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Nadya Tolokonnikova: Un año de imaginación política radical

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Punto de inflexión: La muerte de George Floyd, un hombre negro que en el mes de mayo fue esposado e inmovilizado bocabajo por un policía blanco en Minneapolis, dio lugar a manifestaciones en todo el mundo.

En 2020 no solo nos golpeó una pandemia global, también nos golpearon las macanas de la policía.

Vimos cómo manifestantes de todo el mundo respiraron el aire cargado del gas lacrimógeno, perdieron la vista por balas de goma, padecieron tortura y, en algunos casos, murieron. Con desesperación, tratamos de encontrar a nuestros seres queridos entre aquellos que fueron detenidos y encarcelados por participar en manifestaciones pacíficas.

Este fue un año de imaginación política radical: 2020 nos invitó a tomar en serio nuestros sueños y nos inspiró a visualizar un futuro alternativo mejor.

He sido parte activa de comunidades antiautoritarismo, feministas y LGBTQ desde 2007. Cuando cofundé Pussy Riot en 2011, solo podía soñar con una época en la que las comunidades feministas y queer prosperaran en Rusia y los artistas establecidos participaran en nuestros mítines contra el Kremlin. En años recientes, los activistas mundiales han logrado mucho.

Mi arresto y mi encarcelamiento junto con otra integrante de Pussy Riot en 2012, aunados a nuestra empecinada negativa a retractarnos tras nuestra liberación a finales de 2013, ayudaron a alentar a nuestros colegas artistas y músicos a involucrarse en la política. He aprendido que, si bien el cambio quizá no ocurre de la noche a la mañana, con el tiempo, las pequeñas acciones pueden generar algo duradero y profundo: uno por uno, los policías pueden reformarse o sustituirse hasta que llegue el día en que la muerte de un hombre, mujer o persona no binaria desarmada a manos de la autoridad se vuelva algo del pasado.

La trágica muerte de George Floyd el 25 de mayo de 2020 mientras se encontraba bajo custodia policial en Minneapolis dio lugar a uno de los movimientos sociales más grandes en la historia de Estados Unidos. Reavivó el movimiento Black Lives Matter, pues las encuestas sugieren que entre 15 y 26 millones de personas en Estados Unidos participaron en manifestaciones de Black Lives Matter en las semanas posteriores a la muerte de Floyd.

Black Lives Matter tendrá una influencia profunda en la manera en que veremos la justicia en 2021 y más adelante. La justicia debe significar justicia racial. También debe significar justicia económica, justicia de género y justicia ambiental. Los movimientos sociales masivos de 2020 nos enseñaron a pensar de manera integral e interseccional, a hacernos preguntas importantes y a imaginar un futuro mejor.

Este año comenzamos a imaginar caminos muy distintos para nuestra civilización. ¿Qué ocurriría si repensáramos de manera radical la seguridad pública? ¿Podríamos beneficiarnos de que hubiera menos vigilancia en nuestras vidas? ¿Deberíamos redirigir fondos y recursos de la policía a programas en comunidades marginadas y delegar algunas de las responsabilidades de mantener el orden público a trabajadores sociales? ¿Qué pasaría si la policía, una institución que ha perdido nuestra confianza, se desmantelara y en su lugar apareciera otra organización social más dispuesta a rendir cuentas? ¿Para quiénes trabaja la policía y a quiénes protege? ¿Me protege a mí? ¿Todavía es necesario encarcelar a la gente? ¿El sistema carcelario ha rehabilitado a alguien? ¿Acaso poner a trabajar a los presos casi de manera gratuita no es una forma de esclavitud? ¿Podemos imaginar un mundo sin policía ni prisiones?

Los gobiernos, en particular aquellos que ven con buenos ojos la autocracia, han reaccionado con nerviosismo a la imaginación política valientemente radical de sus ciudadanos. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tachó de “terroristas” a los activistas sociales y dijo que quería “someterlos”. El presidente ruso, Vladimir V. Putin, cree que si lo criticas eres enemigo del Estado y hay que silenciarte.

En Rusia, mi país, durante casi diez años el sistema de vigilancia del cumplimiento de la ley ha tenido entre sus preocupaciones arrestar a integrantes de Pussy Riot. Nuestros videos musicales se centran en la violencia policiaca, tanto en casa como en el extranjero, porque creemos que es un problema generalizado que solo puede resolverse mediante los esfuerzos conjuntos de los activistas en todo el mundo. En febrero de 2015 lanzamos nuestra primera canción en inglés, I Can’t Breathe, en memoria de Eric Garner, quien murió el verano pasado después de que un policía de la ciudad de Nueva York lo inmovilizó sujetándolo por el cuello.

En agosto, el gobierno ruso intentó asesinar al líder de la oposición Aleksei A. Navalny, amigo mío, envenenándolo con un agente nervioso. En Bielorrusia, más o menos por la misma fecha, el régimen del presidente Aleksandr G. Lukashenko, amigo de Putin, supervisaba la detención, golpiza y tortura de manifestantes pacíficos, lo que solo logró incentivar su determinación. Cuando los gobiernos reaccionan con el uso excesivo de la fuerza, como ha sucedido en todo el mundo, cuando no protegen a los manifestantes pacíficos, esos actos generan más resistencia. Durante 2020, surgieron protestas contra el gobierno y movimientos masivos contra la violencia policiaca en Hong Kong, Chile, Líbano, México, el Reino Unido y Francia.

La COVID-19 ha dejado al descubierto fallas en el liderazgo político mundial y nos hizo cuestionar las desigualdades económicas, raciales y de género que todos vivimos. La manera en que nuestros gobiernos han manejado la pandemia nos ha dejado a muchos con dificultades para asegurar nuestra supervivencia económica y física. En Estados Unidos, los millonarios y multimillonarios han recibido exenciones fiscales gigantescas del gobierno, mientras que una gran cantidad de ciudadanos comunes se han quedado sin acceso a la atención médica asequible o sin dinero suficiente para pagar la renta.

En ocasiones, el virus ha limitado nuestra capacidad de manifestarnos en las calles, pero hemos aprendido nuevas formas de cumplir con nuestros deberes cívicos y hemos perfeccionado nuestro activismo digital. Teniendo en mente el posible daño que las redes sociales pueden causar a la salud mental, hemos estado trabajando en algo que denominó la “higiene de internet”, el uso de las herramientas digitales de acuerdo con principios. Hoy, las imágenes y los videos que se distribuyen en línea tienen la capacidad extraordinaria de contrarrestar la propaganda, las noticias falsas y la arrogancia de los que están en el poder con hechos visuales sencillos pero poderosos. En Bielorrusia, el canal Nexta en la popular aplicación de mensajería Telegram desempeña un papel vital para la resistencia a la autocracia de Lukashenko. La agencia de medios de Pussy Riot, Mediazona, y el canal de YouTube “Navalny Live”, de Navalny, están cambiando la opinión de millones de rusos al exponer la corrupción, la incompetencia y la crueldad del sistema político de Putin.

Nuestro futuro aún está por escribirse. Cuando Pussy Riot compone nuevas canciones, nos preguntamos cómo sonará el punk activista en 2030 y de qué hablará. En la primavera de 2021, Pussy Riot lanzará su primer disco de estudio, RAGE. Las canciones incluidas en la grabación reflejan temas globales como la seguridad pública, la salud mental y la relación de los ciudadanos con sus gobiernos.

El activismo constante, organizado, creativo, pacífico e inteligente nos acercará a la materialización de un mundo plenamente democrático en 2021 y en los años por venir.

Nadya Tolokonnikova es activista, artista y música. Es una de las fundadoras del colectivo de arte y banda feminista Pussy Riot y autora de Read & Riot: A Pussy Riot Guide to Activism.

 

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