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Néstor Melani: Jairo Osorio

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Estaban allí el sombrero panameño y la bufanda para ir a los toros. Los estilógrafos de las presencias del dibujante, para las aleluyas del diario. Y el candor de los siglos en una carta de amor.

Iba con las multitudes, creyendo en el albor de los sueños; para llegarse ante el pueblo y hablar de las propuestas sociales que venían de los gritos del silencio

Un día vino a La Grita, aquella de los Humogrías, vino a dictar una conferencia sobre los sueños de la imagen y las realidades de cada ser en los destinos del tiempo.

Lo vimos dibujando siglos, en la cátedra, en la escuela, en el periódico, en la universidad; en las romerías del pueblo. Lo vi en la ventana del tiempo, cuando de péndulos las manos se juntaron para llevar una manifestación a favor del barrio, del campesino, del obrero, en el clamor del estudiante, en la fe honesta del verdadero revolucionario.

En los días primeros de agosto, mes de los cinco viernes y de los quintos sábados, como memorizando las huellas imaginarias de sus dibujos o dejando caminar la vida para invocar las estelas del tiempo. Quizás más allá, en el llanto de los pobres, en las recolectas embriagadoras de los malentendidos destructores de patrimonios y en un mensaje inmensamente social para advertir cómo de dolores el pueblo grita por las conciencias, el mismo que amasa los panes, hace del arado las bregas y de sus manos JAIRO OSORIO, un día se mojaron de agua bendita con la misma tinta de sus dibujos para decir adiós a tantos gritos que esperan el sonido sagrado del silencio.

Jairo Osorio abrió de amor las esperanzas, profesor de historia, idealista de verdades, como si Hans Hus hubiese caminado a las entregas del tiempo y a los sonidos eternos de los campanarios. O el mismo caricaturista con alma de Horgart o de Blake. Debajo de las lunas reclamando los hechos, viviendo contiendas y abriendo las manos que fueron huellas a las manifestaciones reales del pueblo. Dibujante como Eneko, Zapata, Sayma, “Pepe” Camargo, Amadeo Domingo, Rayza, Rafael Sánchez, Dolores Travieso, o delirando de amor los grabados hermosos de una revolución en José Guadalupe Posada para decir la verdad por las heridas de seres y sentimientos. Sus obras, sus expresiones, sus pasados políticos, a los que los mismos políticos no entendieron, su magia eferveciendo para crecer como el grito del tiempo y la flor abriendo de amor los pétalos, brillante en la solidez de una dignidad, en la sabiduría que siempre nació de las calles, los mercados, las marchas y la elocuencia permitida en los silentes espacios de un diseño.

Se fue Jairo Osorio, mi amigo de siglos, nuestro poeta de realidades y de cantos convertidos en dibujos de los imaginarios, se marchó dejando un testimonio a la floreciente esencia de una nación, de un estado y del sueño; para llevar de ilusiones los testimonios de tantas palabras y abrir nuevamente las manos con las tintas que crearon en concierto sus meditaciones.

Había que volver a encontrarnos, decirnos tantas horas, revivirnos tantos siglos y detrás de un rostro, millones de rostros caminando para reclamar los dolores, para decir cuán tanto amor se escribió en una selecta forma de caricaturizar las presencias humanas y los sentimientos del alma

¡Por siempre maestro, un día de Dios volveremos!

Y la solemnidad poética tendrá de amor aún la rosa del alba

Cronista de La Grita – Artista Plástico – Premio Internacional de Dibujo “Joan Miro”1987. Barcelona. España – Maestro Honorario – Doctor en Arte.

 

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