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Carolina Espada: Tras un pase de Jingle Bells

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Usted se viste todo de verde; se pega unos regalitos en la punta de los zapatos; se encasqueta una estrella en la frente; se guinda unas bolitas rojas en los bolsillos y en el cinturón y en los ojales; se enrolla en un cable con lucecitas intermitentes y, en la primera fiesta a la que lo inviten, va y se enchufa en un tomacorriente. ¿¡Por qué!? ¡¡¡Porque usted se disfrazó de pinito y ya llegó la Navidad!!!

¿¡En qué otro momento usted hace una visita, pongámosle que a las diez de la mañana o a las cuatro de la tarde, y enseguida le atracan un bollo bien aliñado, su copita de Ponchecrema y el consabido trozo de turrón, pues muérete que el dulce de lechosa se nos acabó!?… ¡¡¡En Navidad!!!

¿¡En qué mes usted se sorprende bañando al perro o echando gasolina o comprando un melón, al tiempo en que canta ¡en maracucho!: “Y así siempre ha de pasar, que cada vez que escuchéis, una gaita lloraréis, porque en mí te hará pensar”!?… ¡¡¡En Navidad!!!

¿¡En qué período usted se puede matar de la risa, sin salir de su edificio, y constatar que su vecina paranoica, la que recientemente se puso como rubia-tonta y patético-juvenil, le está apostando a la cursilería frufrú, pues montó un nacimiento de lladrocitos en la parte de atrás de su BMW!?… ¡¡¡En Navidad!!!

¿¡En qué estación se pone usted un sweater de lana con cascabeles, aplicaciones de flores de pascua y bordaditos imitando muérdago, y suda porque no hay nieve, y no le importa, pues afuera hay un cielote azul y un solazo como nunca, que lo hace sentir como una mata haciendo fotosíntesis, y con aquella clorofila a millón y mírame la energía!?… ¡¡¡En Navidad!!!

¿¡En qué fecha usted tiene la oportunidad única de reunir a toda su familia con la excusa de hacer las hallacas y, luego, tener material de chisme hasta febrero!? (Que si la prima está gordísima; y la tía, gagá de pelotica; y la cuñada, más insufrible que nunca; y el ahijadito, muy grosero y alzado y si no me lo quitan de enfrente le voy a dar un bofetón; y la hermana, sencillamente enloqueció con ese mechón de pelo colorado que se pintó para las fiestas). ¿¡En qué instante es esto posible!?… ¡¡¡En Navidad!!!

¿¡En qué época la avaricia y la codicia desatada son vistas con ojos de ternura y entusiasmo festivo, mientras la gente se abre paso, a codazo limpio, en los pasillos de los centros comerciales con fondo musical de burrito sabanero voy camino de Belén!?… ¡¡¡En Navidad!!!

¿¡En qué etapa la estética decorativa de las panaderías portuguesas locales invade todo lugar de trabajo y hasta su propio hogar!?… ¡¡¡En Navidad!!!

¿Y su mamá? ¿Cuándo se le queda pegada en: “niñolindo, antetimerrindo, niñolindo, antetimerrindo, niñolindo, antetimerrindo”… y usted le grita con genuino afecto desesperado: “¡¡¡Kñ!!! ¡¡¡Eres tu mi Diooos!!!”? Y ella no le hace el menor caso, pues desde agosto está macerando las fruticas y anda súper concentrada haciendo su famosísima torta “fruitcake”. ¿Y por qué?… ¡¡¡Porque es Navidad!!!

¡¡¡Sí!!! ¡¡¡Sí!!! ¡¡¡Llegó la Navidad!!! ¡¡¡Tralalalalaaá!!! ¡¡¡Nos dieron permiso para dejarlo todo para el año que viene!!! ¡¡¡Podemos arrebatarnos en una de felicidad y prosperidad y hay que ver qué buenos somos y yo sí te quiero, vale, ven para darte un besito!!!

¡Tenemos que pensar en aquel obispo de Asia Menor del siglo IV, que salvaba a marinos atrapados en las tempestades, defendía a los niños y les daba grandes regalos a los pobres! Debemos recordar a San Nicolás, tan gordo él y con esa barba como de algodón de azúcar, que y que lanzaba bolsas de oro por las chimeneas a los más necesitados; y vivía en el Polo Norte; y viajaba en un trineo tirado por renos; y había uno que se llamaba Rodolfo, que iba de primerito y tenía por nariz un bombillito rojo para ir alumbrando el camino estelar.

Y no se nos pueden olvidar otros personajes paganos tan regalones ellos: la bruja Befana, toda bondad, y los viejitos alemanes Berchta y Knecht Ruprecht, tan difíciles de pronunciar como espléndidos. ¿¡Y en donde dejamos a los nuestros!? ¿¡A los Tres Reyes Magos y al querido Niño Jesús!? Hay que hacer memoria y dejarse llevar por el Espíritu de la Navidad, que no es otra cosa que un frenesí de amor y generosidad.

Y tengamos presente a Black Peter, un elfo que antes, hace muchísimo tiempo, solía acompañar a San Nicolás. Su trabajo consistía en azotar a los niños malos… y a todos aquellos que no creen en la Navidad.

¡Ay, Espíritu de las Navidades del Siglo XX en la Venezuela Saudita en donde todo estaba barato y por si fuera poco daban dos! ¿Qué te hiciste? ¿Por qué nos olvidaste? ¿Piensas regresar?

Este año solo tenemos para desear una “Noche de Paz, Noche de Amor” –que en realidad es lo que cuenta– y siempre, siempre, mejores cosas por venir.

Carolina Espada es Escritora.

 

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