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Julio Castillo Sagarzazu: La transición ha comenzado; Hagan sus apuestas

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Efectivamente, la transición ha comenzado en Venezuela. Quizás no es la transición que gusta a muchos; quizás no es la transición que necesariamente nos haga desembocar en el corto plazo en el rescate de la democracia, pero las apuestas han sido hechas y la bola está rodando en la ruleta.

A diferencia de los casinos, aquí no escucharemos al croupier diciendo “rien ne va plus” porque otras apuestas irán corriendo en paralelo pero, insistimos, ya varios jugadores comenzaron a  apostar, tienen sus fichas en las manos y la rueda de la fortuna esta en movimiento.

¿Quiénes son los apostadores y cuál es la apuesta?

Las respuestas a estas preguntas las encontraremos en la foto de familia de la reunión de Fedecamaras con Jorge Rodríguez. Como en toda foto que pretende enviar un mensaje, aquí, las presencias, las ausencias y la locación son importantes. Están cuidadosamente formados, con el “back stage” del letrero del edificio en lo alto. Ninguno se movía. Seguían el consejo de un legendario alcalde de Madrid, Don Enrique Tierno Galván: “el que se mueve, no sale en la foto”. Estaban Fedecamaras y Consecomercio, pero no estaban Conindustria y Fedenaga; estaban Jorge Rodríguez y Nicolás Jr. Esos eran los asistentes y la locación. La pregunta importante ahora es ¿Cuál es la apuesta? ¿Cuál es la oferta de Maduro al empresariado? La respuesta a la pregunta, por ahora, es la que contiene la Ley Antibloqueo.

¿Y que contiene la ley Antibloqueo? Pues la apuesta de Maduro por hacerse de un sector del empresariado venezolano al que invitara, no a reactivar la economía, porque una economía solo se reactiva con libertades públicas, seguridad jurídica, reglas claras y democracia, sino a participar en una serie de negocios opacos que son la única oferta que, al día de hoy, su régimen puede hacer.

¿Entrará Fedecamaras en esta apuesta? No podemos prejuzgarlo. No podemos satanizar a quien se sienta a conversar sin antes ver los resultados de esas conversaciones. Por lo pronto, lo único que el régimen tiene en la cartera, (lo repetimos) es esa ley antibloqueo, que muestra como novena panacea para reactivar el aparato económico, arruinado por sus políticas erráticas, por la corrupción y agravado por las sanciones.

Por lo pronto, pareciera ser que el primer objetivo táctico de esta apuesta a largo plazo (que sería la reactivación de la economía) es más político que económico. Paradójicamente, la tesis que se pretender vender es la de que no es posible hacer las dos transiciones a la vez. Que habría que comenzar por la reactivación económica y que luego “por añadidura” vendría la transición política.

Esta tesis, aunque sugerente es, no obstante, un caramelo envenenado: Se le ofrece al empresariado “algunas condiciones” para abrir la economía y, en contrapartida, se conviene en posponer, para mejores momentos, la transición política que puede esperar. Por supuesto que en ninguna parte aparecerá esta cláusula expresamente, pero es lo que parece desprenderse de todas las declaraciones dadas por Fedecamaras como balance de la gestión hecha con Jorge Rodríguez. “Los empresarios hablaremos con quien tiene el poder”; “los empresarios debemos enseñar a los políticos a volver a la política”. Estas dos sentencias, parecieran ser el sustrato de esa nueva relación y  de los objetivos políticos que esta parte del empresariado, estaría dispuesto a asumir.

En este punto regresamos un tema, para algunos polémico, pero necesario de debatir. Vamos a definirlo, coloquialmente, como “foquismo económico”. El foquismo fue una tesis desarrollada por el Che Guevara y Regis Debray, de acuerdo con la cual, aunque no haya condiciones para hacer una revolución, la sola presencia del foco guerrillero, pueda ayudar a crearlas. Aquí, mutatis mutandi, podríamos preguntarnos: ¿Aun cuando no haya condiciones políticas para un cambio, podría un mejoramiento de las condiciones económicas, ayudar a crearlo?

Veamos: Hace mucho tiempo la llamada Revolución Bolivariana dejo de ser un proyecto ideológico y político, para ser el concentrado de una serie de intereses particulares de los grupos que le dan sustento político. Las medidas que se tomen, en todos los terrenos, incluyendo el económico, serán siempre el reflejo de esta pugna de intereses y servirán de brújula para orientarnos sobre quienes van teniendo más poder interno para aplicarlas.

La ley antibloqueo, más que revisionismos ideológico,  es la expresión de la preeminencia de grupos internos vinculados a la necesidad de llevar inversión y reanimación a los sectores de la economía en la que estos tienen intereses. De allí, que las privatizaciones que vienen, los negocios, las importaciones y los  incentivos, corresponderán a los intereses de unos en detrimento de otros.

De manera que al entrar en este torrente, los sectores empresariales deben estar conscientes de que lo harán a un sistema circulatorio que irriga tejidos distintos, muchos de los cuales han sido ya tomados por el cáncer de la opacidad provocando metástasis en todo el cuerpo económico y social.

¿Ahora bien, la eventual reactivación de estos sectores es susceptible de que traiga mejoría en las condiciones de vida de los venezolanos? ¿Esa mejoría serviría para apuntalar la lucha por la democracia? Tendríamos que ver y analizarlo con mayor detenimiento y sobre todo por sus efectos. De otra manera, nos quedaríamos en el juicio moral y ético individual de cada empresario de participar o no en los negocios y ese no es el objeto de esta nota. Este debate deberá seguir abierto y asumirlo sin dogmatismos y si prejuicios. Hay elementos que abona en favor y en contra de la tesis “in comento”.

Lo que verdaderamente importa hoy día es que todas las iniciativas que se puedan tomar, estén enmarcadas en una estrategia general de lograr el restablecimiento de la libertad y la democracia plenas en Venezuela. La negociación eventual con el régimen; las elecciones regionales; las elecciones nacionales;  el realineamiento con la comunidad internacional. Todo puede ser discutido, todo debe ser evaluado y reevaluado sin cortapisas y sin más limitaciones que la prudencia y la sindéresis.

Lo que sería criminal, no obstante, es que esto no lo hiciéramos en unidad de propósitos y que el régimen se saliera con la suya de ponernos a hacer dibujo libre y a jugar posición adelantada. Sería triste que pueda rebanarnos jugando a los intereses particulares de cada sector, sean estos políticos o económicos.

La transición está en marcha, el régimen ha movido ficha. Sería imperdonable que jugáramos en su ruleta, con su croupier y no en el de los demócratas. Seria patético que termináramos aceptando el modelo que tienen para proponernos que no es otro que el mismo que ha destruido el país.

 

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