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Eligio Damas: Fedecàmaras no implora, ladra, exige

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En el equipo contrario, la defensa hace aguas

Alguna gente simpatizante, amiga del gobierno, está reaccionando como demasiada brava contra Fedecàmaras, más de lo que les corresponde por razones de clase o ideología, no por lo que ha sido, cosa que ya poco les interesa, sino por percibir al ente empresarial como muy “agallùo”. Y esta actitud, de por sí, revela falta de claridad, poca visión, demasiada inmadurez, infantilismo, que no les permite comprender lo qué sucede y ver como la línea de flotación del barco en el cual navegan está por debajo del nivel de las aguas. Como tampoco percibir que Fedecàmaras no estaba muerta, estaba de parranda y vuelve con sus nuevos aires, por lo suyo; por eso ladra. Y no es de ella la culpa, pues está en lo suyo, sino de quienes debieron cerrarle el paso, mantenerla a raya; porque no es tanto la ofensiva del ente empresarial como lo poco de la defensa contraria. Un barco que hace aguas y una defensa vuelta un colador.

Además, mucho joven, que ha visto a Fedecàmaras, como jugando en el banco, un poco lejos, aguantando el chaparrón del gobierno, apoyado este en aquella enorme montaña de dólares, que hasta le permitió inventarse aquello de una boliburguesìa o “burguesía revolucionaria” o por lo menos nacionalista, como quien se hace el nudo de la corbata, supuestamente ajena a las mañas del capital, en el área de control del capitalismo y otros, inducidos por una academia que eso les hizo creer, porque aquí lo había era puro comunismo y la otra que estábamos en medio de un frenesí revolucionario que nos llevaba al cielo, creyó al ente empresarial, definitivamente sin aliento y  poder para volver a la vida y al mando; y entonces viéndola ahora como atrevida, remozada y hasta demasiado exigente, con ella se recalienta, le reclama su altivez y lo que cree indebida pretensión.

Lo normal para un partidario del gobierno, porque eso le enseñaron, sin darle muchas explicaciones sino aquello que el Estado es el dueño de la renta petrolera y por eso “tiene a Dios agarrado por las barbas”, lo que es un espejismo e historia mal contada, ha sido que el gobierno le ladre a Fedecàmaras, le caiga a insultos, aunque cuando negocie con ellos les compre empresas quebradas, obsoletas, como si fuesen nuevas. Eso es lo que han visto y les parece normal, como que los caballos corren delante de las carretas y los perros detrás de los venados. Además, convencidos están, tanto que hasta tienen sus rezos y letanías, que aquí, aunque con tropiezos, marcha una revolución indetenible, tanto que “estamos venciendo” y “construyendo un país

Para aquella gente, el empresariado o su gremio, está “pidiéndole” por demás al gobierno, como que modifique la constitución, lo que de hacerlo tendría que ser mediante un referéndum, pues es lo establecido, no hay chanchullo que tenga validez, aparte que hayan detectado alguna fractura, orificio o grieta, vía de escape en la “Ley antibloqueo”,  a la que le dieron rango constitucional; y justamente, en base a esta piden la derogación del impuesto a los grandes patrimonios y transacciones pero también piden la modificación sustancial de la Ley del Trabajo, aquellas llamadas “leyes habilitantes” promulgadas por Chávez y una lista de cosas más, entre lo que podría estar, sin duda, se le devuelva el derecho a dirigir la economía, poniendo al frente de esa tarea a gente suya, pues pese quienes ahora están les sirvan como anillo al dedo, pues no es lo mismo si ellos, los del gremio, agarran al toro por los cachos.

Según el análisis menos ortodoxo, con Fedecàmaras, que existe y nunca dejó de existir todo este tiempo, por lo que es, quienes sueñan con un país librado del control de la economía externa, “no se cuenta” ni para ir a la esquina.

Los adecos mismos, llamaban a quienes ese organismo han controlado, “capitalistas parasitarios”, esos que han pedido y hasta siguen pidiendo dólares de manera insaciable, para comprar cachivaches en el exterior, donde por eso dejan allá una parte de lo que han recibido del Estado, por estos vender aquí al mejor precio, con la complicidad de este mismo, mientras otra también la dejan depositada en los bancos y la última porción, los dólares derivados de la ganancia del negocio, también para allá a ella envían.

Quien revise la historia reciente de Venezuela, de los tiempos del “puntofijismo”, eso que Chávez llamó la IV República, encontrará, no para asombrarse, muestras de choques, en veces hasta frontales, entre los gobernantes, bien de AD o Copei, con el grupo empresarial y la causa de la disputa generalmente estaba en el cómo distribuir la renta petrolera y específicamente el ingreso en dólares. Algo así, el cómo repartirse la cochina.

Entre ellos, que uno sepa, no hubo enfrentamientos de orden estratégico, como el relativo a la propuesta de un lado u otro de un programa de liberación, de una intención de invertir en grande en proyectos que desatasen el nudo del cordel que nos ataba al imperialismo. Por eso, las disputas entre ellos, pese a Fedecàmaras calificasen de “parasitaria”, no pasaba acerca de las cantidades a distribuir y quizás a quien o quienes preferir. Pues cada fracción o partido, de los que se turnaban el poder, tenía su propia burguesía, algo así como su fracción partidista dentro de Fedecàmaras.

La llegada de Chávez al poder y el inicio de un discurso distinto, por lo menos en lo formal, en lo que respecta a la manera de invertir la renta petrolera y, en consecuencia, en relación con los programas a priorizar y después las “leyes Habilitantes”, profundizó y amplió unas distancias y separaciones que ya se habían puesto de manifiesto en la campaña electoral presidencial de 1998. Pues además del discurso impreciso, pero en apariencia distinto, en torno a Chávez se aglutinaron unas fuerzas portadoras de unas ideas que en Fedecàmaras prendieron las alarmas. Por eso, el ente empresarial dirigió el golpe de Pedro Carmona, presidente del mismo y la huelga patronal, sin obreros y con santamarìas cerradas.

Por esas derrotas y las posteriores, a causa de sus aliados políticos, de las guarimbas y las quemazones hasta de gente, Fedecàmaras estuvo al margen del poder político y como jugando banco, callada, pero activa, controlando el mercado interno, imponiendo precios y valiéndose de la eficacia de sus aliados, el dólar paralelo, las sanciones estadounidenses y, el gobierno venezolano mismo, que no golpea la bola ni que batee con un remo o una raqueta de tenis.

Lo que ahora acontece, que Fedecàmaras pareciera pedir por demás, en verdad, es otra cosa distinta a lo que los ingenuos creen; está imponiendo condiciones, porque las circunstancias cambiaron, como que el gobierno, por distintas razones que cualquiera percibe, ha entrado en declive y como barco perdido en alta mar lanza el consabido y convencional SOS, que no es más que un “ayúdenme”, “no me dejen caer porque me caigo”.

En concreto, no es tanto lo que Fedecàmaras ataca, que nunca dejó de hacerlo, sino que en el equipo contrario se deshacen las defensas.

Y siendo así, no es como para que uno se caliente con Fedecàmaras sino con quienes hicieron que la tortilla se volviese y que ahora, los venados corran tras los perros.

 

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