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Pedro R. García: El liderazgo “demócratico” y su heteronimidad…

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“De nadie estamos más lejos, que de nosotros mismos” (Nietzsche).

Una acotación necesaria

Frente a la preocupación de los más diversos sectores que reinteran los señalamientos del ya  imnumero de opacidades de quienes, han venido representando la opción  con la decisión de nombrar al Presidente de la AN, “Presidente de una especie de Trinidad libertaria, que se denominó, Gobierno de transición, con una hoja de ruta, “cese a la usurpación, gobierno de transcision y elecciónes libres”,  que evidentemente naufragó en ese propósito, recientemente vencido su mandato, en una especie de giro copernicano,  fácticamentente intentan seguir en su empeño de sustituir el régimen en funciones. Hoy he asumido comentar en apretada síntesis, el sistema de cambio histórico sugerido por Arnold Toynbee en su polémica publicación, Estudio de la Historia. Creo que ofrece un interesante angulo en el contenido de ese texto. Cómo ya es conocido, el desarroyo central del esquema del historiador Toynbee en el “Desafío de la historia”. Las sociedades y sistemas políticos (que el denomina “civilizaciones”) nacen y se desarroyan en un proceso de “desafío y respuesta” en constante  cambio y reformulación. Según el los hombres alcanzan niveles superiores de desarroyo historico como respuesta a un desafío en términos de particular difícultad y, que les impulsa a hacer esfuerzos sin precedentes con el objeto de superar el nuevo reto. Su hipótesis es que son las dificultades, no las condiciones favorables, las que generan en los seres humanos los estímulos para superarse; de ayí que el autor británico nos hable de las “virtudes de la adversidad’ y se refiera al mito de Ulises en la “Odisea” de Homero. Los más aterradores peligros que amenazaban a héroe homérico no se derivaban de los antagonistas anunciados  como cíclopes de gran fuerza física, sino de de las insinuaciones de sugestivos personajes como las diosas  Calipso, Circe y, las sirenas y sus dulces cantos, sus odas tentaban con los atractivos de una placentera fácil vida y les incitaban a desviarse de su verdadero objetivo: retornar a su tierra y recobrar lo que era suyo. Entendiendo que algunos desafíos, pueden resultar excesivos, provocando el quebrantamiento de sociedades enteras y finalmente su colapso, está realidad conduce a interrogarnos acerca del abordaje de criterios que permitan determinar si una sociedad puede reeniciar su crecimiento y desarroyo, o si ha entrado en una etapa de desintegración. El progreso de una sociedad, (concenso de muchísimos pensadores), se manifiesta como un proceso de mayor articulación y autodeterminación interna, (ausente en el país con una especie de liderazgo heteronimo), es decir que promueva el avance de mecanismos de acción de un sistema de políticas afirmados en sus capacidades intelectuales y organizativas, todas las cuales le permitan enfrentar en forma sistemática a un conjunto de desafíos de creciente complejidad. El progreso en la autodeterminación significa en última instancia que los desafíos supremos a una sociedad se originan dentro de si misma ya que tocan su propia capacidad práctica y coraje moral como elementos decisivos para sobreponerse a  otros duros retos externos.

Cómo lo señalo nuestro historiador, Gil Fortour: no puede haber coraje cívico, donde no hay coraje moral”

“Pasa el tiempo y el segundero avanza, decapitando esperanza”.

pgpgarcia5@gmail.com

 

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