subsidio a los transportes públicos, haciendo seguimiento del cumplimiento de la ruta…pero se me engrilla el cuerpo al tener que pagar en divisas.

Seguimos…A esa hora, la carretera estaba tranquila, limpia, y bastante mantenida. No nos llovió, por lo que pudimos mantener un buen ritmo de desplazamiento. En la medida en que nos acercábamos a San Cristóbal, y aquí hablaré solo por mí, se me iba entremetiendo una inmensa alegría, un fresquito, una alegría diferente a la que se genera cuando vas rumbo a la aventura, a lo desconocido. Era sentirse parte de algo inmaterial, pero reflejado en esas montañas majestuosas, en ese río que nos acompaña parte importante del trayecto, corriendo a la izquierda del conductor. Es el reflejo de nuestra vida cotidiana durante más de 40 años por estos lares. Un sentido de pertenencia, diferente al de ser venezolano. Amo Venezuela, cada una de sus regiones, costumbres y tradiciones. Esa es mi patria, pero este otro sentimiento es el de la patria chica…y eso, señores, es bonito.

Una cosa me llevó a otra, y me vino a la mente la cantidad de emprendedores jóvenes tachirenses que han escogido quedarse aquí y desarrollar sus proyectos personales. Me recordé de Daniel Rodríguez Cáceres, quien decidió iniciar su negocio de diseño y confección de ropa deportiva, e institucional, y desarrollarlo desde Rubio, que es su ciudad natal, logrando consolidarlo con calidad y constancia. O a Grégory Pino, nuestro músico tachirense, conductor de la cátedra regional de canto del sistema de orquestas, y de la cátedra de canto lírico de la escuela  “Miguel Ángel Espinel”, quien ha hecho un esfuerzo inmenso como promotor cultural,  para que ese movimiento lírico, inédito en la región, del cual es su artífice,  se proyecte, y ahora en tiempos de pandemia no se pierda, haciendo un esfuerzo adicional a través de las redes, con recitales y conferencias sobre la historia de músicos referentes, y adicionalmente, con una labor de pedagogía sobre el canto con el Método Pino. Acompañado por María Santa, su compañera, en muchos de estos proyectos conjuntos.

O la alegría de saber sobre el premio que obtuvo Amarú Vanegas, quien se declara ciudadana del puente…con quien coincido porque justamente Sin Límite se llamaba Sin Límite, porque en las ideas, el conocimiento, la cultura, no pueden existir límites. Ese reciente galardón lo obtuvo en el Premio Ediciones Embalaje del XXXV Encuentro de Poetas Colombianas del Museo Rayo-2020, participando como venezolana, justo después de haber recibido el Premio Internacional de Poesía Alfonsina Storni, España-2019.

 

Y qué mayor orgullo que el Premio Internacional de Poesía António Salvado Ciudad de Castelo Branco-2021, en lengua española, que obtuvo nuestro poeta y amigo Ernesto Orozco Román. Portugal, el país, en el que como bien dice Rafael Cadenas, se respira poesía, se lee y se escribe poesía. Nuestro Ernesto es el primer venezolano que gana este premio.

O nuestros cuatro hijos, todos emprendedores, batalladores, creativos, propositivos, trabajando y aportando, desde sus espacios, aquí en el Táchira.

Y lo dejo hasta aquí, porque si no lleno las columnas de todo el año resaltando nuestra grandeza como tachirenses, como venezolanos, como emprendedores, como gente buena.

Eso me quedo del viaje a Boconó, y eso es lo que encontré al llegar…a la tierra chica.

Comentarios bienvenidos a julietasinlimite28@gmail.com

 

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