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Ana Milagros Parra: ¿La culpa es del empresario?

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El ser humano es un animal político por naturaleza, así lo mencionaba Aristóteles con su zoon politikón, porque tiene la necesidad de vivir en sociedad y organizarse para alcanzar los fines de su especie. Por lo tanto, en términos generales, todos somos actores políticos dentro de un sistema.

Es distinto ser un animal político por naturaleza, que decidir ser un actor que hace política como profesión, es decir, a luchar por el poder, buscar representar demandas de una población, crear estrategias y finalmente, tener un cargo público, sea cual sea.

La diferencia se acentúa más cuando se le trata de adjudicar las responsabilidades o deberes de los segundos a los primeros. Los objetivos, aunque a veces coinciden, no son los del otro.

Mis comentarios son fruto de los acontecimientos de las últimas semanas, donde el presidente de la actual Asamblea Nacional decide reunirse y crear una comisión con la principal unión gremial de empresarios del país. Las reacciones, como es de costumbre, oscilaron desde el desprecio hasta el aplauso por esta reunión; desprecio porque le “están lavando la cara el régimen” y aplausos porque un pacto entre las dos mayores fuerzas del país podría resultar en cierto bienestar poblacional, ya que pudiera empezar a trabajarse en cambios estructurales en términos económicos.

La línea es muy delgada y no estoy aquí para dibujarla sino para tratar de dar una explicación para un comportamiento que se enmarca en una Venezuela muy distinta a la de 2019/2020. Este año empezó con una nueva etapa donde los actores evalúan estrategias para sobrevivir y donde es el gobierno el que tiene las de ganar (o imponerse) porque tiene mayor capacidad de control y de división (poder).

Fedecámaras fue un actor político activo en 2002 con la Coordinadora Democrática y, hasta hoy, su discurso apela a los intereses de las personas, porque saben que en Venezuela es imposible separarse de la política, pero la situación no puede ser más distinta; es la cooperación y no la confrontación la primera opción (menos costosa) para las dos fuerzas más importantes en el país actualmente: el gobierno y los empresarios.

La confrontación no es viable por el simple hecho de que ahora el chavismo sí necesita algo del empresariado: que produzcan, crezcan, se estimule el consumo y sean parte del cambio paulatino de modelo. Sin ellos, no hay “seudoliberalización” que exista, y la necesitan para crear ingresos y paz social.

El empresario tiene como objetivo generar ganancias, competir y satisfacer necesidades en el mercado. El político busca el poder.

Cuando a los primeros se les presentan oportunidades en el país, después de años de ser pisoteados y en un momento cuando la ruta para un posible cambio es inexistente y se ve lejano, es muy simplista analizar sus acciones bajo la lupa de la moralidad. No serán los primeros en aceptar concesiones.

Así como muchos venezolanos fuera del país criticaban a los que siguen dentro, porque salían a disfrutar “estando el país como está”, tildándolos de “indolentes”, no se puede reprochar a un actor por cumplir sus objetivos naturales, y cuyos, al final, beneficiarán a la población; menos cuando los actores que sí deberían buscar el cambio, unir fuerzas y el descontento, no han logrado ni ponerse de acuerdo ellos mismos. El costo moral de trabajar con el gobierno seguirá bajando este año si no se vislumbra una alternativa de cambio cercana, al menos a mediano plazo.

Que el gobierno se haya acercado a ese sector, haciendo la reunión y futura colaboración de manera pública, muestra también la necesidad de generar confianza; este encuentro difiere en contexto e incentivos de los anteriores, siempre validando las dudas y molestias que esto pueda causar a muchos, pero el país no es el mismo.

Los políticos sirven para mártires, los empresarios no, porque quiebran.

Ana Milagros Parra es Politóloga – @amilagrosparra

 

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