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Luis Fuenmayor Toro: Las elecciones de Ecuador

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No quiero aparentar ser un experto en algo en que estoy muy lejos de serlo: la política ecuatoriana. Sin embargo, perfectamente puedo referir mi impresión de por qué gana la tendencia del ex Presidente Correa, los comicios recientemente efectuados. El artículo no pretende ser una defensa de lo que algunos llaman “el correismo”, ni de las gestiones de Correa y su “revolución ciudadana”. Mi muy limitado interés es que se entienda por qué gana, luego de la desabrida gestión de Lenin Moreno.

Algunas personas, afectadas visceralmente por la política venezolana de las últimas dos décadas, querrán ver en ese triunfo, como lo hicieron con la victoria del MAS en Bolivia, la expresión de un pobre pueblo ignorante, que generará miles de infortunios a Ecuador; sentirán que la maldición del socialismo del siglo XXI sigue presente en nuestra América. Se les aparecerán los fantasmas de Chávez y Maduro, y más allá Fidel y así hasta llegar a Stalin, Lenin y Marx, que para este tipo de gente son exactamente lo mismo.

En definitiva, no comprenden por qué sucede que la gente vuelve a votar por quienes habían dejado el poder, y no le prestan atención a cómo fue que ocurrieron esas transiciones de poder. Tan emocionados estaban con las supuestas derrotas de dos tendencias que asimilaban similares a las de Chávez-Maduro, que no se percataron que en el caso de Bolivia se trató de un burdo golpe de Estado patrocinado por la OEA y por Almagro, que derivó en un gobierno de facto, autoritario y negador de las reivindicaciones populares obtenidas.

En el caso ecuatoriano, no procesan que el “correismo” no perdió la elección luego de la salida de Correa. La ganó, sólo que su candidato, una vez electo Presidente, se les volteó y se transformó en el enemigo más acérrimo de su anterior líder, de su partido y del programa que había acompañado como Vicepresidente. Esa actitud de energúmeno que actúa con un resentimiento inexplicable, que desbarata con los pies lo que ayudó a construir con las manos, no les gusta a los pueblos, que rápidamente se distancian de ellos.

En sus períodos de gobierno, Correa tuvo numerosos aciertos: construyó una infraestructura de servicios importante, dentro de ésta la educativa y de salud; controló el gasto público, no generó aumento del costo de la vida, redujo en forma importante la pobreza general y la extrema, mejoró los servicios públicos, practicó el respeto a la autodeterminación de los pueblos y no se vio envuelto en escándalos de corrupción. Todo esto contrastó con la gestión gris de su sucesor, quien se dedicó a perseguirlo y a intervenir en los asuntos internos de Venezuela.

El pueblo ecuatoriano esperó que transcurriera el tiempo para de nuevo expresarse en las urnas, como ya lo había hecho cuando votó por Lenin Romero. La sorprendente traición de éste, sus actitudes en casos como el de Julián Assange, que llevaron a la repulsa mundial, fueron clara demostración de su visceralidad enfermiza. El triunfo de Andrés Arauz no debe sorprender a nadie. Significa que una mayoría de los ecuatorianos siguen votando por la Revolución Ciudadana, que no tiene nada que ver con el socialismo del siglo XXI.

No voy a hacer vaticinios sobre qué pasará en la segunda vuelta electoral, aunque algo sí tengo muy claro: no es un problema sólo aritmético.

 

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